Por: Otto Martín Wolf
Detŕas de los hábitos de los religiosos se esconden seres humanos con virtudes pero también debilidades, vicios y perversiones. Lo mismo aplica para uniformes y hasta para los trajes de civil de autoridades y funcionarios; sabemos que el hábito no hace al monje.
La Iglesia Católica, así como evangélicas y de otras denominaciones, muy frecuentemente se ven envueltas en escándalos sexuales de algunos de sus miembros. También existe dentro de ellas corrupción (dinero), precisamente en personas que predican una vida austera y humilde.
Hace algún tiempo un pastor evangélico norteamericano de gran carisma llamado Jimmy Swaggart contrató un detective para que siguiera los pasos de un pastor rival, el cual fue sorprendido en un motel con una prostituta, muy dedicado a lo que es usual en esos casos.
Lo que Swaggart jamás imaginó fue que su rival haría lo mismo y que también él sería descubierto en andanzas sexuales.
Muchos lo recordarán llorando en televisión, bañado en lágrimas… “he pecado Señor” y otras hipocresías más.
Algunos de sus seguidores “comprendieron” y hasta oraron por él.
Unas pocas semanas después de haber pedido perdón, de nuevo fue sorprendido (fotos y todo) haciendo lo mismo, reincidiendo.
Su carrera declinó, él perdió popularidad y quizá las prostitutas perdieron un buen cliente.
En la Iglesia Católica hay más de 20 mil demandas en todo el mundo por abuso sexual de sacerdotes a niños. Y no solo sacerdotes rasos, altos funcionarios como obispos y cardenales han sido procesados y encontrados culpables de actos de perversión.
El arzobispo católico Marc Ouellet es el religioso canadiense de más alto nivel que se ha visto involucrado en una denuncia por abuso sexual. Su nombre está incluido en una demanda colectiva contra 88 sacerdotes y empleados de la diócesis de Quebec por presuntas agresiones cometidas desde 1940, según un documento judicial publicado hace unos meses.
En Canadá también se descubrieron tumbas clandestinas de niños nativos que fueron abusados y asesinados en internados católicos. El caso es actual, los parientes de las víctimas han procedido judicialmente y se supone que serán compensados con dinero; aunque las vidas son irrecuperables, como también son irreversibles muchas veces los traumas causados.
La Iglesia Católica ha pagado millones de dólares (provenientes de las limosnas de los creyentes) para silenciar o compensar a las víctimas de su depravación.
En Honduras se descubrió que un alto funcionario de la Iglesia Católica (el segundo a bordo en ese tiempo) compró un apartamento para su amante masculino, con dinero proveniente ya saben de dónde.
Nunca fue llamado a cuentas, jamás se le procesó por malversación de los fondos de la iglesia.
Pero, ingenuos como somos, por más evidencia que uno encuentre, siempre hay algo en la mente del ser humano que tiende a colocar en otra categoría a personas de sectas o religiones exóticas.
Eso sucedió con el Dalai Lame Lengua, el supuesto último bastión de la moralidad, la última esperanza de la humanidad para encontrar religiosos puros.
Resulta que el cerdo es un pedófilo demostrado.
En su ancianidad perdió la perspectiva de la realidad y, posiblemente creyendo que se encontraba a solas en un cuarto oscuro con un niño, le pidió que le chupara su asquerosa lengua.
El mundo entero pudo verlo con horror y repugnancia.
Ya antes habían sido publicadas fotografías del chancho manoseando a mujeres famosas que le visitaban creyendo en su pureza y santidad.
Si se tratara del presidente de un país, un alto funcionario, un millonario, un artista de cine, alguien famoso o -también- un sacerdote católico o un pastor evangélico, todo el planeta Tierra hubiera pedido su renuncia y enjuiciamiento.
Ese acto de pedofilia cometido en público, ante las implacables cámaras de televisión, es un delito del que posiblemente escapará impune el Dalai y su lengua.
Refugiado en el Himalaya, burlará a la justicia y seguirá con su hipocresía de cerdo.
No creo que se atreva a viajar fuera de su monasterio. Espero que si lo hace alguien de los países que visite presente la demanda que se merece.
Señoras y señores: En este momento anuncio públicamente que estaba equivocado, también entre los seguidores de Buda puede haber cerdos, por mucho que se pregone su pureza.
Ya antes muchos monjes habían sido acusados de abusos y acoso sexual; quienes lo dudaban ahora tienen una prueba de primer orden, el máximo budista de la humanidad es un cerdo de lengua caliente.
El hábito no hace al monje, eso está comprobado desde hace mucho tiempo.
Podemos parafrasear con certeza diciendo: “Mucho cuidado con los hábitos sexuales de los monjes y NO dejen que los niños vayan a ellos”.
Nota: Pido disculpas a los cerdos.
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