Óscar Lanza Rosales
Varios amigos lectores me han pedido que profundice sobre el tema de mi artículo anterior, “Alfabetización y educación socialista”, al manifestar que doña Xiomara Castro ha incumplido con el juramento que hizo ante el pabellón nacional, la juez que le tomó la promesa de ley -Karla Lizeth Romero- y el pueblo hondureño, que la escuchó atentamente: “Prometo ser fiel a la República, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes”.
Ella infringe esa promesa, al pretender cambiar los postulados de la educación nacional -según el artículo 151 de nuestra Constitución- que se fundamenta en los principios esenciales de la democracia, inculcar y fomentar en los educandos profundos sentimientos hondureñistas y su directa vinculación al proceso de desarrollo económico y social del país. Quiere cambiarlos por los principios universal, inclusivo, participativo, laico y científico, que rigen la educación de Cuba, al contratar a docentes de ese país, para que hagan las reformas a nuestro sistema educativo, en esa dirección.
Mis amigos lectores me han comentado: ¿cómo van a enseñar o asesorar los docentes cubanos a Honduras, los principios de libertad, emprendimientos y democracia en todas sus manifestaciones, si no los conocen, porque no lo han vivido? Y me mencionan el principio bíblico que “nadie puede dar lo que no tiene”. Además, con esta contratación de docentes cubanos, ¿adónde queda el papel de esos miles de maestros hondureños, formados por la Universidad Pedagógica Nacional, con postgrados hasta de doctorados -financiados con los impuestos del pueblo hondureño- y conocedores de nuestra cultura, historia e idiosincrasia?
Sobre los docentes cubanos, definitivamente ellos se han formado bajo “la Política Educacional Cubana” desde que se instauró Fidel Castro y su revolución en 1959. Desde que, el primer Congreso del Partido Comunista de Cuba (CPCC) definió el fin, objetivos y principios de la educación. Su fin, el logro del desarrollo próspero y sostenible, mediante la formación integral de la personalidad del educando, con una base cultural que responda a la “sociedad socialista cubana”, con una pedagogía marxista-leninista declarada en el CPCC de 1975; expresados en las formas de sentir, pensar y actuar, de acuerdo con sus particularidades e intereses individuales, en correlación con las necesidades sociales, que le permitan asumir una concepción científica del mundo y prepararse para la vida.
Un fin que, traducido en objetivos, tenemos entre otros los siguientes:
- a) Manifestar sentimientos de amor a la patria, a sus símbolos, de solidaridad y “antiimperialismo”; y una valoración profunda del contenido de la historia y obra de José Martí, del ejemplo de los héroes, mártires, combatientes, personalidades destacadas y “líderes de la revolución cubana”; así como un comportamiento acorde con los valores de la cultura y el humanismo de la “ideología socialista”; b) mostrar una educación moral, política y jurídica en su actuación ciudadana, en la defensa de los principios de la “democracia socialista y el cumplimiento de los principios jurídicos establecidos por la Constitución de la República de Cuba”; c) y cumplir con el objetivo formativo que busca desarrollar una conciencia de productor de bienes sociales. En resumen, lo que se trata es de construir “una sociedad socialista, la formación de un hombre nuevo, de profundas convicciones, con nueva moral, que participe activamente en la edificación del comunismo”. Por eso el gobierno cubano nacionalizó desde 1959, todas las instituciones educativas y creó un sistema educativo manejado exclusivamente por el Estado.
Cuba ha invertido muchos recursos en la educación. Actualmente hay más de 200 mil maestros en la isla, graduados de universidades pedagógicas, muy mal pagados, que algunos prefieren dedicarse a otras labores. Con los 70 dólares que ganan mensualmente, muchos de ellos han confesado que padecen hambre el fin de mes, satisfaciendo sus necesidades alimenticias, a puro arroz blanco.
Según los críticos de la educación cubana, es una educación de adoctrinamiento que abarca la primaria y la secundaria. La alfabetización es para aclamar la revolución, pero los niños, adolescentes y jóvenes para pasar los grados, tienen que declararse revolucionarios, incluso para entrar a la universidad.
Señora Presidenta Castro, para que usted cambie nuestra educación con valores democráticos a una de índole socialista, como la de Cuba, primero tiene que promover la aprobación de la reforma de los artículos 1), 4), 5) y 151) de nuestra actual Constitución de la República. Y tenga presente siempre el contenido del artículo 321, que establece que “los servidores del Estado no tienen más facultades que las que expresamente les confiere la ley. Todo acto que ejecuten fuera de la ley es nulo e implica responsabilidad”.