¿REPETICIÓN Y DEDAZO?

La conversación de cierre cuando la fiscalía quiso impedir la participación del guatemalteco socialista –por quien, en la primera vuelta, las encuestas no daban un cinco; no aparecía ni en séptimo lugar, lejos de figurar como finalista para el balotaje– en una maniobra por subir, y meter a la carrera al candidato presidencial del oficialismo, que quedó en tercer lugar: (¿Quién crees que gana –interviene el Sisimite– de este soberano alboroto? –En río revuelto –bosteza Winston que acaba de despertarse– ganancia de pescadores. Ah, y no hay que olvidar a las víctimas que salen como mártires de la arbitrariedad). Y esto otro fue lo que se dijo sobre la otra concursante: La candidata de la Unidad Nacional de la Esperanza, UNE, es la cuarta vez que lo intenta. La primera, figuraba en las encuestas en la segunda posición contra el general “mano dura”, pero fue inhabilitada por el Tribunal Constitucional, por su parentesco con el presidente Álvaro Colom. Pese al divorcio matrimonial, intentando eludir la prohibición, los magistrados la dejaron fuera.

Fue postulada por su partido en las elecciones siguientes. Esas las ganó Jimmy Morales, el comediante presentador de un programa de la televisión –entonces los guatemaltecos quisieron probar dizque con un “outsider” pero, igual, les salió cachinflín– sin mayor figuración política. Nuevamente la coordinadora de UNE dispuso postularse. Ganó la primera vuelta, pero le fue mal en la segunda cuando el abanico de partidos que quedaron fuera de la carrera instaron a sus militantes a no votar por la señora. Sucedió que la victoria de Giammattei fue más un voto en contra de ella que a favor suyo. (Tan mal gobierno hizo el que se va que el candidato presidencial oficialista quedó fuera en la primera tanda. Ahora, de nuevo, la exprimera dama gana la primera vuelta. Y la inquietud suya ¿si esto resultara ser una repetición de lo anterior? (Hasta aquí los pálpitos, no como suelen ser los sesudos análisis de politólogos, después del trueno Jesús María, sino antes del relámpago). Lo anterior, hace recordar casos parecidos –incluso en elecciones aquí en Honduras– cuando la opinión pública percibe que el gobierno abusivamente intenta inhabilitar a alguien. Aparte de la exposición mediática de gratis que recibe, gracias al bochinche armado en el manoseo de dejarlo fuera, la gente lo ve como un atropello del poder contra una víctima que, al fin de cuentas, lo que consigue no es eliminarlo sino martirizarlo. La prensa internacional, igual, ayudó a potenciar su imagen. Basta con hojear la entrada de la nota informativa: “Guatemala –lee un periódico– celebra sus elecciones presidenciales en las que un activista anticorrupción compite contra una exprimera dama alineada con el establishment político conservador del país”.

Unos minutos antes de la votación –viendo el resultado de encuestas que dan amplia ventaja a Arévalo– repiten lo mismo que decíamos semanas atrás: “Las descalificaciones de varios contendientes, en lugar de beneficiar a los candidatos predilectos del poder establecido, abrieron un camino para Arévalo”. Al momento de escribir estas líneas no se conocen resultados oficiales; pero, quedan los próximos días para comentar. De momento, a propósito de víctimas, el excanciller mexicano, aspirante presidencial, abre un cisma en el partido de gobierno denunciando “acarreo” y “uso de fondos públicos para inclinar las encuestas que decidirán la candidatura de Morena”, a favor de la figura supuestamente apadrinada por el jefe para sucederle. (Solo que allá –interviene el Sisimite– ya se sabe que levantar encuestas –que en varios países anduvieron por los montes sin pegar una– solo es como tapar con un dedo la luz de sol, del dedazo. Y por mucho cisma que armen, con los premios de consolación, lo más probable es que al final resignadamente se alineen. -Hablando de los vecinos –prosigue el Sisimite– ¿ese movimiento Semilla, no es el mismo que postuló a la fiscal aquella que inhabilitaron en el proceso pasado y fue a refugiarse al imperio? -Tal parece –interviene Winston– para que veas qué al sembrar una semilla, nunca se sabe quién vaya a comerse la fruta. “Nadie sabe para quien trabaja”).