LA amiga empresaria progresista: “Lindo y profundo, como siempre, su editorial”. “Siento que, en mi vida, algo que me ayudó muchísimo a valorar y respetar nuestros símbolos patrios y a fortalecer la moral que aprendí en casa, fueron las clases de Moral y Cívica; que no termino de entender, por qué desapareció de nuestros programas de educación”. “Amar lo típico y cada detalle de nuestro folclor y a emocionarnos cuando lo presenciamos y al mismo tiempo reflexionar sobre lo maravilloso que tenemos y que no apreciamos porque, a veces, en nuestro apurado caminar no nos damos cuenta”. “Y esto lo digo porque el fin de semana pasado tuve la oportunidad de ver el ballet folclórico Ópalo en San Pedro Sula”. “Con el corazón henchido de emoción de ver con que pasión y sentimiento de orgullo, estos jóvenes danzaban, se me rodaron las lágrimas; no lo pude evitar”. “Y me dije, cuántas cosas buenas y cuánto talento con dedicación por Honduras, a pesar de todo lo que sucede, rebasando obstáculos de desinterés e indiferencia”. “Hay muchos grupos, así como este, dirigidos por gente que ama a nuestro país, no solo por apariencia en el mes de la Patria”. “Segura estoy de que quienes dirigen, estimulan y transmiten este sentimiento son personas que lo aprendieron”.
Una amiga abogada: “En mi municipio de Siguatepeque como en todo el país, la gente se volcará a las calles para presenciar el paso de los desfiles”. “Dejando por un rato el endeudamiento de la madre que hace el mayor esfuerzo porque su hijo salga en la banda de honor, como palillona, porrista, en fin, a su modo trata de hacer Patria”. Alusivo a tocar fondo varios mensajes: “Un terremoto –comenta un amigo–, un huracán o un conflicto bélico será lo que por un corto tiempo hará que la gente se dé cuenta de cuán profundo hemos llegado”. “Eso será tocar fondo”. “Aunque en unos países esas catástrofes unen al pueblo y salen a flote (Japón), en otros no pasa nada (Haití)”. “Sin duda, estamos más cerca de las Antillas que del país del sol naciente”. (Quizás –interviene Winston– pero, por lo menos por algún tiempo, el pueblo hondureño se unió cuando aquel bíblico diluvio, lo que facilitó que, junto al liderazgo nacional, el país pudiese salir airoso del profundo hoyo en que cayó). Otro amigo: “Como dicen nuestras vidas en algunos aspectos no son satisfactorias por nuestras vicisitudes sino más bien gracias a ellas”. “Ese es el motor que lo impele a uno a ser mejor persona”. “Es decir, los obstáculos, las trampas, los escollos, las piedras y cáscaras con las que nos topamos en el camino”. “El objetivo es avanzar, y no mirar atrás, para no convertirnos en ‘estatua de sal’». Una buena amiga: “Seguimos cavando, la idea es llegar al núcleo de la tierra”. “El problema va a seguirse agudizando porque no hay cultura política democrática, no hay intención de educar, capacitar, reorientar, invertir en formar”. La doctora amiga, sobre tocar fondo: “Creo que por muchos años hemos ido en caída libre”.
“Después de una buena lectura –comenta un jurista amigo– ya no somos los mismos y aunque los cambios no sean percibidos por los demás, nosotros mismos somos testigos de nuestro cambio”. Un amigo empresario: “Ja, ja, ja… metete vos y me avisás cuando toqués fondo”. “Típico de nuestra cultura, pocos aceptan el reto de ser los primeros y aventurarse para hacer las cosas diferentes en el buen sentido de la palabra”. (Se refiere –entra el Sisimite– al comentario mío, ¿de mal en peor?; ¿del piso a la hendidura, al hoyo, a los nichos y a la cueva? Vos me respondiste con ironía: “-Metete vos –y me avisás cuando toqués fondo”. -Es que yo –interviene Winston– reflexionaba que creíamos haber tocado piso, solo que nadie reparó en los huecos de más abajo. Del piso se bajaba a un sótano, y más abajo al subsótano, y quién sabe si aun cayendo a lo profundo del búnker se tocaba fondo”. Y vos saliste con hoyos, nichos y cuevas, que es por donde te metés para llegar a donde vivís. Nada raro –para curiosidad del lector del comentario– sugerir que te metás a tu cueva y me avisés cuando toqués fondo. Avisás, porque yo no me meto a irte a buscar a ese tu laberinto de huecos, recovecos y nichos. Y de paso que avisen los zombis tecnológicos –los bocas abiertas, perdidos de hoy– cuando sientan que ya tocaron fondo).