DOS candidatos –el líder del PP que ganó las elecciones y el del PSOE que quedó en segundo lugar y, de momento, gobierna transitoriamente– se ofrecieron a ser investidos, sin contar, ninguno de ellos, con los apoyos requeridos para cristalizar su aspiración. (A no ser –lo otro que sugiere un amigo analista político en una misiva que recibimos– “una alianza entre el PP y el PSOE que, a su criterio, no es una locura, con “un Rey que, si se lo propone, es árbitro”, ya que daría el gobierno fuerte que España necesita”). “Pues, el Rey, después de la ronda de consultas con las agrupaciones políticas invitadas, y que asistieron, se ha inclinado por “la costumbre”, de que, a falta de mayorías absolutas, el candidato del partido con mayor número de escaños sea el primero en ser propuesto”. Ha encargado a Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, que intente la investidura. Un mandado que, a juzgar por los cálculos matemáticos de la prensa española, va rumbo al fracaso.
“El líder del PP no suma más que 172 votos seguros”. La formación vasca, PNV, les ha dicho que ni se les ocurra contar con ellos si eso resulta en unir sus votos a VOX. Los 178 votos en contra es la cuenta que saca el líder del PSOE que, aunque no los consiga para él, le arruinan la posibilidad a Feijóo. La intención fallida del PP habilitaría al líder del PSOE a pedir al Rey que le encargue la encomienda. Sin embargo, solo haciendo bulto para que eso prospere y someterse a las condiciones inaceptables de algunas de las formaciones nacionalistas e independentistas vascas y catalanas. Aún así, en la entrevista con el Rey, Pedro Sánchez le transmitió su deseo de postularse e intentar lograr la investidura. “Su «ventaja» frente al PP –dijo en conferencia de prensa en la Moncloa– es que el PSOE puede «hablar con todas las fuerzas políticas» del arco parlamentario, mientras que el PP «solo puede hablar con una», en referencia a VOX”. “El candidato propuesto necesita en primera votación la mayoría absoluta (176 síes) o la simple (más síes que noes) en una segunda, a celebrar 48 horas después”. “Si tras ambas no obtiene el apoyo suficiente se podrán celebrar nuevas votaciones, pero si en el plazo de dos meses desde la primera votación ningún candidato lo consigue, habrá nuevas elecciones en España”. Aparte de las anteriores consideraciones, deben apresurar el paso, ya que –si se los come el tiempo y todas estas posturas, amagos, intentos y negociaciones fracasan– van a encabronar a los españoles si la hipotética repetición de elecciones cae en los días de la Navidad. Dando, de momento, por agotado este tema, pasamos a los mensajes del colectivo, algunos de ellos, medio o del todo mareados de dar tantas vueltas. “La segunda vuelta –agrega la jurista amiga que aboga por el pluralismo– funciona como un mecanismo de desempate cuando en la elección el candidato no obtuvo la mayoría. Con la idea que obtenga mayor legitimidad. Pero la legitimidad electoral no es suficiente porque es una legitimidad artificial”.
El criterio de un político amigo: “Apoyo la segunda vuelta, aunque sea costosa porque da chance: 1. A las ideas y caudal de cada partido y candidato; y si no convence a la mayoría, entonces; 2. Predomina la inteligencia colectiva de la gran mayoría, y se logra la sabiduría electoral de la mayoría”. “Al final esto es menos costoso que 4 años de la necedad de la minoría”. Un abogado amigo de SPS: Veo que Winston andaba inspirado en el editorial de hoy, especialmente con eso de que “lo plural no mata lo valiente”. (¿Cómo ves esa sugerencia –entra el Sisimite– que el PP y PSOE negocien? -Más cuesta arriba que todo lo demás –interviene Winston– pero si para llegar a acuerdos prevaleciesen los intereses del país y no los de los bandos políticos, una opción interesante. Y hablando de pluralismo –pregunta el Sisimite– ¿por qué será que el sistema democrático norteamericano no sale del bipartidismo sin esa diáspora de pluralidades? -Buena observación –responde Winston– es que allá piensan que es más fácil que dos se enfrenten y después de eso los dos se entiendan, que el montón que sale en estos pintorescos paisajes acabados, que prefiere una regadera de muchos hoyos y un rompecabezas de tucos sueltos; ah, y donde cualquiera aspira).