LA RESISTENCIA DE LA TORTILLA: PROYECTO DE IDENTIDAD CULTURAL

Autor: Luis Alonso Gómez Oyuela
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DANLÍ, El Paraíso. La Secretaría de las Culturas, las Artes y Patrimonios de los Pueblos (Secapph), lanzó el proyecto denominado “La Resistencia de la Tortilla”, a nivel nacional. Los hondureños pensamos en la tortilla todos los días, pero pocas veces o nunca recordamos ese núcleo de población que desde las dos de la madrugada están junto a los fogones amasando y haciendo la tortilla nuestra de cada día. Este proyecto de identidad cultural es una genial idea de la ministra de Cultura, Anarela Vélez Osejo. Cuyo objetivo es rendir homenaje a este sacrificado sector de población que diariamente lleva al mercado este alimento tradicional desde tiempos inmemoriales.

¿Cuál es el origen de la tortilla en Mesoamérica? La tortilla de maíz tiene sus orígenes en la cultura mesoamericana, que comprende la zona sur de México y algunas regiones de América Central. Desde la antigüedad y hasta el día de hoy es plato y cuchara de estos países descendientes de la cultura de Mesoamérica. Su consumo se ha extendido a nivel mundial.

Antonia Naira, Gloria Rodríguez, Delmi Naira, Rosibel Vásquez y Lourdes Cruz, hacen entrega de las canastas donadas por Secapph.

Otro dato interesante sobre este delicioso alimento, se remonta desde el año 500 AC. Por ejemplo, en la región Oaxaca se tiene evidencia de que la tortilla empieza a utilizarse al final de la etapa de las Villas 1500 a 500 AC. Cuando los conquistadores españoles arribaron a Mesoamérica descubrieron que los aztecas preparaban panes de maíz (Wikipedia).

Retomando el tema del Plan de “Resistencia de la Tortilla”, los creadores de este sugestivo proyecto, inician con una pregunta: “¿Has pensado alguna vez quién hace lo que comes? La mayoría de nuestras comidas las hacen mujeres y personas no conformes con su género, cada uno ha desempeñado un rol importante para las economías locales y han sostenido los sistemas alimentarios.

Tortilla “palmeada “(con la palma de la mano).

A pesar de ello, sus acciones quedan en el anonimato. En un informe presentado por CARE el 2021 se estimaba que 2.9 millones de las personas que enfrentan altos niveles de inseguridad alimentaria aguda y, de estas 614,000 estaban en estado de emergencia. De todas estas personas las mujeres son las que muchas veces sufren las consecuencias, potenciándose esto en las leyes restrictivas al aborto y la salud sexual reproductiva.

De manera general, las mujeres en condiciones de pobreza son las que menos tienen acceso a la atención social, mayores tazas de inseguridad alimentaria, sufren discriminación y racismo; al mismo tiempo que las grandes empresas se expanden y sostienen el trabajo doméstico donde las mujeres son su principal mano de obra, incluyendo en este trabajo el cuidado de otras familias de la comunidad, la limpieza y la comida.

Rosa Romero, Alejandra Saravia, Silvia Midence y Lourdes Cruz.

Uno de los grupos que se ve más expuesto a esta situación, son las mujeres tortilleras y las mujeres garífunas que hacen casabe. Aún cuando la tortilla y el casabe son alimentos por excelencia en nuestras comunidades, no solo por su valor nutritivo o facilidad de acceso, en este oficio se van creando redes de cuidados.

La resistencia de la tortilla, son las dinámicas cotidianas que realizan las mueres tortilleras y fabricantes de casabe para mejorar la economía, gestan empleos y se lucha por la autorrealización para visibilizar un empleo desprotegidas por los servicios sociales e invisibles por las grandes cadenas.

Johana López y Verónica Hernández.

Lourdes Cruz Díaz, encargada de la Casa de la Cultura en esta ciudad, como parte del proyecto a nivel nacional, realizó una serie de entrevistas con varias mujeres dedicadas a esta labor en diferentes barrios y colonias donde constató el sacrificio que realizan, pero al mismo tiempo, conocer el espíritu de trabajo de cada una en condiciones extremas, por ejemplo, zonas postergadas, viviendas carentes de algunos servicios, entre otros de agua potable.

Para estas mujeres es una rutina de todos los días. Es todo un proceso que va desde la compra del maíz y la harina, ir donde el molinero por la madrugada, comprar la leña para encender el fogón, calentar el comal y comenzar a “echar las tortillas”, luego, cargar el canasto, pagar el transporte, ir al puesto de venta a más tardar a las seis de la mañana. En fin, para las tortilleras no hay nada gratis, no existen incentivos y el único que reciben viene de parte de los que se comen las tortillas. No falta alguien que les diga, ¡qué barbaridad no se conforman con ganar poco y hasta las reducen de tamaño! Esta ingratitud también forma parte del precio que reciben por el sacrificio de alimentar a otros con el sudor de su frente.

Rosibel Vásquez y Olga Vázquez.

Con esta bonita iniciativa de la Secretaría de Cultura reconoce la labor de las tortilleras en todo el país. Las municipalidades podrían ser parte de este proyecto, abriendo espacios, como casetas destinadas exclusivamente para las tortilleras, donde puedan guarecerse del sol y la lluvia. Los medios de comunicación social pueden ayudar como parte de los incentivos divulgando los sitios de venta.

Durante esta jornada a través de la Unidad de Casas de la Cultura se realizaron varios talleres motivacionales de dibujo en varias escuelas del casco urbano, con la sugestiva pregunta: ¿Con que comes la tortilla? Como incentivo, 13 mujeres recibieron canastas con víveres de primera necesidad. Además, a partir de ahora la tortilla tiene su propia canción.

No olvidemos que las tortillas son parte de la identidad cultural de nuestros pueblos. Por lo tanto, la “Resistencia de la Tortilla”, continuará hasta el final de nuestros días. Si usted no come tortillas hoy, no es por falta de tortilleras. Nosotros en LA TRIBUNA, también somos “resistencia” y no aceptamos sustituir la tortilla.

Rafaela Midence.
Lourdes Cruz Díaz (Secapph).