“DOS enseñanzas fuertes –escribe un amigo de SPS– alusivo a dos citas del editorial de ayer: “Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad”. Y el “abrir la puerta de un solo, al perdón completo, o poco a poco para dejar entrar el amor”. Una abogada amiga comenta: Ese cierre estuvo fuerte: – “¿Sabías –inquiere el Sisimite– que el día que se ponga de moda la estupidez, los imbéciles no van a saber qué hacer con la fama?”. “Pero es así, así es y así será”. Esta fue la conversación de cierre de un editorial anterior: (Yo no soy musiquero –entra el Sisimite– pero en alusión a la canción, El Tiempo, interpretada a dúo por Marco Antonio Muñiz y José José, un afiliado del colectivo recuerda que MAM “era uno de los artistas favoritos de Toño Torres Rubí”. – Ni musicólogo tampoco y ni siquiera musical –interviene Winston– y por supuesto, mis papás recuerdan con nostalgia a ese su gran amigo de Voces Universitarias, fundador de Lithopress. Montó La Peña a la par, frente a la Universidad Nacional Autónoma. Allí, como expresión de lo muy nuestro y autóctono, todos los fines de semana compartían artistas nacionales y las almas bohemias de la ciudad capital, el inequívoco deleite de esos pequeños detalles).
Alusivo a ello rescatamos el siguiente mensaje: “Gratos recuerdos vienen a mi mente cuando, con mi esposa, en ese tiempo mi novia, asistíamos infaltablemente a La Peña de Toño, frente a la Universidad; ambiente artístico de calidad”. “A Toño Torres Rubí, con buen suceso, le encantaba imitar a Marco Antonio Muñiz, hacer parodias de “Les Luthiers” (los artistas humorísticos argentinos) y allí se podía disfrutar de poesía, contadores de chistes y, por supuesto, músicos y cantantes”. “Todos los de Voces Universitarias, Leoncio López Fiallos, Romeo Irías, Pusunga Valladares, el animador Alfonso Valladares (el simpático pelón con su peluquín)”. “Ahhhhh, qué tiempos aquellos; usted los vino a recordar con su editorial”. “Gracias, tejedor de recuerdos”. Recibimos una reflexión interesante, a propósito del editorial sobre el tiempo: “Pertenezco a la generación que tenía un solo mandato: debíamos ser, y así lo intentamos, las mejores hijas, las mejores esposas, las mejores madres, las mejores profesionales, etc.”. “Intenté hacer lo mejor que pude en cada uno de esos roles, pero siempre había alguien que no lo consideraba suficiente y me preocupaba; pero hace algún tiempo dejó de importarme lo que pensara la gente”. “Sé que hice lo mejor con lo que sabía y eso es suficiente”. “Ahora he descubierto que, a veces me gusta estar, salir, viajar sola, todo a mi ritmo”. “Y a veces prefiero no hacer nada. Ya demostré, de muchas maneras, quien soy como persona”. “Lo que me queda de vida, intento que sea mío disfrutándolo con lo que me dé la gana: viajando, comprando, leyendo, tomando un café con alguien, o también estar sin hacer nada”.
“Me he dado cuenta que por más que los demás nos amen mucho y seamos importantes para ellos, todos seguirán viviendo cuando no estemos”. “Por eso, ya es tiempo de mi tiempo y de dejar de rendir examen en tantos roles con que la vida me puso a prueba”. “No pienso dar más examen de nada”. “¿Acaso después, me van a hacer un monumento que diga: a una luchadora, un ser ejemplar y virtuoso? Seguro que no”. “Y si de casualidad lo hicieran, estaré bajo tierra”. “Somos una generación que rompió estereotipos, allanamos el camino para los que vinieron después”. “Por eso ya es hora de que empecemos a vivir”. “Muchas veces me planteo, qué rápido pasa la vida, distraída como estoy, haciendo mil cosas”. “Y también me pregunto: ¿cuánto me queda de vida?”. “No lo sé”. “¿Algo cambiará en quienes nos quieren cuando nos vayamos?”. No, la vida seguirá igual en nuestra ausencia y hasta tal vez dirán: «estaba un poco loca el último tiempo». “Ya es hora de discernir a quién le hace bien mi amistad, mi cariño, mi compañía”. “Qué placer caminar sin apuro ni rumbo fijo para detenerme en cualquier lugar que me llame la atención”. “Lo que me queda de vida lo disfrutaré a mi manera. Es mi tiempo”. (Inmejorable la cita bíblica: –interviene Winston– “Todo tiene su momento oportuno; hay tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: tiempo para nacer y tiempo para morir; tiempo para plantar y tiempo para cosechar; …”).