¿SIN QUE NADA OCURRA?

“NO pasa nada –mensaje al editorial “A Fuego Lento”, de las elecciones en España– solo es más de lo mismo; llevan años en esta inestabilidad política”. “Pero allá aún hay instituciones fuertes que permiten al país seguir adelante; el sector privado es independiente y no ocupa un gobierno estable para echar a andar su agenda económica”. “Una gran ventaja es estar en la Unión Europea”. Al día siguiente de conocerse los resultados electorales, la impresión es que ganando perdió el PP, sin ruta cierta para hacer gobierno, ya que ni aun sumados los votos del ultraconservador Vox, redondean el número mágico de escaños necesarios para la investidura. Una lectora amiga comenta: “Genial el análisis del editorial”. “En verdad ofuscados. Dormidos en sus laureles se daban el lujo de menospreciar a las “plebes” insofisticadas que le votan a Vox”.

Pues bien, el desenlace de las elecciones adelantadas, coloca a los españoles en un callejón sin salida. Ni los que ganaron cuentan con los votos para hacer gobierno, ni el inquilino de la Moncloa –a menos que ceda a exigencias intransables de los partidos pequeños– suma los números suficientes para continuar. Lo hará, provisionalmente, mientras dure la negociación política en procura de la investidura. Y en forma transitoria, si el bloqueo persiste al final del túnel y no tienen más remedio –como sucedió con Rajoy que el interinato le duró una eternidad– pero ya no con un legislativo ni dócil, ni manejable. Así que la táctica, –aprendiendo de los políticos hondureños– consiste, de momento, en patear la lata. Mientras el PP intenta la investidura imposible, los socialistas buscan aplazar hasta septiembre las negociaciones formales para formar Gobierno. No ignoran el elevado precio que deben de pagar a cambio de la continuidad. Es un costo grosero que los deja marcados frente a la historia, aparte con un mandato sumamente inestable. Dejarán que transcurran los días y los meses –enfriar el tiempo mientras los divagados disfrutan de sus vacaciones– sin que nada ocurra, como presión a las formaciones nacionalistas e independentistas vascas y catalanas –el poder de las espinosas minorías que, con pocos votos, se vuelven no solo indispensables sino decisorias– para que se ablanden. Hasta llegar –según las derechas– al denominado “gobierno Frankenstein”. Pero como la investidura se materializa con 176 síes en la primera ronda y más síes que noes en la segunda, el líder del PSOE depende de los votos del Junts, el partido de Puigdemont –que exige la amnistía y la autonomía– si no vota sí, que se abstenga. Hasta aquí este tema, para rescatar menajes a anteriores editoriales:

“Respeto el trabajo de buenos maestros y buenos padres de familia –escribe una amiga– pero algo anda mal que en general ya que a nuestra sociedad le cuesta mejorar cualitativamente en una educación seria y contundente”. “Valores de peso versus los hábitos espejitos: del tener, el querer, la imitación sin carácter propio”. “¿Qué será? No todo es malo en Honduras, pero, nos falta mucho orgullo del bueno, en la tarea de la educación”. Un fundador del colectivo, alusivo a la cita “lo que se dé a los niños ellos lo darán a la sociedad”, opina: “Todo se ha automatizado y lo digital se ha vuelto casi una necesidad”.  “Muchos videos están promoviendo en la juventud el famoso «estudio en casa” bajo la siguiente percepción: «¿Para qué tanto estudio –se preguntan los padres– si yo hice dinero y no lo necesité?”. “Esa adicción a la tecnología merece tratamiento psicológico inmediato”. Una lectora: “Muy cierto y doloroso”. Además, desesperanzador cuando nos damos cuenta que sería un milagro salir de “la esclavitud digital”.

“El Sisimite tiene razón”. “Difícil hacerse ilusiones con esa adicción a los chunches y yo agregaría con esa ambición desmedida y fiesta exitosa de quienes los fabrican, sin considerar las consecuencias del abuso”. “La tecnología, utilizada adecuadamente, no es mala, como usted dice”. “Pero deshumaniza y separa”. (Pues bien –interviene el Sisimite–mientras los españoles patean la lata para matar el tiempo, en otras partes se matan unos con otros. A propósito de tiempo –irrumpe Winston– una cosa es perder el tiempo –como esos adictos con sus chunches que nada aprenden– y otra cosa seria lo perdido, que el tiempo se llevó; es decir la vida no vivida por amor a lo superficial, o tantos de los valores perdidos que urge recuperar).