¿Anglicanismo durante las guerras de Independencia?

Por Jorge Raffo, Embajador del Perú en Guatemala

El próximo Bicentenario de la Batalla de Ayacucho (1824) permite a los académicos especializados en ese período de la historia del continente latinoamericano reflexionar ahora sobre un aspecto aún no suficientemente estudiado, el debate sobre las creencias religiosas. En la primera mitad del s. XIX estaba fuera de cuestión la aceptación de las cosmovisiones de los pueblos originarios en las nuevas repúblicas sudamericanas. La forma cómo, por ejemplo, quechuas y aymaras percibían y entendían el mundo era materia de crónicas, relatos y, más tarde, cuando el Positivismo llegó a las costas americanas, de la antropología y la sociología. Gran Bretaña fue de los primeros Estados en reconocer a las naciones independientes de América Latina; en el caso del Perú, el consulado inglés se estableció en El Callao en 1823 (Gervasi, 2023) y colaboró activamente en el proceso independentista que el Libertador Bolívar daría por concluido un año más tarde.

Más la presencia británica no fue solo consular y militar sino también religiosa. El historiador peruano Núñez (1971) señala que la Sociedad Bíblica de Londres envió a Sudamérica, en plena conflagración independentista, al predicador James Thomson, con diez mil ejemplares de la versión inglesa de las Sagradas Escrituras hechas en castellano para preparar así a los futuros seguidores del anglicanismo. Thomson también tenía un segundo objetivo: desarrollar un diccionario en quechua y aymara que permita traducir textos bíblicos y la doctrina anglicana a las lenguas nativas de esa parte del continente.

Los Libertadores San Martín y Bolívar, necesitados del apoyo británico para sus respectivos proyectos políticos y absorbidos por el esfuerzo de guerra, no alentaron ni obstaculizaron las actividades de Thomson que entró a Sudamérica por Brasil (1820) para pasar rápidamente a Argentina (1821), Chile (1821) y llegar al Perú (1822) para permanecer en él hasta febrero de 1824, de donde partió hacia Nueva Granada (Colombia), pasando previamente por Guayaquil y Quito. En 1825 estuvo en Popayán y Bogotá. Al año siguiente, recorrerá Guatemala y el sur de México. Fue pues un viajero incansable que se diferenció de otros europeos exploradores porque carecía de visiones mercantilistas o políticas. Sus apuntes, señala Nuñez (1971), destacan los aspectos morales, religiosos y costumbres de las poblaciones que visita, observadas bajo una lógica de ampliación del anglicanismo una vez consolidada la independencia. Thomson señala incluso sus deseos de visitar la Amazonía peruana pero Bolívar se lo impide debido a lo peligroso del viaje y a la actitud indómita de las etnias allí residentes.

A diferencia de lo que logró en Chile -creando una escuela lancasteriana que le valió el reconocimiento de “Ciudadano Libre de Chile” según acota la viajera inglesa María Graham en 1824-, Thomson no pudo realizar en el Perú ni la reforma educativa ni el proselitismo religioso que pretendía llevar a cabo debido a la convulsa situación política de Lima, las tropas de la Corona habían abandonado y retomado la capital, la victoria patriota era aún incierta y la fe católica de la población no admitía nuevas interpretaciones de las Escrituras Sagradas. Es por ello por lo que se desplaza a Trujillo, al norte del Perú, desde donde seguirá camino a Nueva Granada. Nominalmente, fue nombrado director de la primera Escuela Normal de Preceptores, actualmente la “Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle” llamada también “La Cantuta”, aunque sin posibilidades de ejercer el cargo.

En el tiempo que estuvo en Lima, coincidió con el oficial naval inglés al servicio de la armada portuguesa Gilbert Farquhar Mathison que impresionó a Thomson por su cultura, sus continuas citas de Shakespeare, Johnson y Humboldt, y su interés por las ruinas prehispánicas de Cajamarquilla, así como por su preocupación religiosa como anglicano. Mathison tenía habilidad para el dibujo y aunque solo permaneció dos meses en Lima, dejó hechas misceláneas de diversos momentos en la ciudad.

Thomson regresará finalmente a Londres en 1827 donde publicará “Letters on the moral and religious state of nearly seven years in Buenos Aires, Chile, Perú and Colombia” con la imprenta de J. Nisbet. En esa obra, la sección dedicada al Perú ocupa ciento treinta páginas. En 1852 publicará una segunda parte, “Notices respecting missionary operations and religious Liberty in Portugal, Spain, and South America”, pero con poquísimas alusiones al Perú. Morirá a los 66 años, el 25 de febrero de 1854. Thomson y Mathison, son solo dos de los muchos viajeros europeos no españoles que retrataron con palabras una época que es fundamental para comprender la idiosincrasia de las nuevas repúblicas latinoamericanas.