Clave de SOL: ¿Último número de la revista de Froylán?

Por: Segisfredo Infante

Por esas casualidades de la vida, ha flotado en la mezcla caótica de mis humildes haberes, aquello que suponemos podría ser el último número de la segunda etapa de la “Revista Ariel”, que dirigió Froylán Turcios, en San José de Costa Rica. En la portada los editores puntualizan textualmente lo que sigue (Sic): “Estaba en caja este número, cuando murió Froylán Turcios. El trastorno que dejó entre los suyos, la desaparición del poeta, nos hizo abandonar las pruebas. Y hoy, profundamente conmovidos, ofrecemos a los lectores de América este póstumo esfuerzo editorial del que fue, en concepto de los mejores, el más alto antólogo del continente. Estamos seguros de que será recibido con la misma emoción con que lo ofrecemos”.

Se trata del número 148 de “Ariel”, correspondiente al 15 de noviembre del año 1943, que según los editores quedó en la imprenta, pendiente de publicación, al momento de fallecer el magnífico cuentista, poeta, antólogo y patriota hondureño. He conversado con José Antonio Funes (experto en el tema), y él me ha explicado que al parecer se publicaron tres números más, después de fallecido el narrador. En todo caso solo tengo, por ahora, una muestra especial, póstuma, de la segunda etapa de la famosa revista, que circulaba por América Central y otras coordenadas del trasmundo. (Por otro lado tuve ocasión de revisar, cuando era estudiante universitario, toda la tercera etapa de la “Revista Ariel” que dirigió con buen suceso Medardo Mejía, en el sexto decenio y parte de los años setentas del siglo pasado).

Deseo referirme a varios de los textos que Froylán dejó en manos de los “cajistas”, o tipógrafos, con miras a publicar el número 148 arriba mencionado. O cuando menos deseo subrayar los títulos de aquellos contenidos, cortos y más o menos largos, que me han llamado la atención: “Un precursor de Einstein”, de José Antonio Dávila, en donde aparece el filósofo Raimundo Lulio como precursor del científico de las dos teorías de la relatividad. El poema “El lirio de Siberia”, de Victoriano Vélez. “Palabras de Unamuno”, de Pedro de Alba, en el momento en que el vascuence-castellano vaticina, desde Londres, los futuros acontecimientos trágicos de la España de sus amores. Las “Ruinas de Ramsés”, por Fernando de Lesseps, en cuyos renglones se menciona la supuesta ciudad “Ysmailia”, construida con adobes por los hebreos, cerca de uno de los canales del Bajo Egipto. El texto es muy confuso pues también se le llama “Ramsés” a la misma ciudad en ruinas.

Continuemos con la cita de los textos: Aparece el poema “Maestro Kiel” de Rafael Heliodoro Valle. Luego un anuncio del antiguo “Banco de Honduras, fundado el uno de octubre de 1889”. Seguidamente: “Verdadera sabiduría”, de autor desconocido. “Cajal y Edison, malos estudiantes”, por Luis Santillano, bajo el conocimiento previo de la grandeza de ambos personajes. La “Tradición del Bulero”, por Rómulo E. Durón. El “Bulero” es un personaje legendario del siglo dieciocho, en los cuentos orales de los vecinos de la ciudad de Gracias, en el occidente de Honduras. “Vejez prematura”, de Céleo Dávila, es un poema influido por Juan Ramón Molina. “Prostitución y feminidad”, por Matilde López. “La timidez de Kant”, de autor desconocido. (Nunca se me hubiese ocurrido que el gran filósofo alemán Immanuel Kant era un hombre tímido como el que escribe estos renglones, mismos que son un homenaje silencioso en favor de Froylán Turcios, el esteta hondureño por excelencia.

Sigamos: “La sabiduría oriental”, por Gibrán Jalil Gibrán, en donde el autor afirma que “El escritor no se preocupa del crítico, sino cuando llega a la esterilidad”. El poema “Aquí me tienes” de Arthur Rimbaud. El cuento “Los dos pordioseros” de Froylán y unas “Frases de gratitud” del mismo Turcios. En las últimas siete páginas aparece el fragmento de un largo listado de libros que obviamente se ofrecen en la “Librería Ariel”, cuyo dueño era el cuentista y poeta. Los títulos y autores en oferta son plurales, como plural era el espíritu democrático del escritor olanchano. Se enfatiza que se enviarán inmediatamente los libros, “previo envío de su valor” y el coste postal.

En la contracubierta de “Ariel” se mencionan los representantes de la revista en Honduras, Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Panamá. De los representantes en Honduras conocí a don Joaquín Salinas, en Choluteca, y al profesor Rafael Bardales Bueso, de Santa Bárbara. En la misma contracubierta se registran dos anuncios: “Dr. Venancio Callejas, dentista americano graduado en Philadelphia”. Y “Farmacia del Dr. Héctor Valenzuela, la mejor surtida de Tegucigalpa”.

He tratado de abreviar la información en tanto ha sido posible, según mis propias percepciones de esta revista póstuma. Quizás los datos puedan ser de utilidad a las personas que desean que la memoria histórico-literaria perdure.