¿VIVITO Y COLEANDO?

PUES bien, contrario al ejemplo democrático que bien puede dar Honduras –pese, en tantos otros aspectos, a ser uno de los pintorescos paisajes acabados– donde las candidaturas a cargos de elección popular, en los grandes partidos, se dilucidan en elecciones internas y primarias, bajo la tutela del Consejo Nacional Electoral, en el oficialismo mexicano, el dedazo sigue vivito y coleando. Se reventaron al excanciller –bajo la apangada cosmética de unas tales encuestas– para entregar la apetecida corona a la favorita del jefe. ¿Cuántas veces le ha tocado al excanciller, como leal soldado, hacerse a un lado y ceder? En 1999, se lanzó a la candidatura del gobierno del Distrito Federal. En la campaña declinó a favor de AMLO atrincherado en el PRD. Gracias a ello, AMLO ganó a su rival con cerrada diferencia. Años más tarde, Ebrard y AMLO compitieron por la candidatura presidencial del PDR. La encuesta arrojaba un empate técnico, pero declinó a favor de AMLO para no dividir la izquierda, ya que el tabasqueño contemplaba lanzarse por otro partido si perdía en esa.

En el proceso interno del 2011 –según relato de un líder del PRD– “Ebrard contaba con más simpatías entre el electorado y hasta mayores posibilidades frente al PRI”, pero decidió no romper con su jefe político y dejarle a AMLO el camino libre a la postulación. En esta ocasión –como pago a tales gestos de leal desprendimiento– mientras se llevaba a cabo la consulta de campo, le echaron encima la maquinaria oficial –“acarreo” masivo en todo el país, uso de recursos gubernamentales, parcialidad de las brigadas del Bienestar, ayuda de gobernadores, para favorecer a la preferida del jefe– en otras palabras, burro amarrado contra potros y yeguas sueltas. Y cuando pretendía verificar la fidelidad en el cómputo de las encuestas, con la policía sacaron a su equipo a empujones. La incógnita sería ahora, ¿qué va a hacer el ultrajado, si romper con el oficialismo o disciplinadamente resignarse a su mala suerte? “No nos hagamos –opina un columnista de un diario mexicano– lo que hemos visto estos meses fue un largo e intrincado dedazo del presidente López Obrador a favor de Claudia Sheinbaum”. “Era su candidata favorita e hizo todo lo posible para que ella saliera arriba en las encuestas”. “Ayer simplemente fue el desenlace final”. ¿Entonces, para dónde agarra? Mucho dependerá del trato –si decidiese tragar gordo por el mal trato recibido hasta ahora– del jefe. ¿Le ofrecerán salidas como Salinas a Camacho? ¿Habrá algún premio de consolación apetecible, que salve la dignidad, para apaciguarlo? ¿O como toro valiente se va encima del oficialismo, víctima de las mañaneras en palacio, a que le digan “traidor”, “esbirro de las mafias elitistas”, vulgar ambicioso, hipócrita conservador, y a las horas aparezcan indicios de investigación a su gestión, reales o inventados?

(Ya ves –entra el Sisimite– AMLO en su mañanera dijo que espera que Ebrard decida apoyar “la apangada”, ya que “es buena gente, buen servidor público y su amigo”. AMLO, pontifica que “no es el cargo, es el encargo”. Ni modo –prosigue–, ¿se le va a ayudar a la minoría rapaz y corrupta? -Solo que –ironiza Winston– el “buena gente y amigo”, no es buen candidato, frente a la consentida. -Qué dilema –entra el Sisimite– pero nada distinto de lo que suele suceder en otras partes. -Ajá ¿qué hace –interviene Winston– se va o se queda esperanzado a los premios de consolación, que no son del todo desdeñables, o echarse domesticado, nunca se sabe, algún maleficio de mal agüero podría caer sobre la coronada? -No solo eso –interrumpe el Sisimite– el riesgo político no es chiquito, ya que cualquier desliz que sufra el oficialismo en la contienda, que de momento la tiene en la bolsa, le van a echar la culpa. -¿A qué apuesta –prosigue Winston–durante la larga espera, a ser reemplazo del oficialismo ante cualquier resbalón o de villano; o a los ojos de independientes y la oposición, como el mitológico martillo de Thor que puede romper la indestructible armazón?).