BEIJING, China. El bus, con la apariencia de estos “rapiditos” hondureños, se desliza lentamente hasta parar en el semáforo de la plaza Tiananmén. Chen Ping, el traductor de los periodistas hondureños de visita en esta ciudad, se tambalea parado en la puerta cuando el bus arranca de nuevo.
El tráfico lo obliga a cruzar muy lento la gran avenida Jianguomen y Chen, que todavía no se repone del tambaleo, se reacomoda las gafas cristalinas, al tiempo que dice, estirando la mano, como pitando un penalti: “Esa es la foto de Mao, el presidente de la independencia de la República de China en 1949, el Gran Timonel”.
Los periodistas vuelven a ver hacia un enorme mural con una fotografía de un hombre de frente amplia y con asomos de querer reírse. De inmediato comienzan a grabar y tomar fotos. El bus deja la plaza y serpentea por otra amplia avenida verde, una cualidad de la capital China, amigable con el ambiente, innovadora y cultural.
A lo largo de la jornada de trabajo, Chen se va enfrascar en un debate, hasta casi perder la compostura, cuando los periodistas le preguntan por muchos mitos, costumbres, tradiciones y prejuicios sobre el régimen comunista, como el rol de las mujeres chinas en la sociedad, la “cuestión de Taiwán” y el origen del virus del COVID-19.

TAIWÁN Y EL CORONAVIRUS
A ultranza afirma que la isla es parte de China y discrepa abiertamente los 80 años de relaciones diplomáticas que las fuentes hondureñas manejan sobre Taiwán, porque a su juicio, no cuadra con 1949, cuando China todavía era un solo país y los derrotados de la guerra civil no se habían ido a refugiar a la isla.
Sobre el virus, el caso tiene un giro conspirativo cuando afirma que, efectivamente, nació en la provincia de Wuhan, pero no escapó de un laboratorio, ni de un murciélago de un mercado, como afirman en occidente.
La versión que manejan los chinos es que fue incubado por un estadounidense que andaba en una competencia deportiva en esa ciudad. Una vez enfermo, el deportista desapareció de la ciudad misteriosamente, pero los servicios de inteligencia del gobierno chino aseguran que los americanos vinieron por él desde una base que tienen en el Pacífico.
Y como nunca permitieron revisar sus bases y sus laboratorios, entonces venció la idea que los culpables de enfermar al mundo fueron los chinos.
No es posible que el señor Chen esté bromeando o mintiendo deliberadamente, pues, es un diplomático de 40 años de carrera, habla muy bien el español y sirvió muchos años en las embajadas chinas en Suramérica.
A lo largo de la estadía, Chen se va alternar con Eloy Leng y juntos van a liderar un equipo de casi 20 personas asistentes, casi todos hablantes del español, para atender de manera servicial -en la medida de lo posible- todo tipo de necesidades de los visitantes hondureños y soportar la recurrente impuntualidad en las salidas. (EG)

DATOS
Planificadores como son, el gobierno chino ha invitado a los periodistas para que le cuenten a los hondureños la realidad de su país. Más adelante harán lo mismo con empresarios, buscando entablar relaciones comerciales firmes, y después recibirán a la Presidenta Xiomara Castro, quien lidera las nuevas relaciones diplomáticas con el gigante asiático.
MITOS Y REALIDAD
En su estadía, los periodistas se van a decantar por Eloy, un joven de la nueva generación china. Es flaco, nariz aguileña, experto del español y muy abierto para hablar de temas de su país como el costo de la vida, la forma de gobierno, la vida de la ciudad, las libertades individuales y hasta la diversidad sexual, muy común, según él, en Beijing, como en cualquier ciudad de Europa, América Latina y los Estados Unidos.
La diferencia, obviamente, es que no hay manifestaciones ni movimientos reivindicadores de derechos en las calles. Además, pertenece a la etnia Han, mayoritaria entre las 56 que viven en las 34 provincias de China.
El señor Chan, en cambio, es mayor, aunque no por eso deja ser bromista y jovial. Pertenece a la generación de los chinos de los 60, cuando Mao Zedong gobernaba con mano dura y a su muerte, en 1976, le sucedió Den Xiaoping, el gran reformador.
Mao fue quien puso a China en pie, tras cien años bajo el yugo de las potencias coloniales y Den concluyó la obra al permitir la apertura económica a partir de 1978.
Chen, Eloy y 800 millones de chinos más, salieron de la pobreza en estos 40 años y ahora disfrutan de los frutos de la gran revolución del Gran Timonel y su sucesor, gracias a las cuales su país se convirtió en la segunda potencia, por encima de sus antiguos colonizadores.
Y pensar que apenas 50 años millones de sus paisanos más pobres murieron de hambre y ahora son los amos del comercio, los alimentos, la materia prima y el metaverso. Todo un gigante, conducido por la mano firme del Partido Comunista.
NI POLÍTICA NI IDEOLOGÍA
Pero Chan y Eloy no presumen de nada. Visten sencillos y ni siquiera platican de política ni ideologías, aunque responden cortésmente a cada inquietud de los periodistas.
En agradecimiento por sus atenciones, uno de ellos le quiso regalar un obsequio a una de las asistentes, pero ella lo rechazó amablemente explicándole que si lo aceptaba, tenía que reportarlo y entonces debía donar todo su salario mensual.
De este modo, los periodistas fueron conociendo la cultura de los chinos, rompiendo muchos tabúes y contrastando, inevitablemente, su avance científico y tecnológico con los grandes rezagos de Honduras y el resto de América, donde en el mismo período gobernaron, irónicamente, gobiernos democráticos. (EG)