HOY, 10 de septiembre, el calendario cívico hondureño lo consagra a nuestra niñez. Es un día que diferentes instituciones gubernamentales, de sociedad civil, religiosas, militares, policías y, por supuesto, los políticos de todos los colores –que nunca faltan–, lo dedican a resaltar la importancia de los niños y la promoción de sus derechos. A lo largo del día se realizan diversas actividades y eventos en todo el país para agasajar a nuestros niños y concienciar sobre la compleja problemática en función de su bienestar. A los más vulnerables socialmente, basta con una piñata y la repartición de confites para alegrarles la fecha.
La situación de la niñez en Honduras presenta desafíos cada vez más significativos. Los elevados índices de pobreza de nuestra población repercuten directamente en la vida y futuro de nuestros niños, lo cual inevitablemente deriva en la falta de acceso a la educación de calidad, precaria salud, entorno de violencia y la consecuente explotación laboral. La pobreza, recalcan los entendidos, es uno de los principales flagelos que golpea a los niños de Honduras. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), establece que aproximadamente el 65 por ciento de los niños en Honduras vive en situación de pobreza, lo que naturalmente impide su acceso a servicios básicos como alimentación adecuada, atención médica, educación de calidad, salud y oportunidades de desarrollo.
En materia de seguridad, la violencia es otro problema importante que afecta a nuestra niñez. Honduras tiene una alta tasa de homicidios y violencia relacionada con el crimen organizado, lo que expone a los niños a situaciones peligrosas y traumáticas. Además, la violencia doméstica, el abuso sexual y la falta de oportunidades laborales de sus padres que tienen que engrosar las caravanas que a diario parten a USA en busca del ahora casi imposible “sueño americano”, también representan una amenaza para los derechos y el bienestar de los niños.
Los niños en Honduras son una parte invaluable de nuestra sociedad y, claro está, su futuro es de suma importancia. No deja de ser una aspiración permanente, que todos los niños tengan acceso a una educación de calidad. Ello implica garantizar infraestructuras adecuadas, maestros capacitados y recursos educativos adecuados, lo cual no se ha venido dando en los últimos tiempos. Un elevado porcentaje de escuelas de los centros urbanos y más en los poblados rurales, presentan estados de calamitosa situación que se agravó desde la tristemente recordada pandemia. Mientras que los presupuestos anuales del área educativa se consumen en salarios para maestros que es más lo que permanecen en las calles en pleitos gremiales que en las aulas.
Es igualmente importante fomentar la educación inclusiva que brinde igualdad de oportunidades a todos los niños, independientemente de su origen socioeconómico o ubicación geográfica. Y en términos de salud, es fundamental garantizar el acceso a servicios de atención médica, también de calidad. Debe asegurarse la disponibilidad de servicios esenciales como vacunas, atención prenatal y atención pediátrica. E igualmente abordar, con la eficiencia requerida, los problemas de desnutrición infantil y la promoción de prácticas saludables para garantizar un desarrollo adecuado.
En suma, hay que saludar y esperar el mejor de los resultados con la creación de la Secretaría de la Niñez y la Familia, que a no dudar desplegará sus mejores esfuerzos para implementar las políticas y programas necesarios para sacar a nuestra población infantil de la precariedad e insuficiencia en que lamentablemente se ha venido desarrollando.