Por: Guillermo Fiallos A.*
Un estudio realizado y publicado, recientemente, por el Fondo Social de la Deuda Externa (Fosdeh), brinda la cifra alarmante que el 71% de los consultados, se quieren marchar del país.
Dicho estudio además del porcentaje anotado, revela otros datos preocupantes sobre los cuales no nos referiremos aquí, pues con el tema de la emigración forzada tenemos para reflexionar detenidamente. No significa que ese 71% sean hondureños que no poseen arraigo patrio, o son personas que quieren turistear por el norte o más allá del atlante azulado. Al contrario, dan a demostrar que se encuentran en un callejón sin salida.
Por supuesto, esta situación de asfixia económica, social y cultural no es de ahora; sino, tiene décadas de estarse gestando, pero ha llegado a una cúspide trágica, pues los hijos de esta patria ya no encuentran solución a sus problemas de inseguridad, alimentación, empleo y a ser tratados con la dignidad que merece todo ser humano.
Después de años y años de promesas incumplidas y de comprobar que los políticos solo les utilizan como escaleras para llegar a la guayaba en miel; el ciudadano común y corriente se siente frustrado y prefiere dejar lo poco que tiene para enfrentarse con un nuevo destino; en el cual nada será fácil, sin embargo, al menos tiene una esperanza que, aquí en su suelo natal, ya está enterrada y sin posibilidades de encontrar nuevas vías para seguir hacia adelante.
Lástima que no existe alguna normativa para castigar como delito el traficar con las ilusiones de millones de compatriotas; quienes han visto pasar tantos colores de banderas políticas que lo único que sienten ante ese arcoíris nefasto que los ha gobernado, es tristeza, repudio y rencor hacia aquellos que comerciaron con sus sueños y destruyeron su porvenir.
No se trata de mentirles y afirmarles que vendrán tiempos mejores, pues el estómago, la educación y la necesidad de trabajar solo tienen el presente. No les pidamos que congelen su mente, sistema digestivo y corazón para que, dentro de unos años, el sol vuelva a brillar para ellos.
Ese 71% ya no solo abarca a obreros, campesinos y personas con bajo nivel educativo, sino también, incluye a profesionales y clase media que desean huir de esta situación económica agobiante, de la corrupción exponencial, de la criminalidad galopante, del desempleo infinito pues no se crean fuentes de sustento y más bien se cierran y, quizá, lo más significativo, desean deshacerse de tantos lobos mal nacidos que se disfrazan de mansas ovejas, las que les prometieron -una y otra vez- una nueva Honduras.
Ante tanta emigración obligada, ya no se encuentran con la facilidad de antes: albañiles, maestros de obra, operarios, profesionales de determinadas áreas; pues de los 18 departamentos ha existido una estampida de catrachos hacia el exterior, que crece día a día. Nada ni nadie la ha podido disuadir o detener.
Como los políticos saben que no se les encarcelará por desgraciarle la vida a millones de compatriotas, siguen en su trifulca por sostener, alcanzar o pegarse con pegamento -de aquel que se pega y nunca se despega- en el poder. La vida institucional de la República agoniza aceleradamente desde tiempos atrás. Lo que abunda es el cinismo, las componendas descaradas, pero para el pueblo-pueblo no hay soluciones si quiera mínimas a sus problemas.
Tenemos tantas leyes que no sirven para nada y ahora pululan los leguleyos de fangales, que las interpretan como quieren a su desvergonzada conveniencia o se las pasan por los pies. Si tan solo cumpliéramos los 10 Mandamientos de la Biblia, otra sería nuestra realidad.
La tristeza y la desesperanza invaden a la nación. Solo aquellos que están bien, contemplan la vida de colores; mientras una inmensa mayoría la ve y vive en blanco y negro.
Parece que la justicia terrenal no alcanzará a esta raza que son los políticos y sus diferentes clanes familiares y de amigos; no obstante, hay una justicia divina que la experimentarán después de su muerte; y es seguro que estarán, entonces, a perpetuidad en el oscuro y azufroso sótano del edificio de la eternidad.
*Mercadólogo, abogado, pedagogo, periodista, teólogo y escritor.