Hoy sus nietos, y en nombre de sus hijos y bisnietos a los que tanto quiso, queremos agradecer sus palabras de consuelo y sus muestras de cariño en estos momentos de tanto dolor. Duele muchísimo la partida de a los que muchos se refieren como un gran hombre, pero que para nosotros fue nuestro abuelo extraordinario, nuestro Coque.
Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Y en el caso de nuestros abuelos no puede ser más cierto. Al preguntarle a qué le debía gran parte de su éxito en la vida, inmediatamente contestaba “a tu abuela que siempre me apoyó y me acompañó en todo. Cuando le pedí que nos mudáramos a Santa Rosa de Copán para fundar el Banco, aceptó sin pensarlo dos veces”. Hoy, nos dejan un ejemplo de amor y compromiso de más de 73 años.
Nuestro abuelo fue un hombre correcto que en su vida profesional todo lo hizo bien, pero fue en su papel de abuelo donde más se lució. Nuestro mayor orgullo es ser sus nietos. Siempre estuvo pendiente y acompañándonos en nuestros momentos especiales. Desde Santa Rosa nos escribía cartas las cuales todas terminaban igual: “recibe un cariñoso abrazo de tu abuelo, Coque”. En esas cartas por lo general se tomaba el tiempo de compartirnos artículos que él creía serían de nuestro interés al leer su periódico favorito, el Wall Street Journal.
Cuando él salía de viaje, le pedía a cada nieto una lista de encargos. Le pedíamos cosas complicadísimas que, al día de hoy, no entendemos cómo lograba traernos todo lo que pedíamos. Cuando nosotros salíamos de viaje él solo pedía una cosa: su Wall Street Journal, que aunque lo tenía en su celular le gustaba leerlo en físico.
Le encantaba que lo acompañáramos en sus viajes de chequeo médico a Nueva Orleans, donde nunca olvidaremos los brunches en Brennan’s, las cenas en Antoine’s y las idas a Piccadilly. Nuestra niñez fue mágica gracias a él. Se dedicaba a consentirnos y a hacernos un mundo feliz. Nos inculcó siempre sus impecables valores, que hoy son nuestro más grande legado. Sus famosos dichos: “Un lugar para cada cosa, y cada cosa en su lugar” o “Despacio, que tengo prisa!” vivirán con nosotros para siempre.
Todos los veranos nos íbamos a pasar vacaciones a Copán. Antes de empezar el viaje de 6 horas nos volteaba a ver, se ponía su sombrero y nos decía “marcha la caravana hacia Occidente”. En esas 6 horas de carretera y de oírnos gritar y preguntar “¿ya vamos a llegar?” nunca perdía la sonrisa ni la paciencia. Tenía detalles especiales, como parar a comprarnos canastones de junco en Santa Bárbara, para que luego le ayudáramos a cosechar su hortaliza. Nos paraba a la orilla de la carretera donde habían restos de ruinas y nos ayudaba a escarbar hasta que todos obtuviéramos una pieza. Son demasiadas nuestras historias juntos y agradecemos infinitamente a Dios habérnoslo prestado tan bien por tanto tiempo.
Hace cinco días marchó una parte de la caravana hacia el cielo. Estamos con el corazón roto por no poder acompañarlo, pero confiamos que un día lo alcanzaremos. Desde el cielo nos mantendrá unidos y seguirá guiándonos y cuidándonos. Su humildad, ejemplo, enseñanzas y consejos vivirán con nosotros siempre.
Gracias por tanto y por todo COQUE.
Te adoran, tus cinco nietas preferidas y tus dos nietos.
Muchas gracias por acompañarnos…
Juanita Lastenia Bueso de Faraj
Tegucigalpa, M.D.C.