Por: Elvia Elizabeth Gómez*
Hay un conocido refrán que dice “lo que bien se aprende, jamás se olvida”. Recientemente tuve la oportunidad de participar en una “celebración” en honor a niños en edad preescolar. La misma tenía como finalidad festejar la finalización de dicho nivel y el paso al ciclo básico de educación.
Vaya sorpresa la que nos llevamos algunos de los asistentes cuando al llegar al evento nos encontramos con un escenario propicio para homenajear a adolescentes y no a niños, cuya mentalidad se encuentra enfocada en correr, gritar, saltar y reír y no en el “protocolo” de una vestimenta semiformal.
Al reflexionar en lo sucedido, no puedo evitar cuestionar a esa “primera escuela”. ¿Qué pasa por la cabeza de los padres de estas nuevas generaciones? ¿Cómo pudieron concebir que podían disfrutar un ambiente con música reproducida estruendosamente y un DJ (animador) que no tiene idea de cómo dirigirse apropiadamente a niños de esa edad?
La educación inicia en el hogar y el ejemplo que damos a nuestros hijos es lo que observaremos reproducido en las nuevas generaciones. Si en el ambiente en el que conviven lo común es la música en alto volumen y sin filtro (me refiero a la letra de las canciones), no es de sorprenderse el comportamiento que reflejan en su interactuar.
Nunca existió una generación tan expuesta como en la actualidad y los padres tienen la obligación de ser esa primera escuela, en la cual se inculquen valores como el respeto, la empatía, la solidaridad y la humildad. Los buenos modales no deben estar peleados con el mundo y enseñar a los niños el respeto a sus semejantes nos permitirá recobrar la esperanza en la humanidad.
Sin embargo, esta nueva experiencia de vida me ha llevado a un proceso de introspección en el cual me cuestiono y cuestiono mi entorno. ¿Será que soy una mojigata que se escandaliza por cualquier cosa? O como se usa en el argot popular, ¿una ruca pasada de moda?
El alivio llegó cuando descubrí que no fui la única que lo pensó, ni la única que cuestionó el proceder de un grupo que “decidió” que esa era la mejor forma de celebrar a los niños.
También ayudó observar que varios padres salían del salón con sus pequeños en brazos porque no soportaban el alto volumen de la música ni el ambiente en semipenumbra que envolvía el lugar.
En el momento y, al observar todo aquello, la primera interrogante que vino a mi mente fue ¿y si les hubiesen preguntado a los niños cómo querían su celebración?
Seguramente hubiesen pedido saltarines, personajes, juegos, algodón de azúcar y piñatas. Por el contrario, recibieron mesas muy bien arregladas, copas de cristal y en algunas mesas bebidas no aptas para menores.
Muchos padres, muchos hogares han ido perdiendo la perspectiva de cómo deben ser educados sus hijos, los empujan a crecer aceleradamente e irse despojando de las “cosas de niños”. Ya no hay tiempo para jugar, mejor se les da el celular para “calmarlos”, o la consola de juegos que se ha convertido en la niñera electrónica que suple sus necesidades de atención y distracción.
Joaquín Salvador Lavado Tejón, conocido como Quino y creador de Mafalda expresó “Educar es más difícil que enseñar; porque para enseñar se necesita saber, en cambio para educar se necesita ser”.
Debemos reflexionar no solo en los padres que queremos ser, sino en los hijos que queremos formar y el ejemplo que queremos darles. La Teoría del Aprendizaje Social del connotado psicólogo y pedagogo Albert Bandura “se basa en la idea de que los niños aprenden en contextos sociales a través de la observación y de la imitación del comportamiento que presenciaron”.
Si nos regimos por lo planteado anteriormente, podemos entender lo significativo que es para los niños el ejemplo que sus padres puedan darles en los diferentes contextos en que interactúan.
Lamentablemente son pocos los que le dan tiempo en este agitado y convulsionado mundo y dejan a sus pequeños en libre albedrío, volviéndoles vulnerables en un mundo en el que más que nunca se debe estar alerta ante tanta amenaza. Pongamos una pausa y escuchemos a los niños.
*Profesora universitaria.