¿A FUEGO LENTO?

MESES atrás la derecha española celebraba eufórica la vapuleada propinada al partido de gobierno en elecciones autonómicas y municipales. Ante el cataclismo el inquilino de la Moncloa reacciona apresurado, empujado por la amarga intuición –de continuar el acelerado desgaste del Ejecutivo– de perder el poder. Así que, al día siguiente de la violenta sacudida, comparece anunciando la disolución de las cortes y el adelanto de las elecciones. Sorprende a propios y a extraños el riesgo de la decisión. Sin embargo, despabilándose de la primera impresión, parecería ser un paso político bien calculado. Sin mosquearse por el susto, vuelve a contar los votos y, de un simple ejercicio de sumas y restas, concluye que el PSOE apenas estuvo 3 puntos por debajo del PP. Nada mal, a la luz del desgaste gubernamental y del repunte experimentado en los últimos meses por la ola conservadora; además, en unas elecciones donde la izquierda no se movilizó mientras las derechas fueron a las urnas como si se tratase de elecciones generales.

Intuye que, si aguarda todo ese tiempo pernoctando, hasta la fecha programada para nuevas elecciones, el deterioro de su gobierno va a ser mayor. Deduce que en dos meses sus opciones son mejores que en seis. Y, como resorte, reacciona de inmediato. Utilizando el shock perturbador como incentivo para movilizar la izquierda, frente a la inminencia de un gobierno del PP aliado con Vox, revolviendo las piezas le da vuelta al tablero premonitorio. A la vez, cambia la naturaleza del debate, convirtiendo la elección adelantada en el nuevo tema de discusión, para evitar que la noticia de la derrota sufrida se la sigan restregando en la cara. Todos –desde los medios de comunicación que cubren la última hora, los analistas que pasan pendientes de esos bullicios para figurar, los entrevistadores y los entrevistados, la gente de la calle– se olvidaron del remezón para enfocar su atención y comentarios a la elección convocada. El PP, confiado –guisando la liebre antes de atraparla– entusiasmado por el triunfo, riega la especie que en los nuevos comicios ganaría con mayoría absoluta. ¿Entonces de qué sirve una alianza de derechas entre el PP y Vox –seguramente pensarían muchos– si estos tíos ganan sobrados? ¡Uyuyuy! –sin duda recapacitaron los socialistas– mejor ir a votar por lo viejo conocido que algo peor por conocer. Y con el poder que Vox y el PP sacaron en las autonómicas, van a ir asando el gobierno del PSOE—hasta chamuscarlo del todo– a fuego lento, pero con llama ardiente. Y como al resto de la izquierda le ha ido peor, ya con el espantapájaros –del PP y Vox– enfrente, todos los caminos de los progresistas conducen al PSOE.

Hoy a la luz del resultado de las recientes elecciones, gana el PP su victoria pírrica. Saca más votos, pero en el parlamento, no obtiene la mayoría absoluta en delegados que ocupa para hacer gobierno. Ni en alianza con Vox hacen la mayoría necesaria para la investidura. El PP consigue 133 escaños y el PSOE 122. Vox tiene 33 y la izquierda Sumar 31. Sumen. Ninguno llega al número mágico para elegir. Son 360 escaños y ocupan 176 síes. La primera vuelta para intentar hacer gobierno le corresponde al PP. Si eso no cuaja, Sánchez necesitaría los votos de Sumar y el apoyo de otras fuerzas nacionalistas e independentistas vascas y catalanas. (El denominado gobierno Frankenstein, según la derecha). JuntsxCataluña, advierte que “no van a hacer presidente a Sánchez a cambio de nada”. Y el casi nada que piden es la amnistía y la autonomía. (Por las vísperas –irrumpe el Sisimite–¿no sería un callejón sin salida? – Casi –interviene Winston–habría que estar pendiente, en medio de las negociaciones, de lo que opine el Rey. Aunque allá la realeza, bajo furtivos rincones y discretos salones del régimen palaciego, platica de todo un poco, pero, en lo que a la política concierne, no puede intervenir en nada. – Pues entonces –interrumpe el Sisimite– si no transan algo que logre la investidura, les queda el camino de ir a nuevas elecciones. – Pues sí –ilustra Winston– y en la transición –como ocurrió con Rajoy durante el interinato de dos elecciones distintas– ¿quién crees que seguirá gobernando, de manera provisional? – ¿Y eso –el Sisimite vuelve a meter su cuchara– no es equivalente a inestabilidad? ¿Un gobierno semiparalizado que en el parlamento no puede pasar nada porque las fuerzas de oposición se los impiden?).