¿ES EL ENCARGO?

SIEMPRE hay que ver el lado amable de las cosas. Aquí las mujeres que leen –que por los editoriales pasan pendientes de acontecimientos nacionales e internacionales– manifiestan, en sus mensajes, alborozo que dos mujeres vayan a disputarse en México, una sociedad machista, la Presidencia de la República. Ahora, con el retorno de la “dictadura perfecta”, antes imputable al PRI, herencia de un pasado que hoy gustosamente revive el partido en el poder, veremos qué tanta oposición queda allá todavía, como para hacerle cosquillas a la maquinaria que gobierna. (La frase “México es la dictadura perfecta”, fue acuñada por Vargas Llosa en referencia a que el PRI llevaba más de 60 años gobernando, legitimando un sistema de partido, con el denominado “dedazo”, para no aflojar el poder. Un sistema de partido que sin parecerlo era propio de una dictadura). Dicho lo anterior, vayamos a la última hora. En su mañanera, AMLO restó importancia a los reclamos de su otrora dizque amigo y leal servidor. El que varias veces se hizo a un lado para facilitar su postulación. Aparte de darle una palmadita en la espalda al excanciller víctima del dedazo, “es buena gente” –dijo–, tampoco le dedicó mayor expresión de afecto para atraerlo y evitar –después de la reventada– que se fuera.

Quedan los premios de consolación, recordó, para el segundo, tercero, cuarto, quinto lugar. Para todos da Dios, a los que decidan acatar y continuar en el redil. No es el cargo –expresó– es el encargo. “El proyecto es pensar en el pueblo, pensar en que el país no puede ser de una minoría rapaz, pensar que debe desaparecer racismo, el clasismo, desterrar la corrupción”. “Hay que esperar lo que decida”. “¿Marcelo te vas?”. “Está en libertad, es nuestro compañero, pero es libre, ¿no?, de tomar la decisión que le parezca más conveniente”. “Ni modo que se le va a ayudar al bloque conservador, corrupto, ¿qué es eso?”. (Ni más ni menos como queriendo decir, que se aguante, y está bien que se quede, pero si se va, ni modo). ¿A qué obedecería el interés de empujar al frustrado candidato a lanzarse como independiente? Nunca hay que irse por lo muy aparente, sino más bien, como en los crímenes, sacar deducciones que el móvil del delito tiene un interés oculto. Por ello la primera sospecha recae en los más beneficiados del hecho. ¿A quién favorecería que se vaya? ¿La ruptura fracciona el partido, le quita votos a la candidatura de la coronada Claudia Sheinbaum? O como es libre de irse donde le ronque la santísima gana, ¿se coloca de trompo de ñique de los ataques palaciegos, que lo tilden de traidor, y le echen la culpa de cualquier tropiezo que sufra el oficialismo? Pues, como la base de Morena –según la misma denuncia de Ebrard, el “acarreo” masivo en todo el país, uso de recursos gubernamentales, parcialidad de las brigadas del Bienestar– fue movilizada a favor de la preferida del jefe, el arrastre de Ebrard estaría en la clase media. ¿Y no es en la clase media que la candidata opositora, Xóchitl Gálvez, tiene su mayor auge político?

(Pero ¿qué insinúan –entra el Sisimite– que sería un plan maestro encaminado a echarlo como independiente, para sonsacarle a la Xóchitl votos de la clase media? -Pero hay veces –interviene Winston– que esas macabras maniobras fallan. ¿Qué pasaría, si se fuera –que no se va– y le quita votos de la clase media a la Claudia y no a la Xóchitl? -Pues para patrañas políticas –interrumpe el Sisimite– nunca se sabe cuándo puede salir el tiro por la culata. Como cuando el oficialismo apuesta a ganar con su mayoría simple, si la oposición se dispersa en más partidos y candidaturas. Toda esa diseminación, dizque por respeto al pluralismo. Y de repente los opositores se juntan para efectos electorales, aunque ya en el gobierno se aborrezcan. -O como acaba de suceder –interviene Winston– aquí en la vecindad; que el tío Bernie dio la sorpresa en la primera vuelta, y en la segunda, las arbitrariedades del oficialismo queriéndolo quitar, lo hicieron mártir, el bulto de los descalificados lo apoyó, y arrasó en la votación. -O en España –apunta el Sisimite– que dieron elecciones anticipadas para continuar, y ahora ni uno ni el otro consigue la investidura. Aunque la carta bajo la manga del líder del PSOE sería el único líquido voto de la Coalición Canaria, que solo requeriría la abstención del Junts de Puigdemont. -O a los chilenos –recuerda Winston– con la constituyente de las izquierdas, para la tal nueva Constitución que el pueblo no refrendó, ahora que volvieron a repetir el ensayo, las derechas les ganaron el mandado).