Ing. Manuel Antonio Trinidad Cruz
Hace poco tiempo recibí un correo de mi Amigo y Colega ingeniero Abraham Rodríguez con el título de “Tegucigalpa ¿Qué se Hicieron?? “en el que se recuerdan algunas cosas y personajes pintorescos de Tegucigalpa, pero se olvidaron como siempre de la hermana fea y pobre que creen que es Comayagüela, la cual tuvo y sigue teniendo personajes y lugares típicos de ensueño.
No acordarse del Padre Chilo el día de difuntos dándole serenata (léase responsos) a los que ya habían entregado el equipo. El Último Adiós, estanco que quedaba una cuadra antes de la entrada del Cementerio General, parada obligatoria al terminar de enterrar al amigo o familiar para calmar los efectos de la vela y donde dicen los adivinos los cadáveres volteaban la cabeza para dar el último adiós, y de allí su nombre.
Los cines Hispano y Moderno que, aunque pegados por atrás nunca estuvieron juntos, donde por 10 centavos mirábamos dos películas en galería y cuyas bancas de madera algunas veces servían de cama para ver las películas acostados, no en cualquier parte del mundo se daban esos gustos y las cuales se sentían blanditas; en el uno se veían las mexicanas y en el otro las norteamericanas.
Los antojos que vendían en sus aceras, enchiladas, cinco de yuca, cartuchos de semillas de ayote o cacahuates, confites moritas, chicles, bombones, colmenas, caramelos de mantequilla.
Los pastelitos de perro de la pajarita, en la esquina de las escuelas Lempira y Argentina, los barquillos con minuta y jalea de mango por 5 centavos, la chicha de la pulpería San José, o la de Don Porfirio, detrás de la iglesia Concepción, que era de las mejores, pero que no se la vendía si le decían Chicha, ganándose más bien una insultada y diciéndole que era “Refresco”.
Quién no se acuerda de EL PUNTALITO, esquina opuesta a la Farmacia Cosmos, La farmacia de sus Condones Predilectos en esa época, primer sitio en toda la capital que permanecía abierto las 24 horas del día, El Chicharrón, estanco famoso porque le daban de boca un Chicharrón Peludo con Tortilla, ¿ahora dónde?, enfrente estaba La 305, donde la boca eran las enchiladas con salsa de tomate de adorno y especialmente vendían cervezas bien eléctricas.
Los restaurantes El Élite, cuna de los mariachis y tríos para serenatas, La Magnolia con sus fresco de Piña con Uvas Verdes y el Coctel de Curiles en el Río Grill y en Grill Panamericano, ubicados en el área de los alrededores del parque La Libertad, al ser desplazado El Élite y demolida la vieja casona que lo albergó durante mucho tiempo el sitio fue ocupado por Pollos La Casita para por último ser ocupado por un estacionamiento de autos del Banco Los Trabajadores, Banco que llegó a ocupar el local que ocupó en sus inicios “El Centro de Estudios Generales CUEG” y que antes había ocupado un teatro de variedades, pero no recuerdo su nombre.
Para los bailadores y jugadores de lotería de cartón existió enfrente del cine Hispano el Salón Lorena, en el cual se jugaba la lotería todo el año excepto para los días de la feria de Concepción que iniciaba el 8 de diciembre y terminaba el 6 de enero en el que se convertía en salón de baile.
Los Maricones, disculpen, Gays, siempre han tenido cabida en los personajes típicos de los pueblos y Comayagüela no se quedó atrás, ya que además de Maruca la que vendía Bloomers como Mantelitos para tapar el pan, Mono Pipa, Chito Paletón, Winston y Juan Pedo de Mula que vendía cacahuates en el Hispano y otros que después se fueron degenerando además de Pedrito Rico le daban alegría al ambiente, pues nunca le faltaron el respeto a nadie por decir Perdónenme que les dé la espalda.
Desaparecieron los Pan Blancos, Pan de Agua, Pan Cachito, Campiranas, Revueltas, Patonas, Atoradores, Chambergas, Hojaldras, Galletas Simples en forma de almohadita, Galletas de Soda, Galletas Marías, Semitas Pelonas, Semitas de Manteca, o simplemente Semitas, las tajaditas de plátano llamadas Vitaminas y la Chicha de Calaguala llamada Quiñoscola que hacia un señor trigueño de apellido Quiñones.
Apareció el cine Lux para la barriada, cuando Comayagüela fue creciendo hacia Villadela, El Calvario, Barrio Lempira, El Aliviol, Belén, Monseñor Fiallos, que ya tenían una población grande. Salió después el Centenario, como respuesta de Comayagüela al Presidente de Tegucigalpa que en su final el primero quedó de supermercado y el otro de capilla evangélica. Terminó la época de los grandes cines con el Roxi que terminó de Hospital y Los Obelisco que terminaron de capilla evangélica igual que el Hispano y El Moderno que terminó de estacionamiento; hubo un último frente al mercado de mayoreo de muy fugas existencia y hoy hay un local llamado MaMa Nila, no es Nila Mama, algo así como el MaMa Chepa, los dos en honor a la madre de unos señores cachurecos según me contaron.
