64: un número para reflexionar y actuar

Guillermo Fiallos A.

La Secretaría de Estado de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales, ha decretado -tardíamente- alerta verde en 64 municipios del país, debido a que se aproxima una agudización de la sequía, en los meses de: junio, julio y agosto; significando esto, un grave riesgo alimentario y nutricional para cerca de 210,000 hondureños, agrupados en un aproximado de más de 51,000 familias.

El fenómeno meteorológico de El Niño, implica la ausencia de lluvias, temperaturas candentes, pérdida de cosechas, de ganado y, lo más preocupante, la presencia del hambre en varias comunidades de los departamentos de Choluteca, Comayagua, El Paraíso, Francisco Morazán, La Paz y Valle.

La temperatura ha aumentado en el océano Pacífico y las lluvias generadas desde Australia; ahora, van a precipitarse en el área de la Micronesia, no permitiendo a Centroamérica, recibir esta bendición del cielo.

Con la alerta decretada -que para algunos debería ser roja y no verde-, el gobierno busca a través de mecanismos interinstitucionales mitigar el hambre -en el denominado Corredor Seco-, de miles de compatriotas que año tras año, soportan la misma situación sin que nada ni nadie haya formulado planes y estrategias de largo alcance, para apoyar a esta pobre gente pobre, que sufre los embates del cambio climático, por medio de una danza cíclica de hambruna y desolación que puede superar el número de los 64 municipios.

Los campesinos y los hondureños con entradas económicas miserables están sin esperanzas y se sienten traicionados, pues pasan las décadas y cambian los personajes que dirigen el barco del Estado; sin embargo, no hay respuestas ni programas escalonados que se vayan adecuando a una crisis que se agrava con el paso del tiempo.

Por supuesto, el aumento de la temperatura del mar y la indeseable entronización de El Niño y sus perniciosos efectos; no son culpa de este ni de todos los gobiernos anteriores, ya que ellos no tienen dominio sobre los daños causados a la naturaleza a nivel mundial; sin embargo, sí, son ejemplo de pésimos administradores y de una despreocupación lacerante para los estoicos hondureños de tierra adentro; quienes no tienen acceso a micrófonos, cámaras de televisión, o aparecer en los noticieros o ser protagonistas de primera plana en los periódicos.

Esos hondureños que comen -cuando logran cortar de los árboles-, mangos o ciruelas tronadoras en el desayuno, almuerzo y cena; buscan desesperadamente cómo calmar la necesidad de alimentos en el estómago de sus hijos. Están atrapados entre la furia de la naturaleza y la negligencia de los dirigentes políticos.

Su realidad, luce alejada y hasta de ciencia ficción en las grandes ciudades ya que, en San Pedro Sula, La Ceiba, Tegucigalpa y otras más, la vida ha transcurrido siempre, entre el estira y el encoge de los bandos enfrentados, de la vanidad de muchos, del egoísmo del sector público y privado, del desentendimiento de los caballeros de corbata y de las damas de vestimenta de marca; quienes tienen como única deidad la búsqueda del dinero y del poder.

A estos pacientes compatriotas de tierras olvidadas, no les importa quién manda en el Estado, quién domina o derrota al otro, quién tiene acceso a chambas con sueldos estratosféricos, quién viaja y come langosta o caviar en el extranjero, quién grita más fuerte para descalificar al otro…; y tantas descripciones más de estas señoritas y señoritos citadinos, quienes tienen telarañas en sus desentendidos y oscuros corazones, por la ambición y el deseo compulsivo de poseer -aunque sea ilícitamente-, más bienes materiales.

Muchos se dicen humanistas y, otros, hasta van de rodillas donde la Virgen de Suyapa, pero no tienen ni sentimientos ni una fe limpia; pues pudieron y pueden hacer tanto por los hermanos del Corredor Seco, pero como estos no les van aumentar su poder ni sus fortunas; por tanto, han sido, son y serán un cero a la izquierda.

Hace varios lustros atrás se hubieran plasmado planes eficaces de cumplimiento obligatorio para gobiernos, que auxiliaran a esta gente abandonada y arrinconada por la muerte.

¡Dios tenga misericordia de estos hondureños, para que no continúen siendo azotados por el clima y la ineficiencia estatal!