Entre memoria y fantasía

Por: Óscar Núñez Sandoval*

El pasado 3 de diciembre de 2023, el New York Times publicó un artículo de opinión titulado: ¿Somos todos autoritarios ahora? (Are We All Autoritarians Now?, en inglés). El artículo resume la conversación entre cuatro de sus columnistas sobre el resurgimiento de un liderazgo “fuerte” en algunos países (p.ej., tipo Trump o Milei). Algunas de las características sobresalientes de este tipo de liderazgo son: líderes electos que prometen romper algunas reglas, sacudir las instituciones democráticas y promueven un mensaje populista. Se preguntan los columnistas si esto es una reacción en contra de las fallas de la democracia liberal o existe algo más detrás del atractivo de este tipo de líderes. No es mi intención resumir al lector los pormenores del artículo, pero sí reflexionar sobre algunos de los temas que a mi juicio me parecen relevantes.

Partiendo de la definición de democracia como un sistema que selecciona líderes a través de elecciones libres, competitivas y justas, liderazgo que es seleccionado por la mayoría de la población que será gobernada por esos líderes. Por su parte, el concepto de democracia liberal va más allá del proceso eleccionario, ya que se refiere a la protección de las libertades básicas: libertad de prensa, Estado de derecho sólido, independencia judicial y una sociedad civil fuerte.

La democracia no siempre se basa en consensos sobre valores compartidos, ya que requiere un reconocimiento que ninguna de las partes puede alcanzar un dominio total. Una democracia no tiene que ser perfecta, virtuosa o no corrupta para ser una democracia. El problema de la democracia liberal es que se juzga por sus resultados y no por los procesos. Existe la tendencia humana de permanecer en el inframundo entre memoria y fantasía. No obstante, ninguna de ellas nos ayuda a manejar la problemática del presente.

Claro que añoramos los años de mayor crecimiento económico, vivir en armonía y con seguridad y que podemos tener la fantasía de levantarnos un día en un país sin pobreza. Pero es una aspiración legítima desear un mejor futuro para nuestros hijos y nietos. Sin embargo, debe reconocerse que el presente de Honduras tiene muchos retos importantes para nuestras autoridades: altas tasas de pobreza, polarización, inconformidad, etc. Para superar con éxito estos retos deben promoverse políticas que lleven a la economía a crecer con estabilidad social, con un sector privado que genere empleo formal que saque de la pobreza a la mayoría de nuestros compatriotas, facilitándoles un mejor futuro en nuestra patria. Lo anterior se logra fortaleciendo el Estado de derecho, procurando armonía y facilitando consensos, etc.

El creciente mensaje perturbador de un discurso autoritario: “Nosotros -contra ellos-, “retórica en dónde “ellos” son los emigrantes, líderes políticos, empresarios, forma de gobierno, o gobiernos extranjeros. Ya sea que este tipo de mensaje provenga de un liderazgo de derecha o izquierda, debe llevarnos a la defensa de la democracia liberal, forma de gobierno que la mayoría hemos elegido para nuestro país.

¡Felices fiestas y un mejor 2024!

*PhD – Economista.