¿LOS HUECOS?

TODA la semana es de preparativos para el magno desfile del viernes. Días seguidos de civismo. Aunque para muchos, más de apariencia que de genuino sentimiento. Ese singular deber de servir a la Patria como Dios manda, que debiese durar todos los días del año, es sumamente efímero. No pasa de ser llamarada de tusa de estos pocos días de festejo. El amable público está más pendiente de cualquier celebración que de ninguna otra cosa. La afición, desde ahora, empaca valijas para el gran feriado morazánico, cuando lo menos que se evoca es el ejemplo del héroe o su fecundo legado que ya a nadie importa. Esas son fechas de ocio reservadas a la conmemoración de frívolos quehaceres. Sin embargo, que conste, estas actividades festivas, cuando la Patria viste sus mejores galas, son para los niños y adolescentes, vivencias irrepetibles que se guardan. Su participación — cualesquiera que fuese su papel– de esas pocas horas siquiera, honrando la sagrada tierra que los vio nacer, subsiste en lo más hondo, como recuerdo imperecedero.

Así que, de momento, abrimos la columna al espacio interactivo con mensajes del colectivo a pasados editoriales. “¿Cuál es el apuro? –comenta uno de ellos– ya estuvimos 8 meses sin fiscales, sin médicos forenses, en huelga, en molote y aquí estamos, en la quietud de la sobrada paciencia, tomando café…”. Otra colaboración: “De seguro confunden la palabra consensuado del latín “consensus”, que significa que dos o más personas se ponen de acuerdo en una idea o solución, con la palabra consentimiento, que denota a dos personas que se ponen de acuerdo a sostener relaciones de otro tipo, palabra que nunca han usado y se niegan a usarla por falta de práctica”. Un amigo abogado: “Como siempre estimado presidente sus editoriales nos regalan un ansiado oasis en este desierto de ignorancia, barullo, griterío y locuras en el que vivimos a diario”. Otro buen amigo: ¿Y para qué dar consejos?, como diría el Sisimite… si nadie quiere oír (diría escuchar, mejor). Otra opinión: “No hay peor sordo que el que no quiere oír”. “Complicado con los del montón”. Una buena amiga: “Esos están como los abogados; que cuando ven que no ganarán un juicio, lo enredan”. Una amiga oftalmóloga: “Muy estimulantes lecturas, inspiran a leer más”. “Geniales las “citas citables” de connotados escritores”. “Hoy me has aclarado un concepto gramatical muy importante”. (Se refiere a esto: Hasta la palabra “electo” está mal empleada. Debieron poner para el que fueron “elegidos y no electos”. “El verbo elegir tiene dos participios, uno regular, elegido, y otro irregular, electo. El regular suele usarse más para las formas compuestas del verbo, fue elegido, salió elegido, resultó elegido, han elegido, y el irregular, como adjetivo para referirse a la persona elegida para un cargo del que aún no ha tomado posesión, presidente electo, gobernador electo, alcalde electo. Pero no estamos en clases de gramática sino hablando de otra cosa).

Otra opinión: “Yo pensé que hace años habíamos tocado fondo y que, entonces, como dicen por ahí, no quedaba más que subir”. “Pero de corcho que sale a flote parece que tenemos poco, porque parecemos entretenidos viendo hasta dónde estira el chicle antes de romperse”. Otro mensaje: “La negación es un mecanismo de defensa de los humanos para no enfrentar una realidad, es algo que naturalmente se hace”. “No existe una negación de la realidad, lo que hacen lo hacen con pleno conocimiento de la realidad política, pero como “buenos” políticos, se aprovechan para continuar sin respetar las voluntades”. Un cumplido: “Único y provocador, eficaz, enriquecedor y distintivo”. “Transporta al lector justo donde quiere”. (Y vos crees –entra el Sisimite– ¿que ya se tocó fondo? -Mirá –interviene Winston– depende de qué estás hablando. Sobre algo parecido años atrás, calculando cómo salir a flote a partir de una calamidad, planteábamos que todo era ganancia porque ya se había tocado piso. Solo que nadie reparó en los huecos de más abajo. Del piso se bajaba a un sótano, y más abajo al subsótano, y quién sabe si aun cayendo a lo profundo del búnker se tocaba fondo. -O sea –interrumpe el Sisimite– ¿de mal en peor? ¿Del piso a la hendidura, al hoyo, a los nichos y a la cueva? -Metete vos –ironiza Winston– y me avisás cuando toqués fondo).