¿CÁRCELES O REINSERCIÓN?

UN lamento de dolor estremece los asolados recintos de CEFAS. Siglas del Centro Femenino de Adaptación Social. Pero como aquí existe la quimérica ilusión que, cambiando el nombre a las cosas o con una nueva ley, va a arreglarse lo malo, ese infierno, de cierta fecha a acá, adquirió otra denominación: Penitenciaría Nacional Femenina de Adaptación Social, PNFAS. No que el espeluznante baño de sangre perpetrado allí — las víctimas 48 privadas de libertad– haya ocurrido como caso excepcional o de forma insospechada. Los centros penitenciarios, en los últimos meses, han sido escenario de mortales enfrentamientos armados –cobrando la vida de presos y custodios– cual campo de Agramante. Desde que el primer hecho sangriento, acaecido en una de las cárceles de alta seguridad, conmocionó a la opinión pública, la autoridad informó que estaba instruyendo “medidas urgentes” dizque con la intención de retomar el control de las prisiones.

¿Cómo se explica que los reclusos disfrutaran de cómodos sistemas para comunicarse al exterior de los presidios y dispusieran de un surtido de armas de todo tipo, ocultas en los calabozos? Anunciaron, dentro de las diligencias adoptadas, un rastreo meticuloso de las armas. Sin embargo, no cesaron los fatídicos episodios. El desbarajuste imperante fue a parar a manos de la viceministra de Seguridad quien al tomar las riendas del espinoso problema dispuso una intervención total de los centros de detención. La dramática secuencia de atrocidades registradas ha sido divulgada con pormenores de detalles por este periódico y otros medios de comunicación. Igual se han difundido los clamores y los pesares de funcionarios nacionales e internacionales. La Casa de Gobierno dispuso separar de su cargo al ministro de Seguridad. Los datos iniciales daban fe de la muerte de 41 reclusas, pero el número aumenta –ahora son 48– cada vez que cuentan. La Policía cree “haber identificado 12 personas involucradas en los asesinatos”, ah, y que en las operaciones –insólito–“decomisaron 21 armas”. Las pesquisas revelan que “un grupo de mujeres, presuntamente de una pandilla, atemorizaron a los guardias penitenciarios, los redujeron a la impotencia, les quitaron las llaves e hicieron cambio de candados”. Probando si la inteligencia artificial tiene indicios de ¿qué hacer? que a la inteligencia ordinaria no se le haya ocurrido, consultamos la GPT-4. Esta es su contribución: “Es una tragedia que nos confronta con las profundas fallas de nuestro sistema penitenciario y nos obliga a reflexionar sobre la urgente necesidad de implementar cambios significativos en este ámbito”. “La pérdida de 48 vidas en este incidente es una afrenta a la dignidad humana y un recordatorio desgarrador de las condiciones inhumanas a las que están expuestas las personas privadas de libertad en nuestras cárceles”. “El CEFAS, como institución encargada de la reinserción y rehabilitación de mujeres, debería haber sido un lugar de esperanza y transformación, pero en cambio se convirtió en una escena de horror que dejó un rastro de sufrimiento y muerte”.

“Es imperativo que las autoridades y la sociedad en general aborden esta tragedia de manera decidida y valiente”. “Para ello, se requieren acciones inmediatas y a largo plazo que aborden los problemas estructurales y sistémicos que han permitido que situaciones tan catastróficas ocurran en nuestros centros penitenciarios”: “1. Una investigación exhaustiva para identificar las responsabilidades individuales y colectivas para que aquellos que hayan cometido negligencia o hayan permitido esta tragedia sean llevados ante la justicia”. “La impunidad no puede ser tolerada cuando se trata de la pérdida de vidas humanas”. “2. Implementar medidas urgentes para garantizar la seguridad de las personas privadas de libertad –respeto a sus derechos humanos básicos– en todos los centros penitenciarios del país”. “Esto implica mejorar la infraestructura, fortalecer la seguridad interna y asegurar que existan protocolos eficaces para prevenir y responder ante situaciones de violencia”. “3. Sin embargo, es crucial reconocer que la solución a largo plazo no reside únicamente en una respuesta punitiva o en el fortalecimiento de las medidas de seguridad”. “El sistema penitenciario debe ser reformado de manera integral, centrándose en la rehabilitación, la reinserción y el respeto a la dignidad humana”. “4. Esto requiere invertir en programas de educación, capacitación laboral y atención médica y psicológica dentro de los centros penitenciarios”. “La reintegración exitosa de las personas privadas de libertad en la sociedad depende de su preparación para enfrentar los desafíos una vez que cumplan sus condenas”. “Esto implica brindarles las herramientas necesarias para construir una vida digna y productiva”. (Winston y el Sisimite: “Amén”).