En el marco de las relaciones bilaterales vigentes desde hace un mes con Honduras, el gobierno chino abrió sus puertas a más de 30 medios hondureños, entre ellos LA TRIBUNA, para mostrarle su riqueza cultural milenaria y las claves que le permitieron pasar de ser un país pobre, hace 40 años, a la primera potencia comercial del planeta.
Se trata de una visita sin precedentes de medios de prensa a través de los cuales el gobierno de Xi Jinping quiere mandar un mensaje al pueblo hondureño, de que su homóloga, Xiomara Castro, no se ha equivocado en preferir al gigante asiático por encima de la histórica amistad con Taiwán, ahora rota.
«China va a cumplir y va a cumplir bien», fueron las palabras de la comitiva anfitriona, encabezada por Wang Liang, subdirector general de la cancillería china para América Latina, en la recepción de bienvenida al primer grupo de comunicadores occidentales.
«Es para nosotros una oportunidad para dar a conocer nuestro país, tenemos muchas expectativas que ustedes puedan construir un puente de amistad entre nuestros pueblos y para informar al pueblo hondureño acerca de lo que es China», señaló Liang en español.
«Vemos un futuro brillante a partir de estas relaciones», agregó el diplomático, quien brindó con sus invitados y cenaron juntos «pato laqueado», el plato típico de Beijing, la capital china, conocida también como Pekín.
VIAJE MARATÓNICO
Patrocinado por el gobierno chino y gestionado por la Cancillería hondureña, el primer grupo de periodistas salió el lunes y llegó el miércoles a Beijing, a cargo del viceministro de Comunicaciones, Carlos Estrada.
El tránsito ha resultado por sí solo maratónico desde Honduras, con una escala de seis horas en Panamá, luego nueve más volando a Amsterdam, con escala de cinco horas para, finalmente, arribar -después de 9 horas más de vuelo- a Beijing.
A esto se suma un registro riguroso, incluyendo pruebas PCR anticovid-19, control sanitario y un llenado de visa hasta del último detalle, es decir, toda una “montaña” de información que todo visitante debe brindar para entrar a China. Sin contar las dificultades en el uso de las complicadas redes sociales chinas, porque las estadounidenses, comenzando por WhatsApp App, Facebook y Twitter, no operan aquí, ni la mensajería de Yahoo ni Google.
Ante eso, los periodistas y los turistas en general se han visto obligados a comprar un servicio prepago de Internet, según la estadía, con un número de celular que solo funciona si se tiene un servidor local.
Aunque no deja de dificultar la labor periodística, de algún modo, el gobierno chino justifica que son sus reglas soberanas, que, dicho sea de paso, no deja de ser una buena estrategia para captar divisas y tener a raya del «espionaje» a los gigantes tecnológicos americanos en estos tiempos de paranoia geopolítica.
UN GIGANTE MILENARIO
Con todo, no ha dejado de ser un viaje emocionante para los comunicadores, recordando en todo momento todos los adagios chinos que se dicen en Honduras. Uno de ellos, confundido por tantos datos en los formularios de registro, dijo que, «esto está en chino» y a otro le cayó un mensaje con la advertencia: «Cuidado te agachas, que así murió un chino».
La comitiva china tampoco se ha quedado atrás en sus dichos. Uno de ellos le ha recordado a un periodista, que estaba en apuros para usar los famosos palillos para comer arroz -durante la cena de bienvenida- que en su país el adagio más conocido es que «para comer hay que trabajar, así que vaya aprendiendo a usar estos palillos».
En la parte seria, los periodistas comenzaron su gira con una reseña del embajador chino en Panamá, Weiner Qiang, sobre la historia escrita de su país desde hace cinco mil años, durante los cuales siempre fueron potencia comercial, navegadores por excelencia antes que Cristóbal Colón; con inventos magníficos como la pólvora y la brújula; construcciones monumentales de la talla de La Muralla antes de Cristo y grandes pensadores, como Confucio, casi contemporáneo de Aristóteles.
En su charla magistral, el diplomático ha recordado además la sufrida historia de su pueblo con cien años de calamidades derivados de la guerra del Opio con los ingleses en 1840, hasta llegar a los años de independencia con el triunfo de la revolución de Mao Zedong en 1949 y las reformas de apertura comercial de Deng Xiaoping e 1978. (EG)