¿PARA MASTICAR?

ME encanta el editorial de hoy –escribe una abogada amiga– pero prefiero pensar que este es mi momento y solo recordar el pasado con nostalgia (por los ausentes, los que se me han adelantado)”. “Siempre le recuerdo a mi hija que, hay un momento para todo, para jugar, para leer, para estudiar, para bailar, para pintar, para limpiar, para ir a misa (últimamente este me cuesta más porque se aburre) pero concuerdo que “aquello que damos a nuestros niños, ellos lo darán a la sociedad”; y es que me encantó verla por la playa recogiendo la basura ajena”. Un doctor amigo: “MAM era el cantante favorito de mi papá”. “Me hizo recordar también el trío Los 3 Ases”. “Cuando estudié en México fui a un lugar similar a la Peña y escuché un novel cantante –mejor que los originales– interpretar la canción El Tiempo y Almohada”. “Me rodaron las lágrimas cuando me hizo recordar a mi papá quien falleció cuando tenía 17 años”.

“Muy lindo editorial –comenta otra abogada amiga–. Y es así, tiempo para sembrar y tiempo para cosechar, tiempo para llorar y tiempo para reír… todo tiene su momento; por eso yo vivo hoy, con todas mis fuerzas y doy lo mejor de mí siempre, sin esperar nada”. “Y gracias presidente, gracias, porque siempre, en todo tiempo, es bueno agradecer”. Otro amigo comenta: “Veo que hay personas –entre sus lectores– con mucho talento para comunicar lo que piensan y lo que sienten”. “Se ve que lo utilizan de la manera debida y eso viene a demostrar que en algún momento de su vida fueron guiados por una brújula moral”. “Lo que comunican a través de sus escritos nos recuerda que siempre habrá un refugio por descubrir o un motivo de esperanza”. “La amistad y las reglas de urbanidad siempre tienen que ser parte de la ecuación porque eso genera confianza y tranquilidad”. Otro afiliado al colectivo: “A mis 59 años, me he vuelto más productivo”. “Algo en mi interior que impedía sentirme pleno, ha dejado de perseguirme; las culpas y frustraciones han quedado atrás, el perdón propio surgió; he reafirmado el valor de mi familia”. “En mis negocios, me va bien, siempre con la gracia de Dios y sin atropellar o dañar a nadie”. “Es mi momento de cosechar”. Y como dice un amigo, «hay que trabajar y luchar con los negocios, no podemos detenernos, aún en la adversidad y desánimo de la actualidad”. Sobre editoriales anteriores, para concluir, ya a final de semana, el ciclo interactivo, con los mensajes pendientes: “Me gustó mucho el cierre –dice uno de ellos– concuerdo con Winston que es bueno andar moviendo la cola, pero feliz, y no con la cola entre las patas”. Otro comentario: “El doble sentido, peculiar y casi intrínseco a la cultura hondureña”. “A los hondureños les encanta el doble sentido, gustan de las palabras entendidas de dos maneras”. “Quizás de ahí que en política no sea mala la ambivalencia, sino más bien una virtud estratégica”. “Lo que se dice no es nada parecido a lo que se hace”.

Un cumplido alusivo a uno anterior: “Refiriéndome al editorial donde una de sus lectoras mencionaba que usted jamás deja desamparados a sus amigos, nunca será suficiente para agradecerle lo que usted hizo por mí y por su amiga compañera de escuela”. Hizo eco a lo que mi esposo (Q.D.D.G.) decía: “Un amigo es un hermano escogido”. “Usted lo es, nuevamente, gracias”. Por último, el mensaje del amigo académico: A propósito de ¿EL CUCHICHEO?, forma parte de lo que hoy en día se conoce en el mundo universitario como “Instrucción entre pares” (PEER INSTRUCTION) que el renombrado profesor de Harvard, Erick Mazur, ha llegado a popularizar a nivel mundial. “Este mismo profesor encabeza un equipo de Harvard y MIT que ha diseñado un programa de lectura social llamado Perusall”. “Es fabuloso y es usado por un selecto número de académicos”. “Así que, el cuchicheo puede ser productivo”. (Esa ensalada de mensajes –interviene el Sisimite– ha de ser para que el colectivo tenga variedad de temas que masticar este fin de semana. – Esas palabrejas que utilizás –interrumpe Winston– como esa de masticar, hasta hambre me dio. Voy a ir a preguntar qué van a darme de cena allá en la casa. – Pues sí –solloza el Sisimite– no vaya a pasar como muchos de esos iletrados a los que se les manda lectura, que ni con el bocado en la boca lo mastican).