Si Honduras hubiese reducido la corrupción en las últimas dos décadas, hoy día estaría cerca de los indicadores de desarrollo humano que gozan los panameños o los dominicanos.
Hasta antes de la pandemia, la pobreza habría caído diez puntos, pero si de aquí en adelante se reduce esta lacra en el ámbito público o privado con iniciativas nacionales e internacionales, los hondureños podrían vivir en mejores condiciones de vida paulatinamente de aquí en adelante.
Estos razonamientos se desprenden del libro “La Corrupción en Honduras; una visión desde la economía” presentado ayer por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES), de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) en la capital del país.
El documento presenta un “Índice de Riesgo de la Corrupción”, muestra que entre el 2001 y el 2021 este promedio fue de 17 por ciento, focalizado en cuatro carteras estatales, incidiendo negativamente en la calidad de vida de las y los hondureños.
Consiste en un análisis desde la perspectiva cuantitativa basado en la eficiencia y calidad de los servicios públicos que ofrece el Estado. La medición se enfocó en el riesgo de corrupción en los sectores de salud, educación, infraestructura y subsidios, determinando un promedio de 17 por ciento, donde 75 es óptimo o similar al que gozan países desarrollados como los nórdicos donde los niveles de corrupción son ínfimos.
Al director del IIES-UNAH, Ricardo Matamoros, que presentó el documento, le llama la atención de que a medida que se reduce la corrupción, los pueblos son más cultos y saludables.
Es decir, que si “aumenta el gasto en educación, la probabilidad de que los niveles de corrupción aumenten, se reducen”, y “un incremento del 1 por ciento en gasto social, significaría un aumento del 3 por ciento del crecimiento de los ingresos del 20 por ciento más pobre” sintetiza el informe.
Visto a la inversa, resulta que entre más se acerca a cero este índice, es más proclive la corrupción y el pueblo menos educado, enfermizo, con obras de infraestructura deficientes y ayudas sociales que no llegan a los que realmente viven en situación de pobreza extrema.
Uno de los detalles reveladores, según el experto, es que en 2014 hubo una caída en este medidor, luego explotó el robo al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), considerado uno de los mayores casos de corrupción público y privado de los últimos tiempos.
“Ese nivel promedio de 17 por ciento del 2001, al 2021 explica en gran medida los bajos logros en calidad y cobertura de los servicios de educación, salud, escasa calidad de la infraestructura productiva del país y la poca efectividad de la política social de los últimos 20 años para combatir la pobreza”, resumió Matamoros. (JB)

DATO
Países como Costa Rica, Panamá y la República Dominicana empezaron a atacar la corrupción en la década del 90, si Honduras hubiera hecho lo mismo hoy tendría una infraestructura productiva y diversificada con un sector agropecuario más competitivo e insertado en el mercado mundial, se expone en el libro. Además, en el gobierno actual se podría avanzar de 17, a 25 por ciento con proyectos como una Cicih, abundaron los exponentes del informe.