TESTIMONIOS

A este editorial –escribe el amigo académico, parte del equipo en educación durante el proceso de transformación– no lo traicionan ni la memoria ni los detalles. “Así fue como sucedió”. “Así lo registra la historia. Así debe ser contado”. El mensaje de otra amiga: “Solo un liderazgo así pudo desarrollar un plan maestro para la reconstrucción y transformación nacional de Honduras”. “Y solo con reconocimiento internacional se pudo atraer el apoyo humanitario y financiero de la comunidad de cooperantes”. “Algo que le platico a mi nieta es que el presidente, virtud del manejo de ese diluvio, pudo quedarse más tiempo, pero entregó el 26 de enero 2002”. Algunos testimonios: “Yo recuerdo –escribe una buena amiga– como fuimos parte de armar el rompecabezas”. “Trabajando en Probidad Administrativa nos tocó hacer bolsas con alimentos y andar dejando a personas necesitadas; limpiar las calles que iban para el centro”. Recuerdo a mi padre en INFOP, llegar en la madrugada debajo de la lluvia de limpiar, y de sacar personas debajo del lodo”. “Fue terrible, pero luchamos todos y salimos adelante, de la mano de Dios y guiados por usted”.

“Fíjese que el ‘Gordito’ Castellanos –mensaje de otro amigo– me llamó para ayudar en la limpieza y controlar los robos en el Barrio Abajo y en las zonas dañadas por la inundación; yo me iba a subir al helicóptero, pero, no se dio porque fui a un programa de radio a HRN y se extendió la comparecencia. De no ser usted no tendría que estarme soportando porque me hubiera ido en el accidente”. Otra buena amiga: “Jamás lo olvidaremos, presidente”. “Esperaba a mi primogénita, 6 meses de embarazo, y mi suegro quería que la nieta naciera en Pespire, su tierra natal y nos fuimos al sur”. “Ahí viví el desastre natural; quedamos incomunicados, sin agua potable y pocos alimentos”. “Nos organizamos y su servidora lideró la escuela «Monseñor Turcios». “Nadie quería esa papa caliente, era un desastre, había chanchos, gallinas, perros y nuestros compatriotas que perdieron todo, se aferraban a sus animalitos; ¿se imagina? sin agua y el hacinamiento”. “Al fin decidimos regresar a Tegucigalpa cuando se habilitaron las carreteras; mis ojos se llenaban de lágrimas al ver nuestra aldea destruida”. “No pudimos quedarnos allí y regresamos a Siguatepeque”. “En el Cerro de las Mujeres bonitas nació mi hija y mi suegro no tuvo el gusto de ver nacer a su nieta en su tierra natal, pero sí tuvo el gusto de recibirla con sus propias manos a este mundo; a veces lindo a veces cruel, pero es nuestro mundo, nuestro hogar”. Otra historia: “Recuerdo que mucha de la ayuda empresarial local se concentraba en el Hotel Alameda donde colaboré enviándola en un inicio a la zona sur tan devastada por este fenómeno y luego a áreas donde el desgraciado huracán estuvo días deshaciendo lo que encontraba a su paso”. “¿Qué será que voces gangosas, que nada hicieron, solo estorbar, no hacen más que criticar, omitiendo adrede decir todo el bien que se hizo levantando el país?”.

Una cercana amiga: “Mientras iba leyendo iba recordando esos momentos terribles; pero nunca permitiste que se perdiera la fe y la esperanza; y pasaban las horas y los días y ese espíritu de positivismo nunca se perdió”. “Mil anécdotas”. “Uno que nunca olvido fue el comentario del ministro de Obras Públicas de México al salir de tu despacho me dijo: “Esto es un verdadero desastre, pero den gracias a Dios de tener ese presidente”. “Me lo dijo muy emocionado, y era mi amigo Carlos Ruiz Sacristán”. Otro testimonio: “Recuerdo esos aciagos días del huracán Mitch; como si fue ayer se me vienen imágenes a la mente cuando usted y el designado presidencial llegaron en helicóptero a las instalaciones de la 105 brigada aquí en San Pedro”. “En la conferencia de prensa recuerdo verlo con una chumpa de cuero negra”. Para no generar más nerviosismo entre la población, usted les dijo: “El mal tiempo, tarde o temprano, va a pasar, pero cualquier cosa que sea la vamos a superar”. “Y así fue, salimos bien librados”. Una abogada amiga: “Dios pone a sus mejores hombres para cada batalla”. “El huracán nos dejó diseminados en pedazos ya que no hubo lugar del país que no tocó”. “No fueron horas sino varias semanas de torrencial lluvia, día y noche”. “Sisimito y Winston les hubiera tocado también ayudar a armar el rompecabezas si hubieran estado en ese tiempo”. (Me llamaron a contarme –entra el Sisimite– que mientras mostraban imágenes en la pantalla de una madre cargando una niña, huyendo despavorida del alud de tierra y piedras causado por un derrumbe, una muchacha daba testimonio que ella era la niña en brazos de su madre. Estaba tierna y no recuerda lo sucedido, solo que su mamá cuando tuvo edad de entender, les relataba la historia. -¿Y a vos –refuta Winston– quien te llamó para contarte eso si no tenés teléfono? –Bueno –responde el Sisimite– lo vi en la TV, asomándome desde afuera, por la ventana de una casa cuando bajé al pueblo; y no quería azorar a nadie divulgando que a veces me aparezco. -Bueno –interrumpe Winston– pareces político que no decís las cosas como son, sino es distorsionando los hechos. Se hace tarde, tengo que irme, otro día me contás en qué contribuiste a armar el rompecabezas).