Por: Marcio Enrique Sierra Mejía
El gobierno izquierdista que controla políticamente el Partido Libre en Honduras, en menos de lo esperado, nos ha conducido a su reprobación moral y han logrado convertir el modelo político de la refundación en un anatema.
El socialismo para la generalidad de los hondureños, por ejemplo, es considerado como un anatema actualmente. La ideología promovida por la Presidente elegida hace 18 meses, prácticamente la primera mitad de su gobierno, lo basan en un poder de gobierno autoritario, con fuerte componente tiránico y el ejercicio explícito de la violencia contra opositores. La instauración del socialismo está provocando que miles de hondureños mueran, emigren y se paupericen: por eso, hoy por hoy es un anatema.
En la actualidad, los ciudadanos ven personas que se definen socialistas mostrando conductas criticables, porque adoptan posiciones que bien pueden ser denunciadas ante la justicia, dado que sus conductas incitan a algún tipo de falta delictiva. Lo cual, hace que la acepción negativa de anatema sea el caso del socialismo hondureño. Se percibe un gobierno “fuera de límites” y poco benevolente, que ofrenda tributos a “dioses” desconocidos. Apartados del cristianismo y honrando prácticas mundanas reservadas para honrarlos. Están cayendo en lo mundano y buscan venerar personas y objetos entregados a ese mundo.
En un contexto cristiano el término anatema, se aplicaría a un gobierno que está maldito y que permanece fuera de la iglesia. En el antiguo testamento, se condenaba al exterminio de las personas o cosas afectadas por la maldición atribuida a Dios. Es una palabra que implica una noción de “excomunión” y, usada en el ámbito político, indicaría que el gobierno socialista que tenemos, peca o no le importa pecar porque le vale creer en la condena eterna.
Realmente, usar el término anatema para adecuarlo al escenario político es bastante inusual, extremadamente subjetivo; empero, lo utilizo para señalar el carácter que tiene el gobierno socialista “castromelista” actual que prima en Honduras, cuya principal motivación política, es destruir el Estado capitalista y, por ende, a la sociedad que se ha construido a lo largo de años de su dominación económica. Estamos sobreviviendo en un régimen de dominación política que no bendice, sino que maldice el desarrollo de Honduras porque desprecia el amor a Dios. Es un gobierno que tiende a apartarse de lo establecido con la idea básica de imponer su propia idea de sociedad.
En otras palabras, el socialismo tal como lo quieren imponer en Honduras entra en el concepto de anatema para nuestra sociedad, porque la mayoría de los ciudadanos hondureños, lo rechazan como cuestión maldita que no gusta mucho. Se percibe que los “castromelistas” tienden a “desplazar la creencia en Dios”, en el sentido de apartarlo o separarlo de la vida civil cotidiana. En su doctrina, tienen claro que existen valores cristianos que ya son obsoletos y deben ser superados, aunque sean dominantes en la idiosincrasia del hondureño. Es en un sentido tácito, un nuevo evangelio diferente al que ha sido anunciado a los hondureños. Y que implica la destrucción de lo ordenado en nuestra constitución. Es anatema porque predica una doctrina diferente a la que hemos aceptado y oído.