Óscar Lanza Rosales
Con la visita de la Presidenta Xiomara Castro a China, Honduras se suma al esfuerzo de esa nación para avanzar en su hegemonía bipolar para dominar el mundo, y hacerle contrapeso a Estados Unidos, particularmente en América Latina (AL), donde la mayoría de países ya han establecido relaciones con el gigante asiático. China forma parte del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que en la actualidad se ha fortalecido, con Lula, y los demás gobiernos de izquierda de AL, y la estrecha relación de China y Rusia.
Quiero compartir con ustedes tres asuntos, en este nuevo camino que ha tomado Honduras.
El primero, es mi experiencia personal, de un viaje que realizamos con mi difunta esposa y uno de mis hijos en 2015, al sudeste asiático, incluida China, como principal destino. Vimos que la revolución dogmática del Partido Comunista, encabezada por Mao Tse-tung, de octubre de 1949 a 1975, quedó atrás, con el surgimiento del gran reformador moderno, visionario y pragmático, Deng Xiaoping, que gobernó de 1976 a 1990, abandonó la planificación centralizada y promovió la gran apertura de China hacia el mundo, ocupando en la actualidad el primer lugar en la economía mundial. Deng hizo famosa aquella frase: “No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato”. Según los analistas, sus años de gobierno son los mejores de China en el siglo XX, tanto por las reformas, como el rumbo que le imprimió a la nación. Lo que vimos fue un país capitalista, con un modelo de economía social de mercado muy competitivo, a lo interno como a lo externo, con gran protagonismo del capital privado, especialmente las empresas multinacionales -sobre todo estadounidenses- con la participación obligatoria de capital chino. El transporte es impresionante, en particular los trenes de alta velocidad. Lo mismo que los aeropuertos, carreteras, metros y sus terminales son de primer nivel. Su novedosa cultura tradicional, fue una gran experiencia.
Lo segundo es la conducción del país por el Partido Comunista de China (PCCH, el único), pero no a la zumba marumba. Tiene su estructura: el Congreso Nacional del PCCH (la autoridad suprema en las decisiones). El Comité Central (CC, define las políticas y estrategias generales). El Buró Político (BP) incluye a los 25 máximos líderes -como el secretario general- que decide sobre las políticas más importantes. Y el secretariado que se encarga de la implementación de las políticas y decisiones del partido.
El PCCH es una minoría del pueblo chino, y para ser miembro del mismo, se tiene que seguir un largo proceso de selección de personal a base de méritos, igual al que utilizan las empresas en una economía de mercado.
Tercero: ¿qué se puede esperar de la relación con China? Para ellos, aumentar el comercio bilateral es prioritario. A todos los países los ha beneficiado, en especial a Brasil, que es su principal comprador, y Venezuela con el petróleo; ofrece financiamiento. Participó en la expansión del Canal de Panamá, y actualmente es su principal usuario; ofrece servicios de construcción en todas las áreas de infraestructura, energía, transporte, telecomunicaciones, agricultura, minería, entre otros; ha fomentado el turismo hacia México, Rep. Dominicana, Uruguay y Costa Rica, con vuelos directos; de Honduras, parece que les atrae las Ruinas de Copán; ofrece becas de estudios en China, intercambio académico entre universidades y cursos locales para aprender el mandarín; coopera principalmente en cambio climático, ciencia y tecnología e innovación.
De todo lo anterior, podemos concluir que China ha salido a flote con el capitalismo, puesto en práctica por Deng, en el cual han contribuido de manera significativa los países más ricos y desarrollados, con sus inversiones. Con Mao, al estilo de los actuales gobiernos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y China, jamás hubiera llegado a la posición cimera de prosperidad que ha llegado en la actualidad.
Un factor a tomar en cuenta, es que el PCCH, pese a su carácter dictatorial, en el caso de las reformas de Deng, su desempeño político y de gestión, se ha basado en la meritocracia.
La alfombra roja para Lula, Xiomara y los demás gobernantes de izquierda, bajo la concepción de Deng, es intrascendente. Se la puede poner a cualquier gobernante de derecha como Bolsonaro y Piñera, lo importante es que los países contribuyan a lograr su hegemonía.
Ojalá que el gobierno de la Presidenta Castro, resuelva en el cortísimo plazo, compensar con China, el apoyo que nos venía prestando Taiwán, con los becarios, y las importaciones de camarón, melón y café.