Honduras, la libertad económica y las habilidades gerenciales de la generación Z

Carlos G. Cálix

Basta con abrir una ventana electrónica para darse cuenta de lo que ocurre en Honduras. La prensa escrita, televisada y las redes sociales reflejan parte de la realidad nacional. En este sentido y haciendo una revisión histórica, ¿por qué en más de 200 años de “independencia” no hemos alcanzado la prosperidad?, ¿por qué en dos siglos no hemos logrado reducir la pobreza?, ¿por qué otros países únicamente han necesitado a penas dos décadas para ser muy prósperos?, ¿por qué? -Esta fue la introducción para la más reciente conferencia que impartí a solicitud de la JCI Honduras previo a la entrega de los Premios TOYP 2023 (Ten Outstanding Young Persons) cuyo galardón anual, hace eco de los diez jóvenes más sobresalientes de Honduras-.

Entonces, habiendo tanta gente sobresaliente, ¿por qué nuestra Honduras no ha alcanzado altos estándares de libertad económica?, ¿por qué? La respuesta a estas interrogantes las tiene Daron Acemoglu y James A. Robinson; quienes también se preguntaron “por qué fracasan los países”. Mostrando un mapa de los Estados Unidos y de México en el que se refleja Nogales, Arizona y Nogales, Sonora; estos autores exponen que ambas ciudades “tienen la misma población, cultura y situación geográfica” y se preguntan: “¿por qué una es rica y otra pobre? Respondiendo que: “la prosperidad no se debe al clima, a la geografía o a la cultura, sino a las políticas dictaminadas por las instituciones de cada país”. En esa misma línea, Douglass North en su libro “Intitutions, Institutional Change and Economic Performance”, hace un esfuerzo por integrar el análisis institucional a la ciencia y a la historia económica en un intento por mejorar nuestro entendimiento sobre el pasado.

Admito que conocía muy poco el trabajo de North hasta que un sábado de junio de 2022 recibí tres llamadas telefónicas. Era Henry Merriam, exalcalde del Distrito Central y desarrollador urbanístico quien había analizado las tesis de North. Acordamos reunirnos el miércoles de la semana siguiente. En medio de una extraordinaria conversación, se formularon diversas hipótesis sobre las instituciones y los cambios gubernamentales. Pactamos un análisis comparativo que permitiese medir el desempeño de los gobiernos. Identificamos que los cambios gubernamentales no generan diferencias significativas en el PIB, entre gobiernos democráticos y gobiernos autocráticos, durante 1963-2021. Además, que desde 1980 a 2021 el incremento en el número de instituciones fue del 517% y, que entre 2015 y 2022 la cantidad de empleados laborando para el Estado aumentó 63%.

Con ello, dimos inicio al libro “El dilema democrático. Los efectos de los cambios gubernamentales”, que en la primera semana de mayo de 2023 será presentado en Tegucigalpa. Luego de diversos hallazgos y de utilizar diversas pruebas estadísticas, coincidimos con la Fundación para el Progreso (Chile) en que, la democracia es hija de la libertad económica. Además, que ciudades como La Ceiba, si hubiesen mantenido diversas medidas que implantaron en los años veinte del siglo anterior, cien años después, tuviese indicadores similares a los de Nueva Orleans. Y que, si se hubiesen seguido los principios reformistas de 1876, Amapala hubiese emulado el desarrollo que Manhattan comenzó en 1873. Por tanto, la Honduras de hoy, estuviera entre las economías más libres en el mundo y compitiendo con Estonia, que según el Índice de Libertad Económica provisto por el Economic Freedom ocupó durante el 2020 la octava posición en el Rankin mundial.

Al respecto y para subir a las posiciones privilegiadas, además de fortalecer las instituciones, Honduras requiere prestar atención al tamaño del gobierno, al sistema legal y derechos de propiedad, al buen dinero, a la libertad para comerciar internacionalmente y a temas relacionados con las regulaciones, tal como lo sugiere el Fraser Institute. Aspectos que permitirían aumentar el PIB per cápita, partiendo de los hechos que demuestran que la mayor libertad económica está asociada con la disminución de la pobreza.

Para lograr lo anterior, la generación “Z” (nacidos a partir de 1995) es fundamental. Sus características denotan su nivel de emprendimiento, su pensamiento visual y su capacidad para aprender por ellos mismos. No cabe duda que los CEO de la generación Z serán fantásticos líderes en la gestión de personas, siendo ya el motor del crecimiento económico. Por ejemplo, según el Buró Nacional de Estadísticas de China, gracias a esta generación el PIB aumentó en 5,3% (16 billones de euros en 2021). Por otra parte, Estonia sigue en crecimiento. Basado en ello y luego de escuchar las entusiastas preguntas de los jóvenes sobresalientes de JCI Honduras, ratifico la esperanza de efectuar reformas similares a las que hizo Estonia y cambiar el curso de la historia de Honduras.

[email protected] Carlos G. Cálix es doctor en ciencias y director general de MacroDato. Posdoctorado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur IIESS-CONICET. www.carlosgcalix.com