Por: Oscar Estrada*
Esta semana diversos medios presentaron la noticia de que Estados Unidos, actor trascendental en la guerra contra las drogas, no hará ya su tradicional informe anual de monitoreo de cultivos de coca en Colombia. La noticia es relevante luego que en 2021 se detectaron en aquel país unas 234,000 hectáreas de cultivos ilícitos, la segunda cifra más alta en la historia del país suramericano.
La estrategia de monitoreo y fumigación en Colombia para erradicar los cultivos de coca ha sido columna vertebral de la Guerra que Washington libra contra el narcotráfico, tanto así que algunos analistas llegaron a afirmar que, durante el gobierno de Donald Trump, poco faltó para descertificar a Colombia, en su lucha contra las drogas, dado el aumento en hectáreas cultivadas.
La razón de Estados Unidos de ese cambio de estrategia no es otra que su necesidad de centrar esfuerzo en la lucha contra el fentonilo, principal enemigo en la guerra norteamericana. Se estima que el año pasado murieron cerca de 150,000 estadounidenses producto de sobredosis de fentonilo, algo que pone la producción de coca en un segundo plano en los intereses de las agencias.
Pero hay otra razón detrás de ese cambio, una que viene mencionándose desde hace varios años y había sido ignorada hasta ahora. En su libro “Narconomics: cómo administrar un cartel de la droga” Tom Wainwright, examina la economía y los negocios de la droga, explorando cómo funcionan los carteles, cómo operan sus negocios y cómo influyen en la economía global. El autor utiliza datos e investigaciones periodísticas para desmitificar los estereotipos y brindar una visión más realista y comprensiva de este fenómeno.
Wainwright examina cómo estos grupos criminales se organizan y operan utilizando estructuras jerárquicas similares a las de cualquier gran corporación multinacional, poniendo en práctica técnicas de gestión eficientes que les permiten mantener el control y la disciplina dentro de sus organizaciones. Además, analiza el impacto de la violencia en los territorios controlados por los carteles y cómo esto influye en la economía local.
Una de las ideas centrales del libro es que los carteles de la droga son, en esencia, empresas que operan en un mercado global. Wainwright explora las estrategias empresariales utilizadas por los narcotraficantes, desde la producción y el contrabando hasta el marketing y la distribución. A través de ejemplos concretos y casos de estudio, el autor muestra cómo los carteles aplican principios económicos y utilizan la innovación para mantenerse competitivos en un entorno ilegal y peligroso.
Además, Wainwright examina las políticas de drogas implementadas por los gobiernos y las instituciones internacionales, cuestionando su eficacia y sugiriendo alternativas. El autor argumenta que la lucha contra el narcotráfico se ha centrado principalmente en la represión y la guerra contra los carteles, en lugar de abordar las raíces económicas y sociales del problema. Wainwright también analiza cómo el dinero del narcotráfico se lava y se invierte en diversas industrias legales, y cómo esto puede distorsionar la economía y fomentar la corrupción.
En su argumento Wainwright ve cómo el serio problema de recursos humanos de los cárteles (que pierden constantemente su personal por muerte o encarcelamiento) se resuelve en las cárceles, verdaderos centros de reclutamiento y universidades del crimen, y cómo la destrucción de miles de hectáreas de hoja de coca en Suramérica, bajo la lógica de “al reducir el suministro los precios suben y baja la demanda”, solo afecta el 1% del precio final de la cocaína.
Esa es la principal causa por la cual Estados Unidos decidió suspender su monitoreo de plantaciones en Colombia. No funciona, nunca funcionó como estrategia en la guerra contra la droga. Los carteles mutaron, como deben hacer para sobrevivir, y ni un solo gramo de cocaína dejó de llegar a Estados Unidos producto de la destrucción de miles de hectáreas de tierra colombiana.
EEUU informa que ahora se regirá bajo el monitoreo que realiza la ONU sobre la extensión de los cultivos, algo que el alto asesor para el Atlantic Council y exembajador de Estados Unidos en Colombia, Kevin Whitaker, calificó como un desacierto de la Casa Blanca. “Los informes de la ONU son de buena calidad, pero se hacen distinto. La ONU lo hace yendo al país y buscando donde hay coca, mientras que el que hacía EEUU era basado en fotografías satelitales y eso abarca más áreas del país de forma eficiente y rápida, ya que pasar por todas las veredas es casi imposible”, dijo.
*Óscar Estrada (San Pedro Sula, 1974) es escritor, guionista y periodista hondureño. Autor del libro Tierra de narcos, como las mafias se apropiaron de Honduras publicado por Grijalbo en 2022.