Por: Jairo Núñez*
Hace varias décadas, había un pequeño pueblo agrícola en la India, ubicado a solo 35 kilómetros de la capital, se encontraba sumido en una tranquilidad rural y en la pobreza extrema. Sus campos de cultivo se extendían hasta donde alcanzaba la vista y sus habitantes llevaban vidas simples, centradas en la agricultura y la ganadería. No había vías de comunicación, mucho menos una industria cercana. Sin embargo, todo eso cambió en la década de 1980, cuando comenzó a escribirse la historia de esta magnífica ciudad.
Corría el segundo gobierno de Indira Gandhi. Una administración un poco distanciada de Estados Unidos por las tendencias socialistas de la líder india. Pero fue en 1979 cuando Kushal Pal Singh, desarrollador inmobiliario indio inició el proceso con la adquisición de 3,500 acres de tierra en aquel pueblo. El inicio de la transformación se había dado cuando Maruti Suzuki, una de las principales compañías de automóviles de la India, decidió establecer su planta de fabricación en aquel lugar llamado Gurgaon. Esta decisión fue un punto de inflexión en la historia de la ciudad. Con la llegada de la planta, Gurgaon experimentó un crecimiento sin precedentes en su infraestructura. Sin embargo, el gobierno seguía siendo un impedimento para el avance del proyecto. Gandhi no miraba con buenos ojos la forma de desarrollo.
Ya una vez Gandhi fuera del gobierno, en la década de 1990, la liberalización económica de la India atrajo a numerosas empresas multinacionales como General Electric. Otras grandes empresas como BMW, Coca Cola, Pepsi, HSBC, Nokia, Google e Intel se instalaron en la ciudad, sumándose a esta ola de crecimiento. Gurgaon, con su proximidad a la capital, Delhi, se convirtió en un imán para las inversiones. Gurgaon tiene una extensión territorial de alrededor de 730 km², una extensión muy similar a la de La Ceiba, Atlántida que cuenta con alrededor de 650 km² y a Singapur con 728 km². Los rascacielos comenzaron a dominar el horizonte, y la ciudad experimentó una expansión urbana vertiginosa. Edificios de vidrio y acero, centros comerciales de lujo y hoteles de clase mundial se alzaron en lo que antes eran campos de trigo.
La infraestructura de Gurgaon se modernizó a un ritmo sorprendente. Carreteras amplias y bien mantenidas, sistemas de transporte eficientes y una red de servicios confiables hicieron que la vida en la ciudad fuera cómoda y atractiva. Además, se establecieron numerosos parques tecnológicos y zonas industriales que atrajeron a empresas de tecnología de renombre mundial. Todo esto sin intervención estatal. Una ciudad totalmente de emprendedores. Construyeron carreteras, perforaron pozos, erigieron sus propios generadores para tener energía eléctrica sin cortes. Hasta los bomberos se “privatizaron”, ya que no existía, en Gurgaon, ni plataformas hidráulicas que pudieran extinguir el fuego. Ni intención de invertir en ellas de parte del Estado. En vez de transporte público, se contrataron vehículos para el traslado de empleados. La seguridad es privada. Las carreteras se construyeron con la aportación de las empresas.
Con el auge de la industria y la tecnología, Gurgaon se convirtió en un imán para jóvenes talentosos y emprendedores de toda la India, e incluso de extranjeros. La ciudad ofrecía oportunidades de empleo emocionantes y un ambiente propicio para el espíritu empresarial. Incubadoras de startups y centros de innovación surgieron en la ciudad, fomentando un ecosistema emprendedor vibrante. Sin embargo, la historia no es de hadas y princesas. Al ver que la ciudad estaba en desarrollo, un gobierno local ya cobra impuestos a partir de 2014.
A pesar de lo anterior, el resultado de este crecimiento fenomenal fue la creación de una ciudad moderna y vibrante, conocida por su imponente skyline, su bulliciosa vida nocturna y su economía en constante expansión. Gurgaon se convirtió en un centro financiero y tecnológico de la India, albergando las oficinas regionales de muchas de las principales corporaciones globales. Mientras el resto del mundo se debate entre el capitalismo o el comunismo, en Gurgaon prefieren autodenominarse anarcocapitalistas. Es lo más aproximado a ese sistema sociopolítico de gobierno. Y sí, hay problemas, como el de la contaminación, en donde el sistema privado, al igual que los gobiernos, ha sido ineficiente para resolver. Pero sirve de ejemplo como lección aprendida para futuras ciudades que adopten este modelo de expansión.
En la actualidad, Gurgaon sigue siendo un lugar de crecimiento constante, donde las oportunidades son infinitas y los sueños se hacen realidad. Su transformación de un pueblo agrícola a una metrópolis global es un testimonio del espíritu emprendedor y la resiliencia de la India moderna, y su historia sigue siendo una fuente de inspiración para el país y el mundo entero. ¿Se podría replicar un Gurgaon en Honduras? Todo es posible.
*Jairo Núñez es Doctor en Ciencias. Fundador de MacroDato y director académico de Fundación Eléutera. direcció[email protected]