Por: Héctor A. Martínez (Sociólogo)
No es fácil desentrañar los vericuetos de la historia, ni interpretar el cúmulo de información y desinformación que nos cae a toneladas a cada segundo. Es más: ya nadie sabe de cuál lado está la razón, ni en dónde se parapetan las verdaderas causas de los conflictos sociales. Los problemas que atraviesa un país, sin embargo, no pueden desligarse de los sucesos mundiales. Al ignorar esta conexión corremos el riesgo de perder la perspectiva, y caer en vanas abstracciones, que lejos de aclarar las cosas, las terminará enturbiando.
Eso sucede con la guerra comercial y geoestratégica entre los Estados Unidos y China continental. Hoy en día, casi todos los países tienen que ver en este enfrentamiento que nos recuerda mucho a la Guerra Fría; unos más, unos menos. Algunos países como el nuestro, se han convertido en un objetivo de segunda mano para el gigante asiático, mientras que en Estados Unidos ven con estupor como nos deslizamos de su mano protectora. Lo de “segunda mano” lo decimos porque aún no somos tan importantes en términos comerciales -y quizás nunca lo seremos-, pero sí desde el punto de vista geoestratégico.
En otras palabras, China continental busca el liderazgo del poder mundial tal como lo han hecho los Estados Unidos en el pasado, pues sucede que los imperios llega el día en que se deterioran, mientras otros van tomando un auge económico que los coloca a la vanguardia del orden mundial. Bajo esa perspectiva, China amplía sus fronteras comerciales a través de una abrumadora avalancha de productos que inundan los mercados mundiales, compitiendo en precio -pero no en calidad- con las marcas occidentales, y desensamblando, de cierta manera, la cadena de abastecimiento de miles de empresas alrededor del mundo.
Los más interesante se centra en los movimientos geoestratégicos, porque la idea de que Honduras podría convertirse en una base militar en el futuro no es del todo descabellada, de lo contrario no tendría sentido la presencia china en nuestra vecindad. Es bastante probable que en poco tiempo seamos testigos de ejercicios militares conjuntos, y del fortalecimiento de una cooperación de todo tipo entre los dos países.
En estas lides por mantener la hegemonía mundial, nuestro pequeño país no puede hacer más que suscribir tratados comerciales a corto plazo, y militares en el futuro mediato. Antes que eso suceda, habrá una “ofensiva” comercial, diplomática, y cultural abrumadora, sobre la cual tendremos que hacer un análisis de impacto en unos dos años, antes de las elecciones del 2025. En esta relación, estamos claros, poco podemos ofrecer, más que una posición geográfica envidiable. Detrás de eso andan los chinos.
En este rio revuelto, con China actuando de agitador de aguas y de pescador principal, habrá algunos ganadores locales y grandes perdedores, mientras una nueva élite política y comercial terminará por arrinconar a la tradicional, si ésta no se apega al nuevo orden. Es bastante probable que asistamos al epitafio de todo el funcionamiento de las estructuras institucionales y sociales de nuestro país, salvo que ocurra un giro radical en los próximos meses. Porque, una cosa es segura: para asegurar su hegemonía diplomática, China tendría que asegurar el continuismo del partido en el poder, algo a lo que está acostumbrado el Partido Comunista y que le ha dado buenos resultados en términos de controles mediáticos, y de cercos a la disensión. Según el análisis del medio “Expediente Público”, a China le sale más barato comprar voluntades en los gobiernos, que hacer campañas diplomáticas; o deslumbrar a los políticos y periodistas invitándoles a conocer su país, haciéndoles creer que son muy importantes en la nueva relación. Así se garantiza el apoyo mediático.
¿Hasta dónde llegará la influencia china en nuestro país? Hasta donde le permitamos interferir en nuestros asuntos y en nuestro suelo. Por ello, se advierte, debemos ser muy cuidadosos a la hora de firmar acuerdos, en los que debe prevalecer el principio de soberanía y autodeterminación, algo que se promueve mucho en las esferas de nuestro Gobierno.