“Los cínicos no sirven para este oficio”…

Por: Blanca Moreno (*)

Un joven escritor y preparador físico escribió, que en los últimos tiempos, en Honduras, “hemos perdido la esencia del periodismo”.

“En el desierto de los lamentos de las poesías rotas, de los periodistas olvidados y de los sueños usurpados, de las macabras verdades que diariamente nos desilusionan; emano a escribir que hemos caído en la vulgaridad…El periodismo nacional ha caído centenarios ríos abajo, sentenciado su poder de cambio y vilipendiado su esencia”, destacó.

Ya lo dijo el escritor polaco Ryszard Kapuscinski: “las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. Tampoco los malvados pueden ser buenos en otras ocupaciones y profesiones.

Como dice Ramón Ortega en Verdades amargas: “…pero siempre en conjunto defectuoso: hay rasgos de virtud en el malvado, hay rasgos de maldad en el virtuoso”.

Me referiré al escrito de este joven por dos motivos: Se trata del nieto del periodista Alejandro Castro hijo, primero en recibir el Premio Nacional de Periodismo “Álvaro Contreras”. Y porque a Gasparcito Vallecillo Castro lo conocemos desde que tenía tres años. Es hijo del doctor Gaspar Vallecillo Molina (QDDG) y Myriam Castro de Vallecillo.

Desde 1983, treinta y ocho miembros del Colegio de Periodistas de Honduras (CPH), han recibido el “Álvaro Contreras”, concebido como el máximo homenaje a los que ejercemos esta noble profesión, o mejor oficio del mundo, como decía el periodista y escritor Gabriel García Márquez.

Álvaro Contreras (1839-1882) fue un orador regional, un político perseguido y un periodista que dejó huellas imborrables en el siglo XIX. De sus escritos emana una inspiración integracionista: “Suprimid el genio de Morazán y habréis aniquilado el alma de la historia de Centroamérica”…

Puedo hablarles de cada uno de los galardonados -todos grandes profesionales de la comunicación-, pero lo haré de los más cercanos a mi trayectoria.

1. El recordado maestro Ventura Ramos, lo recibió en 1984, en el teatro Manuel Bonilla. Un hombre ético, culto y con un alto grado de solidaridad. Lo compartió con su familia y sus alumnos de Ética Periodística.
2. Adán Elvir Flores, dirigente gremial, quien concibió el Álvaro como sinónimo de valentía, ética y sacrificio de un hombre nacido en Cedros, Francisco Morazán y colaborador del prócer José Trinidad Cabañas. Elvir Flores citó en esa ocasión una pieza oratoria del director fundador de LA TRIBUNA, Óscar A. Flores Midence.
3. Elán Reyes Pineda. Escogido por su espíritu gremial y muy querido por servicial y don de gentes.
4. María Antonia Martínez, creativa, seria, capaz y disciplinada. La primera directora de un medio impreso.
5. Jonathan Rousell (QDDG), bibliógrafo, periodismo de opinión y humor. Protector de las nuevas generaciones.

En la entrada al nuevo milenio (2003) lo recibió la primera mujer Mirian Mercado. El CPH tiene deuda con otras que ya partieron como Nora Landa Blanco y Magda Argentina Erazo, quienes con Irma Santos, abrieron la brecha, cuando ser periodista, era solo de hombres.

Una empleada de HCH reclamó al CPH, porqué hasta ahora se lo dan a su jefe Eduardo Maldonado. ¡Para todos da Dios, menos arrebatando!

Eduardo descolló en sus crónicas descriptivas de tragedias humanas: “allá va la casita de la fulanita…”, relató después de una inundación, queriendo que le ayudaran. Es polémico en sus posturas políticas, sociales y comerciales. Ha roto esquemas, dándole participación al pueblo-pueblo. No emigró del gremio al convertirse en controversial empresario de medios.

El galardón es único y hasta lindo porque es el reconocimiento de los propios colegas. Cada quien es responsable de prestigiar o desprestigiar su premio. Lo selecciona un jurado calificador del CPH. Su fallo generalmente unánime es inapelable. Lo criticable es que ahora, violentando la reglamentación interna, dicen que sus nombres son secretos. Ojalá reflexionen, porque los hacen quedar como si fuesen de la “cosa nostra”.

Hay más colegas que también lo merecen, muchos más…

Diversas instituciones gubernamentales, políticas y privadas entregan reconocimientos. Y pueden hacerlo. Para gustos: colores. La actual administración los ha ridiculizado, otorgando diplomas y a sus “achichincles” o activistas, a diestra y siniestra.

Entonces, Gasparcito, don Alejandro entendería que el periodismo moderno, no es fácil. Por buscar primicias se rompen cánones, a veces valores y vidas privadas. Pero la esencia del verdadero periodista sigue intacta. Informar con la verdad (por dura que sea) es primordial.

Kapuscinski, Ryszard. Los cínicos no sirven para este oficio. Editorial Anagrama. 2002.

*Periodista. Alfabetizadora de Adultos.