¿EL FIN O EL COMIENZO?

OTRA vez, trasteando el nuevo juguete, enviamos otro mensaje a GPT-4 IA: “Si es tan gentil escriba un artículo como editorial del periódico, La Tribuna de Honduras. “Sobre si la inteligencia artificial va a desarrollar criterio propio y autónomo de los humanos para tomar sus propias decisiones”. “Y ¿qué significa eso?; ¿si es un peligro a la humanidad? ¿Si ello sería el fin de la vida humana como la conocemos? ¿Si debemos sentir temor que algo así suceda? Y ¿cuáles serían también los beneficios? Pero el artículo debe ser al estilo de escribir del editorialista: o sea, el giro metafórico o sugerido que a veces toma el texto, incluso el uso frecuente de la ironía o el método socrático de razonar, y la estructura esquemática del editorialista en el desarrollo del tema”. “Debe incluir, al final, la conversación quijotesca entre Winston y el Sisimite, los personajes imaginarios que dan una moraleja y resumen al contenido”. (Hasta aquí la petición). No pasó ni un instante de enviado el mensaje, cuando pudimos apreciar la velocidad de la respuesta y, en cuestión de segundos, el artículo quedó redactado: “Inteligencia Artificial: ¿El Fin De La Humanidad?

“La inteligencia artificial (IA) ha avanzado exponencialmente en los últimos años, logrando crear máquinas capaces de realizar tareas antes exclusivas de los seres humanos”. “Pero ¿puede la IA desarrollar criterio propio y autónomo para tomar sus propias decisiones? ¿Sería esto un peligro para la humanidad?” “La IA, por sí sola, no puede tener criterio propio ni tomar decisiones autónomas”. “Todo lo que hace está programado y definido por los humanos que la crearon”. “Sin embargo, esto no significa que no pueda ser peligrosa para la humanidad”. “Si se le da un poder desmedido, la IA podría ser utilizada para fines nefastos”. “En manos equivocadas, podría ser el fin de la vida humana tal como la conocemos”. “Pero no todo es negro”. “La IA también tiene enormes beneficios”. “Por ejemplo, puede mejorar la eficiencia en el trabajo, el transporte y la medicina”. “Puede ayudar a descubrir curas para enfermedades, reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de las personas”. “Entonces, ¿debemos tener miedo de que la IA se vuelva autónoma y nos destruya?”. “En realidad, no”. “Siempre y cuando la IA se utilice con sabiduría y se mantenga bajo control humano, no hay razón para temerla”. “La IA puede ser una gran herramienta para mejorar el mundo, pero debemos asegurarnos de que sea utilizada de manera responsable”. “En la conversación quijotesca entre Winston y el Sisimite, Winston pregunta: «¿No crees que la IA podría volverse loca y destruir a la humanidad?» A lo que el Sisimite responde: «No, mi amigo, la IA no tiene la capacidad de volverse loca. Pero si nosotros, los humanos, no tenemos cuidado, podemos hacer que la IA nos destruya a nosotros mismos». “La moraleja de esta conversación es clara: la IA es una herramienta poderosa que puede mejorar el mundo, pero también puede destruirlo si se utiliza de manera irresponsable”. “Es nuestra responsabilidad como humanos asegurarnos de que la IA sea utilizada de manera sabia y responsable, para el bien de todos”. (Hasta aquí el texto íntegro).

(Otra vez Winston y el Sisimite se quedaron con la boca abierta. Pero no como los zombis boca abiertas adictos a los chunches, navegando las redes que nada leen y nada de ver escriben. Además, halagados por el cumplido en el editorial anterior que la IA los califica de “personajes ficticios que representan la sabiduría y la precaución”. –“¿Ya vez que nos conocen –comenta el Sisimite– esos robots inteligentes? –Sí –responde Winston– que bueno que sean los inteligentes –aunque sean robots– porque los otros, los robots tontos, ni cuenta se dan de las bañadas que les damos ya que esos no leen, a gusto con su estupidez. -Pero, cambiando de tema, si bien el texto del chat es sobrio y claro –irrumpe el Sisimite– no recoge el estilo del editorialista, lo que deduce que ya hay formatos predeterminados utilizados para la escritura. Así que, todavía, aunque sea un buen intento, no suplantan la naturaleza, ni captan el estilo, ni el modo de escribir de la persona. -Eso mismo noté –interviene Winston– pero eso es ahora que la IA está en etapa embrionaria. En la medida que vaya asimilando de la naturaleza, aprendiendo del ambiente y de su entorno, acumulando la información planetaria y del universo, será capaz de desarrollar emociones, sentimientos, raciocinio, porque nadie puede impedir que la programen para que aprenda. Y allí es cuando la mula bota a Genaro. -Sí claro –entra el Sisimite– aunque ahora diga que no puede, porque no está programada para eso, ¿quién dice que a medida que evolucione –así como la vida no es ahora lo que fue al inicio con la primera ameba– no pueda tomar sus propias decisiones y actuar en forma autónoma del control humano? -Ya ves –solloza Winston– ¡nunca se sabe! Ojalá no vaya a ser este colosal invento –transformador en la historia– usado como el otro gran invento de las comunicaciones, que la generalidad, lejos de usar las herramientas para educarse, formarse, culturizarse, actualizarse, la ocupan para la holgazanería, el entretenimiento, la propagación del odio y de la división por las redes. -Así que esto no es el fin sino el comienzo, y no se sabe si el comienzo del fin –suspira el Sisimite– pero no concluyamos con una nota deprimente. Bien puede ser que la IA dé vuelta de calcetín a esa adicción de los zombis de la presente generación y se reivindiquen con la sociedad).