¿LOS PEQUEÑOS DETALLES?

ALUSIVO al editorial del inexorable pasar del tiempo, la conversación de madrugada, por mensajitos, con un viejo amigo fundador del colectivo: “Mi canción favorita” –escribe– y manda el hipervínculo de la letra y la interpretación en concierto de Marco Antonio Muñiz y José José, en hermoso dúo. Transcribimos una estrofa de la canción: “Sabia virtud de conocer el tiempo/ A tiempo amar y desatarse a tiempo/ Como dice el refrán: Dar tiempo al tiempo/ Qué de amor y dolor, alivia el tiempo/ Ignoraba yo aun que el tiempo es oro/ Cuánto tiempo perdí/ Ay, cuánto tiempo/ Y hoy que de amores ya no tengo tiempo/ Amor de aquellos tiempos, cuánto añoro/ La dicha inicua de perder el tiempo”. “Fíjese usted –le respondimos– y yo que fui a una presentación al Maya, cuando vino a Tegucigalpa Marco Antonio Muñiz”. “La sola remembranza todavía percibe el eco de los resonantes aplausos del público de pie, cuando cantó La Bikina, de Rubén Fuentes y Pasillaneando, de José La Riva Contreras”.

– “Y buenas presentaciones que había en el Hotel Maya – contesta- el bar El Candelero que estaba arriba, era un lujo en esos días; llenaban el hotel con la presentación de artistas de clase mundial que venían a Tegucigalpa”. “Si lo va a ver ahora, se sorprende de lo pequeño que es el área de restaurante, pero sí metían 400 personas que pagaban por el espectáculo; siempre bien exclusivo y todos los comensales éramos conocidos”. “No había casi nada de seguridad y eso que el general López, en el puesto de presidente, era cliente asiduo del lugar”. “Una vez que mi mamá me mandó a traer a mi papá como a las 12 de la noche, lo vi salir del Hotel Maya, montarse en su carro y salir manejando solo para su casa hasta Lepaterique”. “Buenos tiempos, qué dicha que los vivimos, pobres de nuestros hijos que ahora sus experiencias son virtuales”. La doctora amiga: “Leyendo estos dos últimos editoriales describiendo perfectamente lo que hemos vivido, me hizo recordar, en el caso de los telegramas en especial, la alegría que sentía cuando recibía de mis papás un telegrama, estando interna en un colegio de Tegucigalpa, a 7 horas de distancia de mi casa, en aquellos tiempos”. “Cómo valorábamos y nos llenaban los pequeños detalles que en estos tiempos añoramos, que se han ido y reemplazados por la indiferencia, apatía, materialismo, fría tecnología, etc.”. “Pero a pesar de todo, en nuestro círculo familiar y amigos de la época, vamos dejando en la conciencia de quienes nos rodean, mucho de lo valioso que tuvimos la oportunidad de tener y que no se compra con ningún dinero del mundo”. “Como diríamos, nos vuelve mentores”. “Siento que no todo está perdido, aunque la realidad nos vaya consumiendo”. Gracias por evocar en nosotros esos sentimientos, con sus editoriales, que nos hacen producir estas expresiones”.

“Ja, ja, ja, porque lee mucho sé que conoce a Jean de La Bruyère”, escribe la amiga sobre esta parte final de editorial: (Finalizo con este pensamiento que manda una abogada, de un escritor francés del siglo XVI: “No hay más que tres acontecimientos importantes en la vida: nacer, vivir y morir. No sentimos lo primero, sufrimos al morir y nos olvidamos de vivir”). Y continúa diciendo: “El relato de su amigo me recordó que cuando me divorcié, mi abuelita, sin que yo le hubiese contado, pero sabiéndolo todo, dándome un abrazo me dijo «la vida es muy corta para no ser feliz». Ella estaba en sus 80 y yo en mis 30”. “Ese comentario me abrió los ojos de una forma indescriptible”. “Ella había vivido más de medio siglo que yo, y la vida le parecía corta”. Otra especialista amiga: “Buenos momentos los vividos a pesar de los golpes que nos da la vida, tienen para mí gran valor mi familia y la verdadera amistad”. “Venimos a este mundo con un propósito, quizás, y para mí es de crecimiento espiritual”. “Yo creo que algunas personas se reencarnan para vivir de nuevo”. “Yo no deseo regresar a este mundo tridimensional, donde existen más dimensiones inexploradas”. “Creo en la vida espiritual y el alma superior, y si es desde el punto de vista cuántico, prefiero ser energía cuántica”. Cumplido de una buena amiga: “Usted todo lo hilvana bien, hace de la suma de todo un poema”. (Ya que iniciaron con las canciones –entra el Sisimite– la jurista amiga nos recomienda que escuchemos “Me Olvidé de Vivir”, la canción favorita de un tío suyo al que quiso mucho. “J’ai oublié de vivre”, en su título original, interpretada por el cantante francés Johnny Hallyday. – Lo que supe de mis papás –interviene Winston– fue que la adaptación en español fue de Julio Iglesias con otros compositores. Es una balada sumamente nostálgica evocando la futilidad de la vida al no dar importancia a los pequeños detalles).