ESAS segundas vueltas son traicioneras. Sin duda lo que, en sus adentros, atormenta a la exprimera dama guatemalteca quien, en tres ocasiones que participa –la primera vez la inhabilitaron, ignorando esta vez la advertencia que la tercera es la vencida– gana en la primera tanda, pero, presa de los embrujos, le echan la vaca en la segunda. En esta ocasión el oficialismo –maniobrando por subir su candidato desplazado en la primera vuelta al tercer lugar, sacando al socialista ninguneado por las encuestas, que sorpresivamente consigue el segundo lugar para disputar el balotaje– puso su granito de arena. (Sin calcular que la tentación de continuar o en su defecto dejar a un ahijado de sucesor, es mala consejera; pasa que el fusil se enconcha y el tiro termina saliendo por la culata).
Como decíamos ayer, lo sucedido hace recordar casos parecidos –incluso en elecciones aquí en Honduras– si la opinión pública percibe que el gobierno abusivamente intenta inhabilitar a alguien. Aparte de la exposición mediática de gratis que recibe, gracias al bochinche armado en el manoseo de dejarlo fuera, la gente lo ve como un atropello del poder contra una víctima que, al fin de cuentas, lo que consigue no es eliminarlo sino martirizarlo. (La alternancia en el ejercicio del poder es un signo esperanzador. El gran reto del gobierno entrante –por encima de otras prioridades– sería devolver a los guatemaltecos la confianza perdida como consecuencia de las malas experiencias políticas sufridas, como mostrar actuaciones distintas que logren vencer la apatía ciudadana. Cifras relevantes: “Guatemala cuenta con un total de 9 millones 361 mil 068 votantes; pero solo 4 millones 182 mil 566 ejercieron su derecho al voto, mientras que el resto -5 millones 113 mil 695- cayó en el abstencionismo, lo que significa que solo hubo el 45.11 por ciento de participación ciudadana”). Ahora bien, yéndonos a Ecuador, ¿qué sucedió en la primera vuelta de la muerte cruzada? Aquí las encuestas no se loquearon del todo. Acertaron con el primer lugar. Pero solo con la punta. Salió la correista delfín del mandatario prófugo en Bruselas que amenaza, dado el resultado favorable, con regresar al país “por la puerta grande”. No quedó en la contienda ninguno de los otros favoritos. Otra vez lo inesperado. El segundo lugar lo ocupa el joven Noboa, hijo del empresario Álvaro Noboa que en el 2005 perdió la segunda vuelta contra Correa.
Otro factor que no midieron las encuestas fue el impacto del asesinato en el sentimiento de los votantes. Por cuestión de tiempo –las boletas ya estaban impresas– no pudieron colocar la imagen de su reemplazo, por lo que el nombre y la foto del malogrado periodista aparecieron en las papeletas. La fórmula fue la tercera más votada. Aparte de ello, la alianza que tenía a Villavicencio como líder, quedó como el movimiento político con más votos para la Asamblea. Hasta ahora, el partido que se impone en la primera vuelta, lo hace por la fidelidad de votos de su base. Algunos de los candidatos derrotados se apresuraron a manifestar el apoyo por Noboa. Este resiste ubicación en la derecha y arguye que “su voto es de izquierda y centro izquierda”. ¿Qué sucede ahora en el repechaje? ¿Hacia dónde fluye el caudal de votos de las formaciones ya fuera de la contienda? (Esas son las grandes incógnitas –interviene el Sisimite– ¿crees que aquí la segunda vuelta resulte en un amontonamiento –en sentido ideológico contrario– del apelotonamiento ocurrido en Guatemala? -Es la magia de la segunda vuelta que, en la vuelta menos pensada, la suerte les juega la vuelta, para quedarse con el vuelto del mandado).