Por: Oscar Armando Valladares
Teólogo, filósofo, matemático, Wilhem Von Leibnitz tuvo en 70 años memorables periodos de actividad, buscando, por ejemplo, reunir a la Iglesia protestante con la católica y pretendiendo hacer de Europa una sola entidad política. En teoría filosófica, se opuso al empirismo de John Locke; frente a la concepción mecánica de René Descartes afirmó el dinamismo espiritualista y adversó a Baruch Spinoza sobre Dios y su índole de sustancia activa y eterna. Por lo que toca a las matemáticas, sobresalieron sus estudios y descubrimientos del cálculo infinitesimal expuestos en el “Nuevo método para la determinación de los máximos y los mínimos”, de 1684. Calculemus, solía expresar; de ahí la expresión “Calculemos, como decía Leibnitz”, utilizada por Alejandro Valladares en los editoriales de El Cronista.
En imitación al día, van estos cálculos -nada renales- de aritmética elemental, de guarismos desiguales y de calculadores problemáticos en sumar y multiplicar, aunque duchos en restar y dividir. Doce años de gobiernos nacionalistas acaudalaron 4380 días, más horas y segundos no agregados; en tanto, veintidós meses de gobierno actual representan 665 días, diferencia cuantitativa racionalmente incontrastable y, asimismo, en cantidad de daños y secuelas. Desmontar la ropa sucia dejada y acumulada, esto más, lavarle el rostro al país por parte del nuevo gobierno no ha sido fácil tarea, y aunque a más de un león y una camaleona les enfada que se hagan cuentas del reciente pasado dictatorial, es preciso insistir: ¿qué cosas y casos pandos pueden contabilizarse del largo régimen de manos dura y manos largas? Calculemos los efectos resultantes del narcotráfico, el fraude en materia de elecciones, el endeudamiento, la reelección, las privatizaciones, los atentados a la soberanía, el contrabando, las exoneraciones, la compra de hospitales ficticios y medios de comunicación, el uso y abuso del tesoro público, todo esto en grado o medida difícilmente rebasable.
En el ámbito del Congreso, los cálculos están en pos de la elección del Fiscal General y el Fiscal Adjunto. Con diputados de Nasralla y de la bancada liberal, el partido de los 16 años de Carías y de los 12 de Lobo Sosa y Hernández Alvarado rejuntan 74 votos, mientras Libre -en el lado de Xiomara- ajusta 52, cantidades que a solas no “dan” para la elección. Para resolver el punto muerto, la oposición exige a Libre ceder, allanarse sin más acá y sin más allá.
Consideremos: el Ministerio Público -responsable de la representación, defensa y protección de los intereses de la sociedad, dizque “independiente y libre de toda injerencia política sectaria”-, estuvo siempre bajo la tutela del bipartidismo y, en los últimos años, en manos del Fiscal General Oscar Fernando Chinchilla, íntimo contertulio de JOH. Consecuentemente, ¿a quiénes toca ceder ahora? No lo hacen, y la escogencia seguirá en veremos, por cuanto no conviene que al Ministerio en cuestión arriben autoridades encargadas de ejercer la acción penal pública, prontas a investigar las trapacerías de quienes perjudicaron y defraudaron al pueblo.
En el mismo lugar y con los mismos protagonistas se estira y encoge la Ley de Justicia Tributaria: buscando Libre cómo aprobarla y el bloque opositor -conectado a las grandes empresas- dándole largas, a fin de no afectar los bolsillos de una minoría experta en enterar al fisco sumas irrisorias en carácter de tributos y en embrollar sus operaciones, a diferencia del pequeño y mediano contribuyente que honra sus compromisos con el SAR. Marlon Ochoa y su equipo han hecho cálculos -con cifras redondas y porcentuales- demostrativos de la profunda e injusta disparidad tributaria, a más del abusivo régimen de exoneraciones establecido en gobiernos precedentes con beneplácito de las entidades empresariales y la hermandad mediática.
Después de días de ausencia, los legisladores insinúan tornar a sus curules, a ver si a última hora las “bancadas” logran alcanzar el voto favorable de al menos las dos terceras partes para elegir a los titulares del “ministerio fiscal”, y de paso logran apaciguar el murmureo que mantienen los “fiscalizadores” de línea en foros mañaneros y amañados de la pantalla televisual.