A sugerencia de un afiliado al colectivo, un artículo de un diario español. El diario El Mundo lo presenta con un sugestivo titular: El gran fiasco de la escuela digital: “Que los profesores den clase con pantallas es como si los médicos suministraran heroína”. “Tras décadas de fe ciega en la tecnología, los expertos en educación dan marcha atrás y redescubren la importancia del aula, la memorización, la caligrafía y los libros en papel”. Incluso algunos expertos profetizan que sería más que emprender el camino de vuelta: “En los próximos años vamos a asistir a una ola de des digitalización masiva”. Bien puede ser que estemos a las puertas de reevaluar los supuestos beneficios acreditados a la tecnología, especialmente por los efectos destructivos en los niños. Ya antes abordamos la reversión que las autoridades educativas suecas hacen de su plan de digitalización en las escuelas, ahora que se dieron cuenta que “el informe PIRLS que evalúa la comprensión lectora de los estudiantes de primaria refleja un claro retroceso”.
La ministra de Educación ha pedido que “diferentes expertos lo estudien y analicen y en función de las conclusiones que extraigan, se apliquen los cambios que consideren oportunos”. Mientras, el gobierno destina una inversión millonaria a “que haya más libros en las aulas y fortalecer el desarrollo del lenguaje, la lectura y la escritura de su alumnado”. “También, sobre el mismo tema, hablamos del libro publicado por el doctor en neurociencia, Michel Desmurget, “La Fábrica de Cretinos Digitales”, donde alerta sobre los efectos devastadores de la tecnología entre los más jóvenes”. Hablando de “los nativos digitales” –afirma– “lo que hemos hecho a nuestros hijos en nombre de la codicia es imperdonable”. El libro –sinopsis tomada de otro diario español– “asegura que la tecnología afecta al desarrollo neuronal de los niños creando ‘cretinos digitales’”. “Nadie dice –reconoce– que la revolución digital sea mala y deba ser detenida”. Solo que “debería ser un uso controlado y educativo”. “Cuando se pone una pantalla en manos de un niño o de un adolescente, casi siempre prevalecen los “usos recreativos más empobrecedores” y señala “estudios realizados donde se constata que los menores pasan el día viendo la televisión, luego los videojuegos y en la adolescencia, las redes sociales”. “Explica que los “nativos digitales” son los primeros niños que tienen un coeficiente intelectual más bajo que sus padres, una tendencia documentada en países como Noruega, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos o Francia”. En una entrevista para BBC, el escritor francés explicaba que “cuando aumenta el uso de televisión, videojuegos, etc., el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo caen, por afectación de lenguaje, concentración, memoria, entre otros”.
¿Pero, por qué el exceso de aparatos tiene esas consecuencias? “Porque disminuyen en calidad y cantidad las interacciones familiares, fundamentales para el desarrollo del lenguaje y emocional; porque también se le quita el tiempo a otras actividades enriquecedoras como música, lectura, realización de tareas escolares; porque se interrumpe y reduce el sueño; porque la sobre estimulación de la atención que es conexa a estos dispositivos ocasiona directamente afectación a concentración, al aprendizaje y ocasiona impulsividad”. Producen una subestimulación intelectual (todo ya viene ‘masticado’); porque el estilo de vida sedentario conexo con el estilo digital, influye en la maduración cerebral”. El neurocientífico sostiene que “no es lo mismo, para estructurar la mente, las actividades relacionadas con la escuela, el trabajo intelectual, la lectura, la música, el arte, los deportes, etc., que estar frente a una pantalla por motivos recreativos”. “Esto es especialmente crítico durante la infancia y adolescencia, cuando la plasticidad cerebral empieza a disminuir significativamente”. (Sin embargo –interviene el Sisimite– no hay que hacerse ilusiones que, en estos pintorescos paisajes acabados, donde nadie parece interesarse por el tema, vaya a producirse una revisión radical de los sistemas. – Menos –concuerda Winston– si el adicto, en lo hipnótico de los chunches y sus pantallas, encuentra satisfacción a un insaciable apetito de distracción y de placeres, por más que le adviertan que arriesga no solo su salud física sino mental).