El cuarto poder

Por: José Luis García Romiro*

Con esta expresión suele aludirse a la prensa, alineándola con los otros tres poderes del Estado: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. El primero que utilizó esta expresión aplicada a la prensa fue Honorato de Balzac en un artículo publicado en “Revue Parisianne” (de la que era director) en agosto de 1840. Dice así el texto: “La Prensa es, en Francia, un cuarto poder dentro del Estado; ataca a todos y nadie la ataca. Crítica sin razón ni certeza. Pretende que los políticos y hombres de letras le pertenezcan y no quiere que exista reciprocidad; estos hombres deben ser sagrados para ella. ¡Hacen y dicen disparates tremendos! Es hora de discutir a estos hombres desconocidos y mediocres que ocupan un lugar importante en su época y que maravillan una prensa equiparable en producción a la edición de libros (…) Si la prensa no existiera, no habría en absoluto que inventarla” (cita tomada del artículo “El Cuarto Poder, de Jean Daniel, El País, 13-IX-1987).

Al expresarse de ese modo, Balzac respiraba por su herida, ya que había experimentado en su propia carne el excesivo poder de los periodistas de su época. Al alinear a la prensa con los otros poderes del Estado, nos está diciendo que se trata de un poder ante el cual no hay recurso ni apelaciones, tal como

ocurría con los otros tres poderes. Ante ellos y según su experiencia, el individuo está desarmado.

La expresión debió de difundirse con cierta rapidez puesto que ya en la Historia de Inglaterra (1848-1861) del historiador y político británico Thomas B. Macaulay, leemos: “La galería del Parlamento en que se sientan los periodistas se ha convertido en el cuarto poder del reino”. Y Antonio Flores (1821-1866), en un artículo que titula “El Cuarto Poder del Estado”, dice: “El Estado y por el contrario, no anduvo en cuatro pies hasta que vino el periodismo a formar la cuarta pata de la mesa redonda conocida con el nombre de Gobernación del Estado; el cual estuvo cojeando hasta que el periodista se incomodó y les dijo a los poderes que formaban el trípode gubernamental: No andéis buscando tres pies al gato, que él tiene cuatro” (véase cap. 20 de la antología La sociedad de 1850, preparada por Jorge Campos, Madrid, Alianza Edit., 1968).

Palacio Valdés tiene una novela con el título de “El cuarto poder” (1888). En ella nos cuenta la gloriosa aparición en Sarriò de un periódico, que se llama El Faro de Sarriò, para librar la batalla del pensamiento. A este periódico le sale un contrincante, llamado El Joven Sarrinse, para replicar a su colega local y… ya tenemos el cuarto poder actuando en esta localidad dividida en dos bandos por sus ideas.

Hoy, más que el cuarto poder, se tiene a pensar que la prensa es un contrapoder, en cuanto utiliza la libertad de expresión para evitar que el poder se

ejerza arbitrariamente, exponiendo a la opinión de los ciudadanos, las luces y las sombras de los que lo ejercen. Se considera que el poder político ha de estar sometido a crítica porque tiene el monopolio de la violencia legal. La prensa libre actúa de control frente a posibles abusos de poder. También la prensa puede abusar de su poder. Pero ya decía Albert Camus: “Que la prensa sea libre, puede ser bueno o malo; una prensa sin libertad solo puede ser mala” (cf. Jean Daniel, Art. Cit.).

*“Biblioteca de consulta. Alianza Editorial”