Honduras, el país de la demogogia

Por: Carlos Medrano*

El pueblo hondureño, durante todos estos años de democracia se acostumbró a que le mintieran, que lo ultrajaran, que lo engañen sin castigar severamente a quienes utilizan la demagogia como herramienta diaria para llegar al poder de la nación.

Apenas en las elecciones pasadas hubo un atisbo de castigo al votar en contra de una clase política que había hecho del país su hacienda, llegaron al poder para saquear y destruir la poca institucionalidad que teníamos, afectando el Estado de derecho, la inversión extranjera, el riesgo país y en fin todos los indicadores existentes.

En Honduras muchos, al calor de la campaña política, prometen sabiendo que no cumplirán, son maestros del engaño, son encantadores de serpientes, maestros para adulterar realidades, mientras la oposición hoy promete cosas que no pudo o quiso hacer teniendo el poder político del país y hoy se erigen como una nueva alternativa en el convulso panorama político.

La demagogia es una estrategia utilizada para conseguir el poder político que consiste en apelar a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del pueblo para ganar el apoyo popular mediante el uso de la retórica, la desinformación y la propaganda política.

En la historia de las doctrinas políticas se considera que fue Aristóteles quien individualizó y definió por primera vez la demagogia, definiéndola como la “forma corrupta o degenerada de la Democracia” que lleva a la institución de un gobierno tiránico de las clases inferiores o, más a menudo, de muchos o de unos que gobiernan en nombre del pueblo.

Aristóteles sostenía que cuando en los gobiernos populares la ley es subordinada al capricho de los muchos, definidos por él como los “pobres”, surgen los demagogos que halagan a los ciudadanos, dan máxima importancia a sus sentimientos y orientan la acción política en función de los mismos. Aristóteles definió, por lo tanto, al demagogo como “adulador del pueblo”.

En Honduras hay demagogos por excelencia, sino veamos la actitud de algunos “representantes del pueblo”, que ayer se desgarraban las vestiduras acusando a quienes gobernaban de ser derrochadores, de abusar del poder, etc. y lo primero que hicieron fue agarrar su Prado blindada y navegar con bandera de…

Hoy andan con su carro recubierto con especial protección, alquilado por el Estado pues “la inteligencia de las FFAA le exigió que así debería andar”, con chofer, su séquito de adláteres, media familia en el gobierno y buenos viáticos y salarios.

Criticaron duramente los fondos departamentales pues era un acto de corrupción política pero hoy justifican el manejo de recursos para la vulgar politiquería con la mayor desfachatez posible, sin empacho y sin moral.

Criticaron en sus discursos en las plazas públicas aquellas caravanas de carros blindados y sus respectivos guaruras y hoy bajo la sombra de los polarizados transitan por las deterioradas calles capitalinas.

Nosotros los votantes debemos cada día ser más persuasivos, más escrutadores, no creer en nadie hasta no ver sus obras, no dejarnos engañar con “cantos de sirena”, y una vez tengamos certeza de quien es quien, apoyar o castigar en las urnas de manera implacable.

La política es buena, es sana y es un juego interesante, pero en Honduras se ha prostituido, se ha corrompido y cualquiera llega al poder con un discurso seductor y demagogo y despilfarra los recursos del Estado sin que nadie pueda evitarlo o frenarlo.

*Periodista

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