Presas de Támara vuelven a celdas separadas, con el doloroso recuerdo de la masacre de sus compañeras

La cárcel de mujeres de Támara volvió a la normalidad este fin de semana, con el regreso de las presas en recintos separados y las visitas de sus familiares bajo nuevos controles de la Policía Militar, encargada de los centros penales del país, después de la masacre de 46 privadas de libertad perpetrada precisamente en este reclusorio, el pasado 20 de junio.

El regreso de las más de tres mil privadas de libertad a sus bartolinas supone al mismo tiempo un doloroso recuerdo para muchas de ellas, que presenciaron el asesinato a sangre fría de sus compañeras. Otras vieron de cerca la muerte y ahora, por milagro divino, están vivas para contarlo.

“Obviamente, no quisieran regresar, muchas siguen con pesadillas, otras están nerviosas y traumadas, pero la vida en la cárcel debe continuar”, dijo a LA TRIBUNA el viceministro de Gestión de Riesgos (antes Copeco), Benedicto Santos, quien encabezó del lado de esa secretaría un contingente interinstitucional para apoyar con alimentos a las presas desde el día de la tragedia.

El viceministro Benedicto Santos dialoga con el jefe militar durante la entrega de alimento en el Centro de Adaptación Femenino de Támara, Francisco Morazán.

El funcionario señaló que ayer terminaron de entregar las últimas tres mil raciones de alimento que estuvieron compartiendo todos estos días con las presas a través de largas jornadas en la que participaron también sus compañeros de gabinete, José Carlos Cardona, titular de Desarrollo Social y Natalia Roque, de Derechos Humanos.

De este modo, agregó, las reclusas han sido reasignadas en módulos separados para evitar futuras confrontaciones entre las maras 18 y 13, que dominan el penal femenino a 41 kilométros al norte de la capital. Las presas que no pertenecen a ninguno de estos bandos, también tienen su propio confinamiento aislado.

Es a la mara 18 que se le atribuye la autoría de la masacre, pero las pesquisas continúan al interior del reclusorio, donde el recuerdo de la tragedia sigue intacto con cintas amarrillas acordonando la escena del crimen, hediondo, todavía, a sangre humana, según relataron empleados que han estado en labores de limpieza. Con el propósito de evitar trastocar los recintos bajo investigación y la seguridad de las reclusas, todavía no ha sido permitido el ingreso a medios de comunicación.

Más de tres mil raciones de comida entregó el gobierno diariamente desde el día de la tragedia, el pasado 20 de junio.

Santos aclaró que su rol dentro del presidio se limitó a preparar la comida en los patios y no entraron al lugar de los hechos, para no entorpecer las investigaciones aunque admitió que la escena del crimen fue contaminada desde el principio. Destacó las arduas jornadas de trabajo del personal del gobierno en movilizar la logística, cocinar los alimentos y repartirlos entre las reclusas.

Igualmente, aseguró que las visitas familiares ya están permitidas a partir del próximo fin de semana, pero aclaró que las nuevas disposiciones serán dictadas por las autoridades militares. (EG)

El gobierno proporcionó colchonetas nuevas para las reclusas como parte del apoyo para normalizar la vida en este centro penal.
Las visitas de familiares están permitidas a partir del próximo fin de semana.