LOS MENSAJES

APARTE de los afectuosos mensajes de voz, de los “emojis” y otros pichingos con que algunos lectores acostumbran hacer acuse de recibo, también otros amigos se tomaron la molestia de escribir conceptuosos comentarios al editorial alusivo al 44 aniversario de LA TRIBUNA –“ÉRASE UNA VEZ Y LA VERDAD”– que mucho valoramos. Aquí una muestra de ellos: “Es una historia ya larga y fructífera –escribe el hijo del recordado doctorcito grande amigo del director fundador de este rotativo– sin duda Honduras es más, gracias al aporte de LA TRIBUNA”. “Muchas felicidades por ese nuevo aniversario, –anota un apreciado jefe militar– que Dios les permita seguir informando a nuestro pueblo con la veracidad, objetividad y profesionalismo que ha caracterizado en todos estos años al Diario LA TRIBUNA”. “Extraordinario; –desde lejos manda un telegrama el amigo embajador– una narración del servicio a Honduras. Gran inspiración”.

“Sentimos en toda su inigualable dimensión –expresa un colega de los medios informativos– cada palabra de su editorial”. “Nadie podía compactar 44 años como vos; –nos dice una vieja amiga– no sé qué podrían hacer los medios tradicionales contra la mentira que ahora es la reina de Internet y con importantes personajes haciendo su fiesta”. “Son 44 años de trabajo bien hecho –comenta un banquero– muchas gracias por compartir su pensamiento con el pueblo, que aún no se ha olvidado de leer; yo soy beneficiario de ese trabajo responsable, he sido un fiel lector de LA TRIBUNA desde que inició”. “Calidad de editorial, –comenta un joven valor– LA TRIBUNA siempre ha sido una voluntad al servicio de la Patria, pero también de la verdad; el fenómeno audiovisual pareciera creer que la verdad ha muerto; la nueva era tecnológica ha coincidido con la declinación de la cultura, pues la publicidad y propaganda del “snob” nos cambia la realidad y en consecuencia la verdad; si no tienes cuenta de Facebook no existís, nos dicen los nuevos atarantados de este oscurantismo; no hay que permitir que crezca la idea que las máquinas son más inteligentes que los tontos que las usamos; hay que retornar a la lectura de novelas, ensayos, editoriales, para alejarnos de esta nueva forma de enajenación de masas”. “No podría estar mejor dicho –escribe una preparada jurisconsulta– no es fácil sostener una empresa y su prestigio a lo largo de varios años”. “Excelente editorial –un mensaje desde el exterior– lo leí esta mañana a primera hora; emprendimientos y visiones como las que tuvieron usted y su papá don Oscar (QDDG) son las que contribuyen a construir país”.

“La lucha ha sido incansable; –escribe una dirigente empresarial– esa es la diferencia del verdadero liderazgo; nunca cansarse de llevar la iniciativa y esfuerzo por tener una patria cada día mejor; y eso representa usted, ese liderazgo que ya no abunda y que es tan necesario más que nunca”. “Soy un ferviente escultor de la lectura de noticias a través de medios serios y confiables como son los medios de comunicación tradicionales; –escribe un académico– su prestigio data de muchos años por lo que su compromiso con la verdad es incuestionable; lógicamente la modernidad nos induce a participar en redes sociales, las cuales como decía Umberto Eco permiten que cualquier idiota inclusive a veces usando el anonimato, propague noticias falsas y tendenciosas; o se dedique a destilar veneno o a darle rienda suelta a sus frustraciones, sin mayor límite, donde los jóvenes millennials todo lo creen, y consideran que lo dicho en redes sociales son verdades incuestionables; esto forma parte de un mal esquema educativo que no obliga a los jóvenes a leer, como se hacía antaño, donde no nos quedábamos con la verdad del profesor, sino que más bien queríamos ahondar en los temas y lo hacíamos a través de la lectura continuada y de ahí el valor de los medios de comunicación tradicionales”. “Este editorial –nos comenta un líder empresarial– le hubiera gustado mucho a nuestro querido amigo Edgardo Dumas Rodríguez”. Y de último un relato familiar de una joven promesa de Honduras: “Hace 44 años: Mis papás ni sabían de la existencia el uno del otro”. “Mis abuelos –paterno y materno–QDDG, aún estaban “vivitos y coleando”. “Nuestro país aún bajo el penúltimo gobierno militar”. “Mi esposo ni se asomaba por este mundo”. “Su servidora, menos”… “Sin embargo, tengo muy presente el recuerdo de mi papá preguntando todas las mañanas, ¿ya vino LA TRIBUNA?”. “Muchas gracias por informarnos; aunque la verdad sea sosa, esta debe prevalecer, dice nuestro Señor”. Feliz aniversario. (Hasta aquí cupieron los mensajes).