Por: Óscar Armando Valladares
El deseo de conocer un “algo” del pasado requiere de la búsqueda de datos que permitan reconstruirlo, identificando las causas y los efectos inmediatos producidos. Un orden cronológico prologa el tema de ese “algo” que nos sirve de tema y que, como eslabones de una cadena, mantienen su indefectible relación. La propuesta de una cuarta urna constituyó el pretexto para el golpe de Estado militar, político y empresarial del 28 de junio de 2009. Por estar inmiscuida en el madrugón la cúpula liberal, su candidato a la presidencia, Elvin Santos, sufrió un revés mayúsculo frente al nacionalista Porfirio Lobo, quien se hizo del Ejecutivo el 27 de enero de 2010, mientras su correligionario y entonces amicísimo, Juan Orlando Hernández, obtuvo la presidencia del Congreso Nacional.
En las postrimerías del gobierno, Lobo y Hernández conjugaron intereses y, bajo un plan premeditado de inversionistas extranjeros -principalmente norteamericanos- y negociantes del patio, hipotecaron el país con la Ley Orgánica de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), fechada el 12 de junio de 2013. Habían transcurrido 4 años del derrocamiento de Manuel Zelaya, y salía así a relucir -con la ley de marras- una de las causas primordiales de aquella cruenta ruptura. Franqueado aberrantemente el marco constitucional, la voracidad del capital extranjero y su grupo nacional le entraron al propósito de erigir su propio Estado en el territorio patrio.
Entre octubre y noviembre de 2015, la revista “Hablemos claro financiera” centró su atención en una “ZEDE en la isla de Amapala”. Rodrigo Wong Arévalo, director propietario de la publicación, aludió en su editorial “Sueño amapalino”, a las pretensiones de montar una zona de empleo y desarrollo. Dijo: “Nos gusta la publicación de diario La Prensa, en la que destaca que la ZEDE de Amapala se asemejará al puerto Busán (más bien Pusán) de Corea del Sur. La Agencia Koica, autora del plan, incluye el desarrollo de las aguas profundas en Amapala, que por naturaleza tiene hasta 25 metros de profundidad que la hacen un apetecible puerto natural para desarrollar un megapuerto, para abrir una segunda ruta alterna entre Asia y la costa Este de EEUU”.
En su momento -añade el editorialista- “le hicimos ver esto al entonces presidente Pepe Lobo, que estaba en sus últimos meses de gobierno y poco o ningún interés mostró en la noticia (se refiere a que China Continental había puesto sus ojos en un pequeño islote en el Pacífico centroamericano; pero JOH ha hecho lo contrario y se fue hasta Corea del Sur a plantear el interés de Honduras por buscar el respaldo de ese país que tiene mucha más experiencia en desarrollos portuarios que los demás tigres asiáticos”.
Corea del Sur -asegura Wong Arévalo- “se desarrolló gracias al auge del puerto de Busán (Pusán), que es lo que puede suceder en Honduras… los hondureños debemos ilusionarnos con la posibilidad que empresarios y gobierno de Corea del Sur estén interesados en desarrollar un megapuerto en Amapala”.
Molesto por mis comentarios desfavorables a las ZEDE, un ciudadano de Roatán -identificado con el nombre César González- esgrime como argumento justificativo que en el país existen ya centros extranjerizados y ciudades autónomas, por caso, dice, bancos de otros países, inclusive -asegura- “que el Banco Central se rige por el Fondo Monetario Internacional”. Según él, Choloma, Puerto Cortés funcionan como ciudades autónomas; enumera que lo son los municipios, la UNAH, las FFAA, el Zamorano, el BCIE; que son “cortes comerciales internacionales” las cámaras de comercio y el Colegio de Abogados, que los parques industriales y la zona libre de Puerto Cortés, actúan como distritos especiales de inversión; que los parques ecológicos, granjas solares y represas hidroeléctricas, representan distritos energéticos renovables, y así por el estilo.
Si este es el arsenal argumentativo de la ZEDE Próspera en su demanda multimillonaria contra Honduras, pues hombre, el reclamo no prosperará en las cortes de EEUU, por más que apañe sus pretensiones la malhadada antipatria doméstica y domesticada.