¿MAL ENDÉMICO?

MENSAJES del colectivo, a varios editoriales, que quedaron pendiente de publicar. La amiga jurista manda este poema de la escritora mexicana Rosario Castellanos, pionera en la defensa de los derechos de la mujer y pueblos indígenas: “Ajedrez”. “Porque éramos amigos y, a ratos,/ nos amábamos;/ quizá para añadir otro interés/ a los muchos que ya nos obligaban/ decidimos jugar juegos de inteligencia./ Pusimos un tablero enfrente de nosotros:/ equitativo en piezas, en valores,/ en posibilidad de movimientos./ Aprendimos las reglas, les juramos respeto/ y empezó la partida./ Henos aquí hace un siglo, sentados,/ meditando encarnizadamente/ cómo dar el zarpazo último que aniquile/ de modo inapelable y, para siempre, al otro”.

“Los últimos editoriales –dice un amigo– me han trasladado en tiempo y espacio a 1969 cuando durante el conflicto con El Salvador, en horas de la noche, nos reuníamos toda la familia en la sala de la casa, en la oscuridad, debido a la amenaza y tribulación de escuchar los P51 Mustang surcar los cielos de Tegucigalpa”. “En la penumbra podía ver el cambio de semblante de mi apá cuando decía: son los nuestros los Corsarios F4U”. “Esas reuniones de familia marcaron mi sentimiento de amor patrio”. “Fue la mejor clase que recibí de moral y cívica y de amor al país y la razón del porqué, ni por asomo, podemos permitir vulnerar su soberanía, identidad e integridad”. “Doy gracias a Dios por esas lecciones en casa”. “Lamentablemente, aquí casi todos viven en la oscuridad mental y oscuridad de compromiso y amor a la Patria que heredamos”. “La falta de confianza en lo nuestro, de identidad y de actitud patriótica, implorando a los extranjeros que hagan lo que nos corresponde, nos tiene peor que cualquier apagón de energía eléctrica”. Una abogada amiga: “Hasta para contagiar el hábito de la lectura se ocupa gracia”. “Por lo general en los colegios se deja la asignación y luego viene un examen escrito”. “El otro día una compañera de colegio recordaba que cuando en el colegio leímos Prisión Verde, ella no lo leyó y otra de nuestras compañeras se lo explicó y así obtuvo una muy buena calificación”. “No dijo nada sobre si este hecho la motivó a leerlo alguna vez”. “A propósito de ese libro y de cuando Las Tarántulas Atacan (bastante densos para un público infantil)”. “Siendo alumna de doctorado en derecho del trabajo, se los regalé a más de algún maestro (todos extranjeros)”. “Transcurrido un tiempo y en vista de que con uno de ellos coincidimos en un congreso –y me regaló un libro también sobre la historia de desaparecidos de su país– tuve la osadía de preguntarle si había gustado de los que yo le había regalado y me contestó: ¡Lindas historias! Y yo automáticamente respondí asombrada: ¿Lindas!?, si son terribles, y él solo sonrió”.

Otra abogada: “Ese chiste del infierno hondureño”. (Cada país tenía el propio, shocks en una silla eléctrica, una cama con clavos y el diablo que flagelaba; pero, a la inquietud ¿por qué en el hondureño había una gran fila esperando entrar? “Porque nunca hay luz, la silla eléctrica no sirve, los clavos de la cama se los robaron todos; y el diablo, como es paracaidista del gobierno, viene, firma y se va”). “Parece chiste –continúa diciendo– pero es anécdota”. “Aquí en la zona de Miramontes, Loma Linda, El Hogar y zonas aledañas hace una hora se fue la luz, con cinco efímeros intentos por reestablecerla y con la cantidad de electrodomésticos dañados por esos apagones”. “A mí se me dañó el congelador de la refrigeradora y una lavadora y ¿a quién reclamar?”. “La ineficiencia campea en estos lugares donde no existe la meritocracia para llegar a ocupar cargos públicos”. “En cuanto al hermoso hábito de la lectura, es una pena que tanta gente no haya adquirido ese hábito; el placer de leer es tan gratificante y pasar ese hábito de padres a hijos es muy importante”. “Con ejemplo es que se enseña”. “Si los padres no lo tienen, difícilmente los hijos lo tendrán y estos a su vez no lo trasladarán a sus hijos, por lo cual, nos hemos convertido en una sociedad inculta, ignorante, vociferante y mal educada”. (Es cierto –entra el Sisimite– que en los hogares los hijos toman ejemplo de sus padres. Sin embargo, si a la lectura –como era antes– se le acreditase un gran valor en la sociedad, insistiendo y repitiendo que quien lee es motivo de orgullo, independientemente que los padres lean o no, muchos hijos, por su propia autoestima, lo harían de cuenta propia. – Hay valiosas excepciones que ya lo hacen –interviene Winston– pero los padres, lejos de catequizar a sus hijos en las virtudes de la lectura, fueron los cipotes que los contagiaron a ellos, haciendo a los adultos adictos a los chunches digitales. Y ni hablar de las escuelas que sustituyeron los libros por pantallas. Y hoy, es un mal endémico –el hipnótico círculo perverso involutivo– todos parecen zombis. Ni los padres tutelan sobre el comportamiento deseable de sus hijos, digamos, sacarlos de esa nociva adicción digital, o siquiera limitarles su uso, motivándolos a activades que les permitan socializar y entretenerse en saludable coexistencia).