Otro Estanco Famoso fue el de PIMPA, que me cuentan tenía un rótulo que decía “AQUÍ SE BEBE POR LA BOCA”, que cuando un neófito llegaba a tomarse un trago y pedía La Boca, la estanquera no muy cortésmente le decía “y por donde te lo zampaste Hijo de la Gran Patria, estas últimas palabras obviamente eran otras.
Famoso fue el Espagueti que vendían a Un lempira en el Cristian Bar, ubicado en la zona espacial de Comayagüela llamada así porque tres de las cuatro esquinas tenían los siguientes nombres Satélite, Mariner IV, Sputnik salvándose solo el Cristian Bar de formar el Cabo Cañaveral que existió en la 7th Avenida y 6th Calle.
Si no fueron a Las Tablitas de Martha Molina, no conocieron el último burdel legal que existió en la parte céntrica de Comayagüela y si no tuvieron una aventura con La Chela o Pelo Rubio, se la perdieron, lo que se comió es el equivalente de ir a la Luna Tres Veces, aunque también fue famosa La Coneja en El Tamboril, la Ballena que quitó la inocencia a la mayoría de los que estudiaron en el Instituto Central cuando el uniforme era Gris y de saco.
Cuando todavía no existían los Blue Jeans, había dos sastrerías que hacían los pantalones azulones llamados Cachamblack, Una en Tegucigalpa “Los Dos Toros”, que creo todavía existe, y otra en Comayagüela “El Elefante” que quedó frente al antiguo Colegio San Miguel al Inicio del Puente Carías, donde estuvo la empresa de Transportes El Rey y que desapareció cuando hicieron el Mercado Las Américas.
Del Parque Colón, solo queda el recuerdo de la estatua de Colón dándole vía a los que necesitaban hacer sus necesidades fisiológicas, mandándolo a C…. r al río, posteriormente lo mandaron a darle vía a los aviones donde fue fusilado por los apaches de Copán y decapitado, su fin fue tan lamentable que cuando el Mitch, el río arrasó con la instalación de Mármoles de Honduras muriendo ahogado, no se sabe si sus restos fueron recuperados para su reconstrucción. Aunque es más barato comprar uno nuevo.
En la esquina Sur -Este del viejo Mercado San Isidro, cuando todavía no lo habían quemado, existió en una casita de bahareque, donde empieza a tomar altura la avenida Centenario es decir en la 6ta avenida y 3ra calle, había un estanquito donde el Padre Chilo se iba a tomar sus jarabes para combatir su ronquera crónica; resulta que un día mientras se tomaba su medicina reventó un pleito entre dos indios parroquianos del lugar llamado El Chorrito, y mientras los indios se liaban a trompadas, el Padre Chilo después de haberse terminado su jarabe decidió hacer el famoso Avión, no eran jet en ese entonces, pero igual el Padre Chilo se peló la tuza, pero detrás de él también se pegó la estanquera gritándole “PADRE CHILO Y EL OCTAVO” y él le respondió “NO MATARÁS” en alusión a uno de los mandamientos que él relacionó con el Octavo.
Cuando la Zona Roja estuvo en la 9na Calle entre 5Ta y 6Ta avenidas, antes de ser desterrada a los barrios Belén y Monseñor Fiallos, donde ya casi no queda huella, un lugar que dio fuego fue el Bambú Room, con carne importada de El Salvador a precios módicos y de lo mejor del rastro nacional. Siguiendo la misma calle, pero rebautizada como Calle Nixon, por que por allí pasó el viejo ese a una chupa que le hicieron los lambiscones de siempre en el Country Club, el mejor sitio que había en ese entonces y el más escondido por su lejanía, en la bifurcación de dicha calle a la posta de Belén estaba La Casa de Piedra, donde estaban las mejores pollas del gallinero y solo era visitado por los magnates de ese entonces que les gustaba comer y chupar bien.
El primer centro de gran clase, el decano de los Lupanares fue el “BAR FLORES DE NAVIDAD” situado en la esquina que forman la 4ta avenida y 9na calle donde solo los señorones de allá por los años 50s se iban a encerrar cuando las doñas los corrían, o agarraban un patín de 11 mil vírgenes, solo gente de altas varas se le ocurría asilarse en esa embajada.
Los Salones de Billares, juego tan bonito y como deporte singular. Las Tahúres o Taures, se encargaron de degenerarlo pues lo hicieron un vicio, de ellos recuerdo el del Negro Gilberto, situado en la 7 Ave entre 1ra y 2da calles, Los Petete, situado en la 5ta Ave entre 4ta y 5ta calles, El Tecolotillo en la 3ra Ave y 3ra calle, junto estaba el estanco de La Zarca, más arriba los billares Libertad situados en la esquina de la 3ra Avenida, 6ta calle, esquina opuesta al parque La Libertad frente a la Escuela de Bellas Artes, Billares Iris, en la 6ta calle entre 5ta y 6ta Ave, con sus coimes Guayabo, Pajarón y Ángel, El Tecolote, frente al cine Hispano, igual Los Moderno, frente al cine del mismo nombre, Chamón, ubicado en la 5ta Ave frente a lo que hoy es la sucursal del Banco Central de Honduras y Los de Panchita en Villadela, en la 6ta Ave media cuadra antes del Puente Relleno.
