OCOTEPEQUE

SI La Mosquitia hondureña queda en el extremo oriental del país, el departamento de Ocotepeque se localiza en el extremo occidental de Honduras. Mucha gente, tanto en Tegucigalpa como en San Pedro Sula, suele mencionar a La Mosquitia, a pesar de que todavía no hay ninguna carretera que facilite un viaje normal hasta aquella remota zona costera, misma sobre la cual se han publicado distintos libros. Pero entonces resulta curioso que al departamento de Ocotepeque casi nadie lo menciona.

Sin embargo, el valle de Sensenti, en el corazón de aquel departamento, aparece en los documentos coloniales, con posibles yacimientos mineros, importantes familias y hatos ganaderos de aquella lejana época. Previamente, uno de los más famosos conquistadores de la provincia de Honduras, viniendo desde Guatemala penetró a estas tierras por el lado de Ocotepeque, hasta llegar al valle de Sula y enfrentarse al poderoso cacique “Cicumba”, cuya narrativa merece un tratamiento aparte.

Ocotepeque se alza en el horizonte histórico sobre todo en el curso del siglo veinte, en cuya ciudad principal nació un presidente democrático y republicano de mucha relevancia en la historia nacional. Por allá también han nacido (en sus diversos municipios) escritores, poetas y pintores de nombradía regional. Todo esto a pesar de que la ciudad principal fue destruida por una inundación del río Marchala, que según algunos conocedores del tema fue provocada, a su vez, por una tormenta tropical que se desplazó desde la desembocadura del río Motagua (en Guatemala) hasta afectar la zona más occidental de nuestro país. Motivo por el cual la vieja ciudad destartalada, al finalizar el proceso de reconstrucción, fue rebautizada con el nombre de Nueva Ocotepeque.

Uno de los municipios más atractivos desde el punto de vista cultural, es el de San Marcos de Ocotepeque, un viejo hato ganadero que se convirtió, con el paso de las décadas, en una villa y después en una pequeña ciudad. También ha sido cuna de prestigiosos pintores y promotores culturales. Desde 1989, durante la última semana de cada mes de octubre, se realizan en San Marcos los prestigiosos “Juegos Florales”, con el propósito de homenajear a diversas personalidades e instituciones del país, y asimismo convocar a certámenes poéticos y narrativos de dimensión nacional. A los “Juegos Florales” de San Marcos concurren, además de catrachos bien nacidos, visitantes extranjeros de Guatemala, Nicaragua y El Salvador.

Y es que en el departamento de Ocotepeque se localiza el cerro transfronterizo de “El Trifinio”, el cual es compartido por Honduras, Guatemala y El Salvador, como si se tratara de un llamamiento natural a la confraternidad regional. Quizás por eso los ocotepecanos, por regla general, se caracterizan por ser personas amistosas, sociables, laboriosas y simpáticas. Digamos que los ocotepecanos, o sus descendientes, son grandes conversadores y parecen muy flexibles en sus relaciones con los demás.

Los únicos problemas recientes de aquel lejano departamento se pueden enumerar con pocas palabras: La vieja carretera que comunica con Santa Rosa de Copán se encuentra en pésimo estado. A renglón seguido se puede afirmar que las ramas del crimen organizado han penetrado aquella zona creando conflictos, muertes y desórdenes en los pequeños municipios en donde hace pocos años la vida era predominantemente tranquila, apropiada para coexistir.

Claro, la lejanía respecto del corredor económico central de Honduras también se ha traducido como problema económico y sanitario para los pobladores ocotepecanos, quienes, hace varias décadas, utilizaban pequeños aviones de transporte, que volaban entre Tegucigalpa y Ocotepeque. Otros vecinos preferían realizar el viaje en autobús atravesando todo el territorio salvadoreño hasta arribar al Amatillo y después a Tegucigalpa. Y en virtud de que Ocotepeque es una subregión vulnerable y verdaderamente estratégica, merece toda la atención del Estado de Honduras.