Guillermo Fiallos A.
La semana anterior ocurrió una situación única en el país, pues se programaron 5 marchas distintas para protestar, exigir o apoyar a la máxima autoridad nacional. Desde hacía tiempo atrás, no se presenciaban eventos públicos como estos y, lo más extraño, es que todos se dieron en el lapso de 5 días.
Los primeros en tomar acción fueron los miembros de la denominada Sociedad Civil, quienes citaron a todos los hondureños descontentos con la corrupción, para exigir el respeto a la Ley y al Estado de Derecho. Todo estaba listo para llevarse a cabo un martes. Sin embargo, el acontecimiento se suspendió, pues los convocantes no querían que se mezclara el agua con el aceite.
En una astuta, neutralizadora y maquiavélica acción; el líder del Partido Libre, notificó a sus simpatizantes que debían marchar en el mismo día, hora y lugar que lo harían los adeptos a la Sociedad Civil. Con una concurrencia -abastecida al puro estilo JOH-, con miles de empleados públicos uniformados, funcionarios de gobierno y allegados al partido en el poder -de aquellos que despectivamente calificaban antes como “peseros, cincuenteros y mostaceros”-; auparon a doña Xiomara, quien, increíblemente y sin asomo de remordimiento alguno, defendía en esos momentos en Europa, a los regímenes totalitarios de Latinoamérica.
Debido -según ellos- al descomunal y espontáneo apoyo de la población hacia el mitin rojinegro, se desató al final una euforia tal, que procuró que uno de sus más notorios dirigentes, tratara de imitar torpemente con sus movimientos cadenciosos, a la estrella de Hollywood, John Travolta; aquel destacado bailarín que contagiaba a los adolescentes, la fiebre del sábado por la noche.
El viernes se llevaría a cabo otra manifestación, convocada por Rashid Mejía, joven crítico de este y anteriores gobiernos y que buscaba dar luces, sobre cierto disparatado orden de cosas que están sucediendo desde hace 18 meses. Lamentablemente, ni siquiera dejaron iniciar la protesta, pues este y otros muchachos más, fueron atacados y heridos cobardemente sin razón alguna, por decenas de miembros de las turbas divinas enviadas por el “Melismo”.
Y la penúltima marcha y diríamos la más interesante, inédita y robusta, fue la organizada por los padres de familia quienes bajo el valiente lema “Con mis hijos no te metas”; partió el sábado 22 de 7 ciudades. A estos multitudinarios recorridos, se unieron las iglesias: católica y evangélica.
La consigna principal de estas 7 marchas simultáneas era que el Estado no tenía que intervenir en forma distorsionada, en la educación sexual de sus hijos. Claramente, dejaron establecido que no están en contra de la instrucción sexual a los jóvenes, pero que la misma sea consensuada con los padres de familia, pues no es el Estado y mucho menos un sinuoso gobierno, quien debe decidir sobre la inclusión de temas tan polémicos como la Ideología de Género.
Hicieron bien los progenitores y las mismas iglesias por los principios cristianos que las sustentan; en rechazar esta arbitrariedad y abuso de poder de un gobierno -como todos los de izquierda en Latinoamérica-, seducido por la danza de millones de euros y dólares, que les proporcionan organismos internacionales; los cuales han convertido la sexualidad en una mercancía, en un objeto, auspiciando un libertinaje sexual que tiene en decadencia moral a los emporios capitalistas.
Resulta extraño que los poderosos dueños de la izquierda internacional como: Rusia, China y Corea del Norte; rechacen la Ideología de Género, pero aquí en América Latina, sus súbditos la apoyen con vehemencia. Claro está, hay miles de razones monetarias para seguir esa conducta.
Y, finalmente, y a pesar de la sinuosidad mencionada párrafos arriba, el gobierno, logró en aquel mismo día y sobre un hecho diferente pero conexo: doblegar, rotunda e inconcebiblemente, el brazo, de una de estas iglesias, al recibir órdenes del Estado y, lo peor; acatarlas al obedecer la suspensión de en asunto ritual y, eminentemente, de culto sagrado. ¡La palabra de Dios no se negocia con poderes fácticos terrenales!
Hemos llegado a puntos peligrosos de intolerancia e imposición en Honduras. Creíamos que, con el estilo dictatorial del gobierno pasado, había terminado esa oscura etapa en el país; no obstante, el régimen que preside la señora, ha dado muestras exactas de ese verticalismo tiránico.
A través de estas concentraciones opuestas a la línea absolutista del partido de gobierno, se proclamó categóricamente que: no se trata solo de proteger nuestro futuro, sino también, de salvaguardar nuestro presente.