En Semana Santa, disminuía el tráfico de vehículos, y como siempre ha habido feriado era el tiempo propicio de armar unas buenas potras en la calle poniendo unas turuncas de porterías, Las viejitas decían “Bandidos dejen de jugar que están pateando al Señor”, pero igual uno seguía jugando la potra. El Viernes Santo, antes de la procesión del Santo Entierro, íbamos a ver los cipotes que se estaban bañando en la Poza de La Culebrita, que quedaba al inicio de la 6ta calle, esperando ver que los irrespetuosos se convirtieran en peces ya que para esa época decían que el que se bañaba en ese día se convertía en pez, que inocencia la de ese tiempo.
Para el mes de diciembre, era lo especial para jóvenes y viejos, pues empezaba la feria de Concepción, donde había desde carreras de cinta,, Palo y Chancho ensebado, juegos de béisbol en El Obelisco, partidos de fútbol inter barrios, juegos de basquetbol en la escuela Argentina, peleas de boxeo, entre las cuales Kid Carioca se enfrentaba a cualquiera del público y lo premiaban si le aguantaba un round, resulta que una vez a un maricón al que apodaron Kid Casique lo engancharon para que se subiera al ring, y cual no fue la sorpresa que noqueó al Kid Carioca y desde entonces se retiró del boxeo y se dedicó a vender pastelitos de perro en el estadio.
Hacían un radio teatro en el cual cada escuela de las de Comayagüela presentaba cada día una representación de una velada, que era una especie de acto cívico, en ese entonces las escuelas públicas tenían el mismo calendario académico que hoy tienen las escuelas bilingües, es decir, en ese tiempo estaban en clase, seguidamente había un concurso de aficionados, donde artistas de los diferentes barrios llegaban a demostrar sus virtudes apoyados por la barra del barrio, que muchas veces se les daba vuelta y los silbaban. La función terminaba con una película al aire libre, en algunos años el cine público se hizo al costado norte de la iglesia.
Eran famosos los Chinamos donde se jugaban los juegos de azar, Naipe, Chivo, Chingolingo, Lotería de Cartón, además de los adivinos, la Mujer Culebra, etc. La Rueda de Chicago, Las Sillas Voladoras y Los Caballitos de Terencio y el Trencito, que desapareció para nunca más volver, su última aparición fue en unos solares de un señor de apellido Tejada en la 7ma avenida y 6ta calle.
Los Ponches Infernales, con piquete y sin piquete y las empanadas de Plátano con Atolillo y los Sanguches de Basura.
Por ahora no me quiero despedir sin mencionar El Vacilón, sitio que se ubicaba frente a lo que hoy es el Mara Mall, a la orilla del río, donde se bailaba los domingos y también se mojaba el muñeco, muchas personas se ahogaron al tirarse a nadar en la poza que allí existía, hoy se ríen al ver semejante pedrero y no creen que allí pudo ahogarse persona alguna.
Y hablando de pozas, donde la juventud de mi pueblo iba darse su chapuzón les cuento que las famosas empezaban en la confluencia de los ríos Grande y Chiquito, donde hoy es el mercado La Isla y que era el sitio ocupado por los Lustra Botas de ese tiempo, al terminar el campo La Isla, enfrente estaba un aserradero y a la orilla descargaba el aserrín para que en invierno el río lo arrastrara, allí estaba La Culebrita o La Tercera, La Quinta estaba en la confluencia del río Grande y El Guacerique, frente donde actualmente están ubicadas las instalaciones del SANAA en El Obelisco, más arriba estaba la poza de La Granja ubicada frente a las canchas del Club del Banco Central y el Canalón frente al Club del Banco Centro Americano. La poza más alejada por ese rumbo fue la de La Campana, frente a las instalaciones de Mármoles de Honduras en El Loarque.
Por el otro rumbo, estaba la Poza de Las Lucias ubicada donde actualmente hay un puente que conecta la colonia bajos de Tiloarque, la Venezuela y La Flor del Campo con la San Francisco, terminando donde hoy es la presa de Los Laureles.
Los Carros Fúnebres, aquellas chacharitas grises, engalanadas con unas esculturas de ángeles en las cuatro esquinas de los vitrales de la carrocería, donde se supone llevarían el ataúd, pero que nunca lo hacían porque en ese entonces los amigos si le daban a uno la última paseada en hombros y a güevos lo pasaban por frente a la iglesia para que le dieran el último adiós con las campanas, ahora ya ni eso, ahora llevan el difunto como entierro de pobre y hasta se cruzan los semáforos en rojo para irlo a dejar a la chingada grande donde hoy quedan los cementerios.