Por: Cnel. de Av.(r) José A. San Martín F.
Nuestro país, y quizás muchos no lo sabremos, ha estado inmerso en muchísimos conflictos armadosJosé A. San Martín, proliferados en las épocas posteriores a la independencia del reino de España en 1821.
La pretensión de estas letras no persigue realizar una reseña amplia y detallada sobre los hechos históricos de estas luchas armadas, que, como veremos, tuvieron su origen en ambiciones políticas de los personajes protagonistas de dichas épocas, donde prevalecía el interés egoísta por lograr beneficios de orden político, económicos y hasta geopolíticos. No obstante, queremos observar y resaltar el papel silencioso, sumiso pero determinante, que jugaron los excombatientes de todas esas épocas de guerra, provocados y conducidos para satisfacer a políticos ambiciosos. De aquellas épocas a la actual, no hay muchas diferencias.
Sin alejarnos muy atrás de la época independentista, apenas seis años después de lograr, los estados centroamericanos, la independencia política de España, en 1827 y los dos años subsiguientes, el guatemalteco Manuel José Arce, liberal, traicionó sus principios político-ideológicos para, con el apoyo de los conservadores liderados por Mariano de Aycinena, intenta adueñarse y convertirse en dictador de Centroamérica, comisionando al general José Justo Milla, hondureño, inicialmente invadir al Estado independiente de Honduras. Esta ambición política provocó la muerte de muchos hondureños y guatemaltecos producidos por los fieros combates entre las fuerzas de Arce y las de nuestro paladín, Francisco Morazán, quien, como liberal, defendía los principios de libertad, evitando las pretensiones del dictador Arce. Las batallas ocurridas durante este conflicto demostraron, no solamente la calidad del genio militar que poseía nuestro prócer tal y como lo destacan las batallas de La Trinidad y El Gualcho, sino su visionario ideal político de la unidad centroamericana. Murieron muchos combatientes, campesinos de toda C.A. que enfrentaban la lucha con pocos fusiles, pero muchos machetes. Es vasta la información histórica que relata detalladamente la gesta heroica de nuestro paladín para lograr la unión política de la región.
Sin muchos años de espera, aparece la llamada “Guerra Antifilibustera” que provocó la unión de los países centroamericanos (Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica) para que con sus ejércitos conformaran un bloque de defensa regional frente a la pretensión de anexar a EUA la República de Nicaragua y seguramente todo el istmo centroamericano. Todo inicia cuando los políticos liberales nicaragüenses, con el afán de hacerse del poder, solicitan el apoyo de los EEUU y se comprometen, según el tratado Bryan Cole, a permitir que tropas norteamericanas ingresen a Nicaragua en apoyo a las pretensiones políticas de los liberales. Es así como las tropas americanas, al mando de William Walker, ingresan a este país para tomar del poder. Los pueblos unidos militarmente dan la lucha y muchas ciudades de Nicaragua, como Granada, Rivas, León, San Juan del Sur y otras, se bañan de sangre centroamericana. Según datos históricos se contabilizan más de 16,000 bajas como resultado de los combates. El esfuerzo centroamericano termino expulsando las fuerzas invasoras y el filibustero Walker terminó siendo fusilado (1860) en el puerto hondureño de Trujillo.
Otro suceso sangriento sucede cuando, 1863, por la ambición de políticos conservadores de Guatemala, que, liderados por Rafael Carrera, un independentista y antiunionista, o sea antimorazanista, se lanza militarmente contra El Salvador, en donde su presidente Gerardo Barrios, seguidor de las ideas unionistas de Morazán, y con el apoyo del también morazanista, el hondureño José Trinidad Cabañas, dan la batalla para evitar la ambición política de Carrera. De nuevo, más muertes de combatientes campesinos.
Apenas un par de años atrás, en 1860 se había suscitado otro conflicto, para nuestra época, extraño, porque en esa oportunidad los sacerdotes de la iglesia católica se habían sublevado contra el gobierno hondureño por no estar de acuerdo con la política de Francisco Morazán de establecer el Estado Laico y promover la libertad de culto. Muchos de los seguidores de las políticas eclesiásticas, apoyaron esta sublevación, con el uso de las armas, contra el entonces presidente José Santos Guardiola, quien finalmente aplacó la sublevación que se le llamó “La guerra de los curas”.
Como lo expresamos anteriormente, deseamos observar y hacer reflexionar sobre la relación político militar, cuya interacción cuando es negligentemente empleada o donde prevalecen los intereses personales y descuida el sagrado deber político de hacer crecer y desarrollar a los pueblos.
Continuará…
*Excomandante general FAH
Licenciado en CCAAMM