José María Leiva Leiva.
Buscando películas en las plataformas de entretenimiento que fueran de interés de mis nietos, me topé con una preciosa película titulada “La telaraña de Charlotte”, un filme australiano-estadounidense en imagen real y animación por computadora de 2006, basada en la popular novela del mismo nombre escrita por E. B. White. Película dirigida por Gary Winick («Tadpole», «Guerra de novias»), que se beneficia de las voces originales de actores de la talla de Julia Roberts, Steve Buscemi, John Cleese, Oprah Winfrey, Robert Redford, Sam Shepard, y la banda sonora de Danny Elfman («Eduardo Manostijeras”).

La película es una adaptación de un best-seller infantil, escrito en 1952 por E.B. White e ilustrado por Garth Williams, de enorme éxito en todo el mundo, que vendió más de 45 millones de ejemplares y fue traducido a 23 idiomas. En 1973, Hanna-Barbera produjo una versión animada de «La telaraña de Charlotte».
La película comienza durante la primavera en una granja en el estado estadounidense de Maine. Cuando Fern Arable (Dakota Fanning) se da cuenta de que su padre planea matar una cría de cerdo por ser demasiado pequeña, exitosamente lo convence que no la haga. Éste da la pequeña cría a Fern, quien lo llama Wilfrido y lo cría como su mascota. Pero cuando el pequeño cerdo crece, Fern se ve forzada a llevarlo a la granja de su tío Zuckerman, donde muy probablemente será preparado para la cena de Navidad.

Es aquí donde entra en escena Charlotte, una araña que vive arriba del establo donde se encuentra Wilfrido; se hacen amigos y ella decide ayudarlo para que no sea asesinado. Con la ayuda de los otros animales del establo Ike el caballo, Samuel la oveja, Gussy y Golly las ocas, Betsy y Bitsy las vacas y la rata Emilio, Charlotte trata de convencer a la familia de que Wilfrido es un animal especial escribiendo mensajes en su teleraña. Cerca del final, Charlotte muere luego de poner huevos, nacen 514 arañas de las cuales solo 3 se quedan junto a Wilfrido.

“La telaraña de Charlotte, es un bonito cuento con moraleja, que invariablemente trae a la memoria a «Babe, el cerdito valiente» aunque sus efectos infográficos sean superiores. Es en esencia, puro cine de entretenimiento, ingenioso, divertido y entrañable con el que disfrutar y llegar a pasar buenos momentos e incluso aprender cosas del ciclo de la vida, la naturaleza, la amistad, la camaradería, su valoración de fidelidad a la palabra dada, e incluso, una reflexión sobre la muerte. Es cine del que, sin muchas explicaciones, ni grandes pretensiones, consigue resultar emocionante, emotivo y memorable”.
