PERFILES: Conspiranoia

Por: Carolina Alduvín

Por ahí se dice que la mejor forma de predecir el futuro es creándolo. Imaginar como nos gustaría que fuera y trabajar duro por alcanzar el sueño, pasando por una planificación realista, que tome en cuenta los recursos, capacidades y tiempo disponibles. Algunas cosas, aparentemente suceden porque sí, otras las soñamos y preparamos, a veces no suceden de la forma imaginada, a veces todo resulta mejor de lo esperado y, la experiencia nos alerta que las expectativas no siempre se llenan por completo. Como sea, la imaginación y las palabras tienen poder, especialmente cuando se complementan con las acciones encaminadas a lograr las metas trazadas; lamentablemente, también ocurre que los temores terminan concretándose en la medida en que se les convoca y se intensifica el miedo a los acontecimientos adversos.

Uno de los mejores ejemplos contemporáneos son los terremotos en la Ciudad de México en los últimos años; en 1985 hubo un fuerte sismo, mismo que marcó un antes y un después en varias generaciones de sus habitantes, muchos edificios se derrumbaron, hubo muchos muertos, muchos rescates, se desnudó la corrupción que ayudó a bajar los estándares de calidad en base a las severas normas de construcción requeridas, dadas las características del subsuelo en el Valle de México. Aprendieron muchas lecciones y se capacitaron sobre la marcha en materia en salvar vidas entre los escombros, también iniciaron la cultura de los simulacros, cuya intención es promover estados de alerta para saber como actuar en caso de nuevos sismos, pero que parecen ser más que nada, invocatorias al desastre. Van varios simulacros seguidos de lo real.

En nuestro país, doña sumisa ha tomando la invocación de un golpe como su nueva oportunidad para hacer el ridículo ante propios y extraños. Y ha sido con la venia del séquito que siempre la anda resguardando, precisamente para que no se vaya de la lengua y exhiba su muy discreta ilustración, el pasado fin de semana, le permitieron reflejar la paranoia que demuestra, más que nadie, el meligno. Ambos hablan de conspiración, cuando todo lo que hay es un interminable descontento con su nulo desempeño, con el ínfimo índice de cumplimiento, tanto de las promesas verbalizada, como de las tácitas expectativas. Son un fraude y lo saben, igual que el partiducho de quinta, que no ha demostrado más que ineptitud, conflictividad, vandalismo, inseguridad y encarecimiento de la vida. Y son tan piedras que, todavía sueñan con que los sigan idolatrando.

Y como así no sucede, les da por gritar sandeces a los cuatro vientos, como queriendo curarse en salud y no hacerse responsables del desorden y descontento que generan en todos los ámbitos con sus mentadas deconstrucciones y refundaciones que, en la práctica se traducen en más hambre, desesperación, migración irregular, endeudamiento, baja en la inversión, el empleo, la productividad, la seguridad y lo que más les duele: la gobernabilidad. No se han empeñado en conseguirla, creen que con seguir llorando por las trastadas del que se fue, nadie va a parar de gritarles vivas y celebrar sus desaciertos que afectan los intereses de todos. Siembran odio y esperan cosechar idolatría; es una de las definiciones de la locura.

Acusan de estar saliendo las mismas figuras de la pijamada -quienes por cierto hasta le perdonaron la vida. Cuando han salido a posteriori a decirle lo que no alcanza a detectar: “la señora tiene la conspiración a la par y la anda buscando en otro lado”. No son los conservadores, ni los personeros de los doce años previos quienes se toman los centros de salud, hospitales, o los que invaden tierras trabajadas y productivas, son los colectivos liebres los que impiden el paso en las carreteras, se toman el Ministerio Público, los centros educativos, tampoco son los responsables por la falta de maestros, medicinas en los hospitales, o el presupuesto del Congreso Nacional. No son quienes decretan las millonarias donaciones discrecionales a los diputados, tampoco han interrumpido los servicios de agua en el CCG, no son quienes dirigen los colectivos, no han causado la ingobernabilidad dentro de centros penales. Son sus partidarios liebres.

Quien desee desempeñarse correctamente como presidente de una república debe contar mínimo con habilidades como facilidad para comunicarse, trabajar en equipo, analizar situaciones, liderazgo político, capacidad para planificar y ejecutar lo que más conviene a la población y un buen manejo de los recursos disponibles. Al no tenerlas viene la conspiranoia.

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